CLUBES

ENTREVISTA

«Juan Gual nos ha engañado»

Rafael Vallespir, presidente del Club Marítimo Molinar de Levante, acusa al presidente de la la Autoridad Portuaria de haber mentido a los socios cuando les aseguró que conservarían su concesión y que se haría un proyecto de consenso. Cree que el modelo propuesto es inviable y revela que Puertos pretende que el concesionario del restaurante pague 400.000 euros al año, «lo mismo que el Nasau»
JOSÉ LUIS MIRÓ

Rafael Vallespir posa en la terraza del Club Marítimo Molinar de Levante con el aire triste de un capitán que se resiste a abandonar un barco que zozobra. Se le ve inquieto y agotado. Los últimos años en la presidencia de la entidad náutica más antigua de Baleares han sido duros. La Autoridad Portuaria comunicó el pasado 4 de marzo el inicio de las obras de reforma del puerto con carácter urgente y, subsidiariamente, el fin de la concesión del club. Apenas nadie cayó en lo segundo. A los 300 socios del Molinar (120 de ellos amarristas) sólo les queda confiar en que ninguna empresa se presente a la competencia de proyectos convocada para elegir al nuevo concesionario. «Sería nuestro fin, pero lucharemos hasta el final», asegura Vallespir.  



 


Sa Ràpita

¿Qué posibilidades de supervivencia tiene ahora mismo el Club Marítimo del Molinar de Levante?

La verdad es que pocas. Ya hemos visto lo que ha pasado con los concursos y las competencias de proyectos en otros puertos, como el Club Náutico de Ibiza, donde se han presentado un club náutico instrumental e incluso empresas mercantiles. Nuestras posibilidades económicas son muy pequeñas. Presentaremos un proyecto a la APB y llegaremos donde podamos, pero no hay ninguna garantía. Lo más importante para nosotros ahora mismo es la supervivencia de una entidad que tiene 101 años. Muchos hemos nacido en este club, no podemos entender el barrio del Molinar ni nuestra vida sin el Marítimo. Están siendo momentos muy duros. La pena es que este no haya sido el objetivo de los grupos de presión que nos han colocado al borde de este precipicio con el discurso de que había que conservar un «port petit». No les ha importado nada este club ni sus socios. 

¿Los socios están dispuestos a luchar por la entidad o sólo les preocupa su amarre?

Los socios están muy preocupados. La mayoría son vecinos del barrio. Sus abuelos, sus padres también eran socios. Hay un sentimiento. No es sólo un puerto, es una parte indivisible del barrio. Hay molineros que aprendieron a nadar en la dársena del club, ¡cuántos vecinos no salieron a navegar por primera vez desde aquí! 

Hay gente del barrio que no piensa así. Hubo muchas pancartas de la plataforma Port Petit colgadas de las fachadas...

Hay un sector minoritario pero muy ruidoso del barrio que nunca ha sido consciente de lo que de verdad estaba en juego. La cuestión principal es si se conserva un patrimonio centenario o se echa a perder. El Club Marítimo del Molinar es un símbolo. Nuestra trayectoria está impoluta. Hemos facilitado el acceso al mar a los vecinos y hemos fomentado el deporte dentro de nuestras humildes posibilidades  con unos resultados muy destacados. Hemos sido un club cantera, tenemos campeones de Baleares, campeones nacionales… 

¿Cree que si cae el Molinar, caerán otros clubes sin ánimo de lucro?

Estoy convencido de ello. Se abrirá la veda. Desde el principio digo que lo que ha pasado aquí es un experimento para que los clubes náuticos pasasen a ser de gestión pública. No olvide que, una vez que retiramos nuestro proyecto de ampliación a instancias de la Autoridad Portuaria de Baleares, su presidente se reunió con nuestros socios y les dijo que sus amarres pasarían a ser de gestión directa, es decir, sin el club. Esto lo dijo el señor Juan Gual en una asamblea a la que fue invitado, como si la cuestión se limitara a los amarres y no hubiera detrás un patrimonio de 100 años. Evidentemente sabemos que los puertos son públicos y que nosotros somos sólo arrendatarios de su explotación, pero si todos los puertos fuesen de gestión directa no habría clubes y, por tanto, no habría deporte náutico. Así de simple. Gual ha querido cambiar un modelo centenario sin valorar sus consecuencias ni tener en cuenta, insisto, la cuestión patrimonial, que es la gran olvidada en este asunto. Nosotros somos una entidad sin ánimo de lucro y podemos demostrar que lo poco que tenemos lo hemos invertido en tratar de sostener la instalación y en fomentar el deporte y la cultura del mar. Los socios se han implicado incluso en labores de mantenimiento. Si había que pintar, se convocaba una «diada» y todo el mundo venía a ayudar. Así es el Marítimo del Molinar.

¿Qué ha pasado para que un club tan humilde y antiguo esté a punto de desaparecer y a todos los defensores habituales del patrimonio, la tradición y el medio ambiente no les importe lo más mínimo? ¿Fue un error su proyecto de ampliación?

