CRUCERO

TRAVESÍA

Este mallorquín se va el domingo a dar la vuelta al mundo en solitario

Manuel Forteza-Rey tiene 44 años, mujer y dos hijos. Busca cumplir un sueño inspirado en las gestas de los grandes navegantes clásicos. Su barco en un Gib’Sea 352 del año 89. “Hago esto para disfrutar; si se convierte en una pesadilla, lo dejo”.
JOSÉ LUIS MIRÓ

Una noche de octubre de 2016, Manuel Forteza-Rey estaba cenando con su mujer cuando ella le preguntó qué sueño le quedaba por cumplir. Él le respondió que tenía uno, sin precisar cuál, pero que ya lo había desechado por ser imposible de realizar  a su edad, casado y con dos hijos, de 4 y 7 años. La mujer le dijo que nada en esta vida es imposible, que los sueños están hechos para hacerse realidad y que, además, el no renunciar a ellos es un ejemplo para los hijos. “Mi sueño desde que tengo 20 años es dar la vuelta al mundo a vela en solitario”, reveló Manuel. No sabemos si su esposa se arrepintió al instante de haber pronunciado aquellas palabras, pero el caso es que el próximo domingo, a las 12.00 horas, Manuel zarpará del Real Club Náutico de Palma con la intención de recorrer las 23.900 millas náuticas que separan Palma de Palma tras haber circunnavegado el planeta.



Manuel, de 44 años, arquitecto con despacho propio y experiencia de navegación costera desde que empezó de joven a acompañar a su padre a bordo del Gib’Sea 352 del año 89 con el que ahora se lanza a la aventura de dar la vuelta al mundo, deja claro que parte en busca de un sueño y que si éste, en cualquier parte del globo, se transforma en pesadilla, lo deja. “Estoy tranquilo porque mi reto es disfrutar de la travesía. Para mí la mar es sinónimo de libertad, de tranquilidad y de paz”, asegura Manuel con aparente aplomo en la diminuta 'bañera' de la embarcación Troubadix  -diez metros y medio metros de eslora, algo más de tres de manga- que, si todo sale según ha previsto, será su casa durante los próximos ocho meses



No ha sido fácil enterarse del desafío de Manuel, pese a que, de conseguir su objetivo, se convertiría en uno de los pocos mallorquines que han dado la vuelta al mundo a vela,  junto Xisco Estarellas (alias Capitán Tormenta), Guillem Martí, la tripulación de Sinto Bestard en el Snooty Fox, Antoni Nicolau y, por supuesto, los regatistas oceánicos Javier Sansó, Jordi Calafat y Hugo Ramón.   “No he hecho mucho ruido porque esto es algo personal y no quiero que se sientan implicadas más personas de las necesarias, llevo bastante tiempo poniendo el barco a punto, estoy mentalizado y ahora sólo tengo ganas de zarpar y de encontrarme en alta mar”.



Con todo, la travesía cuenta con el apoyo del club de navegación Fanautic, que ofrecerá cobertura técnica en los puertos españoles de recalada y permitirá el seguimiento vía satélite de la vuelta al mundo a través de su página web. El Troubadix mantendrá comunicación permanente con tierra gracias la tecnología satelital Iridium. Valentín Pérez, técnico de la empresa Boat Security, que realiza las últimas comprobaciones a bordo en el momento de esta entrevista, explica que Manuel podrá mandar y recibir mensajes de texto en todo momento y que dispondrá de una red wifi 4G cuando navegue dentro de las 12 millas de cualquier costa del mundo.



La idea de dar la vuelta al mundo empezó a rondar la cabeza del patrón mallorquín cuando tenía 18 años. “Yo navegaba bastante, me inicié en las regatas de vela ligera en Optimist y aún lo hago a menudo en un 420. Mi padre empezó a traer unos vídeos a casa sobre las aventuras de grandes navegantes oceánicos y entonces pensé que algún día me gustaría seguir sus pasos. La verdad es que lo había descartado casi por completo, pero aquí estoy ahora, a dos días de zarpar”, señala Manuel, cuya mayor experiencia en solitario son dos travesías de ida y vuelta desde Mallorca hasta Cerdeña “sin tocar tierra” en el barco con el que pretende dar la vuelta al mundo.



Su plan de ruta, sujeto a modificaciones, le llevará a Málaga y Las Palmas antes de cruzar el Atlántico rumbo a Martinica. “Si puedo, evitaré pasar por Cabo Verde. Mi intención no es parar mucho tiempo en tierra”. Su siguiente recalada será en Barranquilla (Colombia), donde tramitará los papeles para cruzar el canal de Panama, desde  cuya desembocadura pondrá proa a las Galápagos.



Las islas Marquesas, Fiji y Vanuatu, en el Pacífico, serán sus escalas antes de dirigirse al Estrecho de Torres. De allí se dirigirá al Mar Rojo a través del Océano Índico, con posibles paradas en las islas Navidad, Coco y Maldivas, destino en el que espera recibir la única visita de su mujer e hijos.  Llegado a este punto, habiendo cubierto unas tres cuartas partes de la vuelta al mundo, Manuel deberá tomar una decisión crucial: regresar al Mediterráneo por el Mar Rojo o doblar el Cabo de Buena Esperanza y remontar el Atlántico de Sur a Norte. “Dependerá de cómo esté la situación de la piratería; lo ideal –admite– sería regresar al Mediterráneo por el Canal de Suez”.



El patrón del Troubadix se llevará unos cuantos libros para leer y un ordenador portátil con el que, además de mantener el contacto con su mujer e hijos, terminará algunos trabajos que tiene pendientes, además de dos sistemas integrados de navegación con cartas electónicas, un tercer GPS de respeto y un sextante. No le preocupan los largos periodos de monotonía, que pueden prolongarse por espacio de 30 días: “No soy en absoluto una persona asocial, pero sé disfrutar de la soledad. Intentaré pescar todo lo que pueda y mantener en todo momento el barco a son de mar. Siempre hay algo que hacer a bordo”.