GN 2002-2017 15 ANIVERSARIO

LA EVOLUCIÓN DEL CRUCERO

Del IMS a los multicascos, una apuesta por la velocidad

Una travesía de 15 años por la vela de crucero da para mucho. Este periódico ha dado su espacio tanto a deportistas estrella como a regatistas aficionados, a regatas con barcos de cinco metros y a competiciones de grandes esloras. Hemos vivido una evolución que nos ha traído multicascos y embarcaciones con foils, más rápidas y espectaculares, pero seguimos escuchando a las personas que salen casi cada fin de semana a hacer unos bordos en la Bahía de Palma por pura afición. Es nuestra gente.
JULIO GONZÁLEZ

CUANDO se editó el primer número de Gaceta Náutica, en julio de 2002, la vela de crucero en España vivía un gran momento deportivo, nacían nuevas regatas, cada temporada se estrenaban equipos y embarcaciones y numerosas marcas comerciales apostaban por patrocinar un equipo de vela que ligase su imagen a un deporte en auge. Las regatas en nuestro país se llevaban a cabo bajo el sistema IMS (International Measurement System) y se pudo generar un circuito con competiciones relevantes en Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Andalucía, Islas Canarias, Galicia o Cantabria.



Pese a todo, este modelo llevaba un tiempo mostrando síntomas de agotamiento porque los diseñadores de barcos se afanaban en encontrar las grietas de la norma IMS para obtener ventaja y muchos proyectos deportivos fracasaban nada más poner el barco en el agua, mientras que otros parecían invencibles. La sustitución en nuestro país del IMS por el RN (Rating Nacional) no mejoró la situación porque limitó el carácter internacional de algunas regatas y porque la apuesta acabó con una guerra entre la Real Asociación Nacional de Cruceros (RANC) y la Real Federación Española de Vela (RFEV) que desembocó en la generalización del sistema ORC, ahora vigente en la mayoría de competiciones.



Por lo que a mí respecta, reconozco que inicié mi aventura en este periódico sin apenas más conocimientos sobre este deporte que unos cursillos de vela, que como tantos otros niños mallorquines realicé en el Náutico de Cala Gamba. De esta forma, las regatas de crucero me resultaban difíciles de comprender y, más todavía, explicárselas a los lectores, así que intenté narrar las competiciones dirigiéndome a un público que tampoco tuviera mucha idea de vela. Traté de poner en boca de los protagonistas toda la parte técnica y táctica, que este deporte tiene mucha, y creo que fue positivo porque las crónicas resultaron más enriquecedoras y me permitieron tapar mis carencias, que al principio eran muchas.



Esta complejidad no solo generaba frustración en mí, muchos armadores y deportistas tenían la misma opinión, recogida en numerosas entrevistas publicadas por este medio, lo que llevó a que cada vez se hiciera una mayor apuesta por las regatas en tiempo real. Aparecieron nuevas clases y barcos, unas destinadas a regatistas profesionales y proyectos con fuerte inversión como el TP52 o el GP42, y otras más modestas como el Platú 25 o el J80, pero que aportaban un punto extra de competitividad y dinamismo.



FORMATO ‘OPEN’



En ese punto, la institución que mejor supo anticipar el futuro de la vela de crucero en España fue el Real Club Náutico de Palma. Primero con la creación de la PalmaVela, una regata por la que apostamos desde un primer  momento en las páginas de Gaceta Náutica, cuando nadie daba un duro por ella, y después con la transformación de la Copa del Rey a un formato «open» que le permitió mantener la participación y el interés en un deporte que ha sufrido como pocos los efectos de la crisis económica.



Echando la vista atrás, parece evidente que resultó un acierto. En el aspecto deportivo, es respetable que haya a quien no le guste esta atomización y que añoren los tiempos en los que en la Copa del Rey solo había un ganador, o dos como mucho, pero hay que reconocer que esta competición está hoy en día más fuerte que nunca y que ha sabido mezclar con éxito a clases como los maxis o los Swan con otras innovadoras como los catamaranes voladores GC32, a la vez que junta a deportistas profesionales de élite con tripulaciones amateurs para mantenerse en la vanguardia de la vela. En contraste, en el resto de España vemos que algunas regatas que fueron importantes han desaparecido (ahí está el caso de la llamada «triple corona» de Barcelona) mientras que el resto ha menguado en pruebas para flota local de crucero.