El primer proyecto fue un error, era demasiado ambicioso. Pero debo decir que era la Ley la que nos imponía realizar una inversión relevante para conservar la concesión y eso nos obligaba a crecer. Si este puerto estuviera bajo la jurisdicción del Govern balear y no de la Autoridad Portuaria, estaría renovado por 35 años, como ocurre con nuestros vecinos de Cala Gamba y Can Pastilla.  El segundo proyecto era mucho más pequeño, pero la batalla mediática y de la opinión pública ya estaba perdida. Se dijeron barbaridades, como que íbamos a tener barcos de 30 metros y que el Molinar sería el nuevo Puerto Portals. Esas noticias salían a toda página, pero cuando nosotros las desmentíamos, no nos hacían caso o nos ponían en un rincón en una mínima reseña. No lo supimos vender, eso está claro, pero es que no somos vendedores, somos gente sencilla que actuó de buena fe, nunca pensamos que la política se impondría a las razones técnicas.

¿A qué se refiere?

Pues a que los técnicos de la APB apoyaron un proyecto y ahora apoyan otro. Hablo de la misma gente. La propia institución portuaria dio el visto bueno a la ampliación que proponíamos, la cual, que no lo olvide nadie, pasó todos los trámites administrativos, incluido una exigente Declaración de Impacto Ambiental.  Todo esto quedó en papel mojado con el cambio de gobierno y la llegada de Juan Gual. Ahora la APB hará un dique sumergido de 57 metros sin evaluación ambiental  pero nadie dice nada. Y cuando digo nadie es nadie: ni el GOB ni Terraferida ni la prensa general… Es alucinante. La sensación de injusticia es enorme.

Pero el proyecto lo retiraron ustedes 

Así es, aunque ahora el Ayuntamiento diga que fueron ellos. 

¿Por qué lo hicieron?

Teníamos dos opciones: mantener el proyecto y pleitear o fiarnos de lo que nos dijo Juan Gual.

¿Qué les dijo?

Que retiráramos el proyecto e iríamos a un consenso. Nosotros aceptamos. Somos gente del barrio, estábamos cansados de conflicto y de ser el punto de atención. Sólo queremos conservar nuestro club. 

¿No ha habido consenso?

¿Qué consenso? No han tenido en cuenta a la asociación Es Born de Es Molinar. A nosotros nos han impuesto un proyecto consistente en que la APB, con dinero público, hace la obra que le parece (que pensamos que no resuelve nada) y luego nos deja presentarnos a un concurso que, como he dicho al principio, no garantiza nuestra continuidad. Nos sentimos engañados.

¿Por quién?

Por Juan Gual, por la APB, por el Ayuntamiento… Por todo el mundo. 

El 16 de marzo terminó su concesión y tienen que irse, después de 100 años. Sólo dos meses antes de unas elecciones.

Es una medida claramente electoralista. Fíjese que lo que vende la APB, y todo el mundo se lo compra, es que van a empezar las obras «de mejora» del Molinar. Pero eso no es exactamente así. Lo que aquí está pasando, y a nadie le importa, es que la APB desahucia al club más antiguo de Baleares.  No se entienden las prisas, salvo que se haga una lectura política.  Se va a cambiar la fisonomía de la fachada marítima sin el consenso de los vecinos, van a tocar la calle y ni siquiera se ha hecho un plan de movilidad; no hay evaluación ambiental para el dique exento… Y aún más: el modelo que se propone, como hemos alegado por escrito, no es sostenible económicamente. Nos dicen que el restaurante puede pagar una renta anual de 400.000 euros porque es lo que paga el Nasau, que es un beach club donde las consumiciones están a precio de oro. ¿Ese es el modelo que propone Gual para el Molinar? ¿Eso es lo que quiere la plataforma Port Petit? Que alguien me explique cómo se puede hablar de puerto social con esta propuesta. Sabemos que la gente de la plataforma va diciendo que hay empezar la obra para que el proyecto, que es el suyo, quede atado y no se pueda modificar si hay un cambio de gobierno en mayo.

La APB facilitará un pantalán para sus amarristas en Es Portitxol mientras dura la obra.

Sí, en un muelle flotante. Muchos de ellos nos han transmitido que temen no volver. Les da miedo irse. Lógico, estamos en un limbo.

En sus alegaciones dicen que el famoso dique exento no solucionará la agitación dentro del puerto. 

El propio proyecto constructivo señala que se mejorará en diez centímetros esa agitación. ¡10 centímetros! ¿Usted ha visto lo que pasa en este puerto cuando hay temporal del sur? El ingeniero que lo firma sólo se compromete a no empeorar la situación. ¿Una obra millonaria hecha con dinero público  y la expectativa es que no empeore? Nuestros técnicos nos dicen que el dique sumergido puede hacer que aumenten los sedimentos y se cree una nueva playa por un fenómeno que se llama defracción. Yo de eso no entiendo, pero si tenemos en cuenta que tenemos un emisario submarino de aguas residuales a cada lado de la bocana, imagínese qué tipo de playa se podría formar.

Con estas previsiones no parece muy probable que nadie, salvo el club, quiera competir por este puerto.  

Depende del modelo. A mí no me extrañaría nada que una de esas sociedades pantalla que han aparecido por otros puertos de la APB decidiera presentarse al Molinar para montar ese restaurante de 400.000 euros al año enfocado a un cliente de alto poder adquisitivo. Aquí no se está haciendo un puerto, sino una actuación de embellecimiento urbanístico. Y ya tenemos el antecedente de Mahón, donde logró desalojar al Club Marítimo una sociedad que prometió equipos deportivos y fomento de la actividad náutica y no ha hecho nada. Me da gracia que uno de los grandes argumentos del proyecto es que se exigirá una escuela de vela. ¿Y la nuestra? ¿Y nuestros equipos de regatas? ¡Pero si llevamos décadas haciendo esa labor!