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Los 100.000 pescadores recreativos de Mallorca unen sus fuerzas en una nueva asociación

La Associació Pescadors Illes Balears (APIB) afirma que su actividad tiene cinco veces más impacto que la comercial a pesar de que extrae sólo el 10% del pescado del archipiélago
JOSÉ LUIS MIRÓ

La ampliación sin consenso del Parque Nacional Marítimo Terrestre de Cabrera, que supone la prohibición de facto de la pesca recreativa en una extensa área del sur de Mallorca, ha sido el detonante para la creación de una nueva entidad llamada Associació Pescadors Illes Balears (APIB), que pretende reunir a todo el sector vinculado a esta actividad tradicional, desde los propios pescadores y sus clubes hasta el pequeño comercio, pasando por los navegantes de recreo, los clubes náuticos y las marinas.


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APIB presentó ayer sus estatutos en una asamblea celebrada en el Club Nàutic S’Arenal a la que asistieron medio centenar de representantes de la pesca recreativa en Baleares. Su presidente, Antonio Cayuela Martínez, explicó que la pesca de recreo en Baleares ha sido hasta la fecha un sector muy atomizado a pesar de su relevancia social y económica, y apuntó que algunas de las últimas decisiones adoptadas por los poderes públicos, claramente perjudiciales para los pescadores aficionados, han propiciado la unión en torno a una asociación que se declara “independiente y apolítica” y que defenderá el derecho de sus miembros a pescar de una manera sostenible.



Cayuela cifró en 100.000 personas, aproximadamente un 10% de la población de Baleares, la masa crítica a la que se dirige la nueva asociación y se marcó un objetivo inmediato: “Somos un colectivo muy grande que ha estado marginado y queremos que se nos respete y se nos tenga en cuenta a la hora de legislar, para que no vuelvan a ocurrir cosas como la de la ampliación del Parque de Cabrera, donde nuestra opinión y nuestras reivindicaciones han sido ignoradas”.



El presidente del Club Nàutic S’Estanyol, Vicente Monerris, uno de los impulsores de la nueva asociación y miembro de su junta directiva, admitió que el caso de Cabrera ha sido “la gota que ha colmado el vaso” de la paciencia de los pescadores recreativos y los ha movido, tras muchos años de dispersión,  a “unir fuerzas”.



“Nosotros –añadió Monerris– estamos de acuerdo en que se deben proteger algunas zonas, como el Fort den Moreu, y hasta llegamos a presentar nuestra propia propuesta a este respecto, pero nos encontramos con que el Govern propuso un parque de 100.000 hectáreas que llega hasta los 2.000 metros de profundidad, donde los pescadores de recreo no hacemos ningún daño pescando en superficie. Lo llamativo es que se permite a los barcos profesionales faenar en estas aguas mientras a los recreativos se nos saca fuera”.



Monerris consideró fundamental que la APIB establezca vínculos con otras asociaciones “fuertes” del sector náutico, como la Asociación de Clubes Náuticos de Baleares (ACNB) o la Asociación de Navegantes (ADN), a fin de crear un “frente común” que evite el ninguneo de un sector que, según los promotores de la asociación, tiene un impacto de 57 millones de euros anuales (en torno al 1% de la economía mallorquina), cinco veces superior al de la pesca comercial.



El biólogo Pep Alós, miembro de la directiva surgida de la primera asamblea de APIB, recordó que, pese al mayor número de pescadores recreativos, “esta actividad extrae el 10% de las capturas totales y es, por tanto, más eficiente (kilo de pescado por euro generado) y más sostenible que la pesca comercial”.