La creación de Gaceta Náutica coincidió en el tiempo con el nacimiento en el Club Marítimo de Mahón de la Copa del Rey Panerai. Desde el inicio se pudo comprobar que era una regata con gran atractivo pero no podíamos imaginar que, con los años, se iba a convertir en la regata más importante de España para embarcaciones clásicas y todo un referente a nivel mundial para este tipo de competiciones. Por el camino se nos quedó la Regata Almirante Conde de  Barcelona, víctima, tal y como destapó esta cabecera, de la mala gestión y de la falta de escrúpulos de algunos de sus responsables. Afortunadamente, la Illes Balears Classics del Club de Mar ha crecido en los últimos años y ha llenado ese hueco, además de permitirnos ver navegar a las cuatro embarcaciones supervivientes de la clase FI, entre ellas el Hispania de Alfonso XIII, en aguas de la Bahía de Palma. La unión del deporte con el respeto por la historia no solo se ha podido vivir con las pruebas de clásicos ya que en Mallorca se ha sabido mantener viva la vela latina gracias, sobre todo, al empeño del Club Náutico de Cala Gamba, una entidad que puede estar orgullosa de mantener encendida la llama de nuestro patrimonio.



En nuestras páginas, y después con nuestra web y redes sociales, hemos querido estar siempre cerca de las regatas, en las que clubes náuticos y los deportistas son los pilares fundamentales. Hemos dado cuenta de vueltas a Mallorca, con escalas y sin ellas; de ligas interclubes, de sabatinas, de competiciones para monotipos o para superyates, de pruebas de altura, travesías costeras o regatas barlovento/sotavento. Hemos visto nacer nuevos eventos y desaparecer otros,  pero en todo este tiempo siempre hemos tenido claro que si la afición al mar se mantenía firme era gracias al trabajo desinteresado de los clubes organizadores, entidades sin ánimo de lucro que ponen en estas competiciones parte de sus recursos económicos y la enorme labor de socios y trabajadores.



De forma paralela, en los primeros años de nuestra publicación pudimos dar cuenta  del auge de las grandes regatas a nivel mundial en nuestro país. La historia se inició en 2003 cuando el suizo Ernesto Bertarelli formó el equipo Alinghi que, representando a la Sociedad Náutica de Ginebra, arrebató a Nueva Zelanda la Copa América. Los helvéticos tenían que defender el título y obligatoriamente tenía que ser en un lugar con mar, así que eligieron Valencia, tras descartar Mallorca, para la edición que se disputó en 2007. España estuvo representada por un equipo patrocinado por Iberdrola y estuvo a punto de fraguarse un segundo desafío, el Ayre, que fue un fracaso anunciado en esta publicación y que, en cierta forma, contribuyó a destapar el famoso «caso Noos». La siguiente edición, que volvió a tener a Valencia como escenario en 2010, resultó un despropósito. El equipo Oracle y el Alinghi se enzarzaron en una disputa que acabó en los tribunales. La RFEV, que actuó como «primer desafiante», jugó un triste papel y, tras la victoria del equipo norteamericano, la Copa puso rumbo a San Francisco. A partir de ahí, la Copa América fue perdiendo interés, mediático y de público, en nuestro país. Los cambios de formato, de embarcaciones y la ausencia de un equipo español han ido rebajando la popularidad de esta regata en los últimos años.



Un camino opuesto es el que han tomado las regatas oceánicas que, admito, son mi debilidad. Los periodistas de Gaceta seguimos con mucha pasión, en parte por amistad y por la admiración que suponía el embarcarse en esa aventura, la participación de Bubi Sansó en la Vendée Globe a bordo del Old Spice y la Mini Transat de Hugo Ramón, Juan Carlos Sanchís o Nacho Postigo. Tras esa espoleta llegó la Volvo Ocean Race, donde personajes con mayúsculas de la vela como Pepe Ribes, Jordi Vila, Chuny Bermúdez o Jordi Calafat nos contaron su vuelta al Mundo. El nacimiento de la Barcelona World Race nos hizo soñar con que la clase IMOCA no era solo terreno exclusivo de los regatistas franceses y el segundo intento fallido de Bubi en la Vendée nos dejó una espina clavada que nos hemos podido sacar este mismo año al poder narrar el éxito del catalán Didac Costa. En estos primeros 15 años de vida de Gaceta Náutica han pasado por nuestras páginas muchos grandes regatistas, verdaderos protagonistas de este precioso deporte. A todos ellos quiero darles las gracias, pues siempre tuvieron tiempo y paciencia para atender a este humilde medio y a un periodista novato que ha crecido con ellos.



--



Julio González es coordinador de los contenidos deportivos de Gaceta Náutica.