GASTRONOMÍA

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Caldentey busca el taquillazo con Taronja Negre

Los grandes cocineros buscan al gran público. Tomeu Caldentey lo explica con un símil. «El restaurante Bou es como asistir a la ópera. Normalmente lo haces una vez al año. Taronja Negre es ir al cine una vez a la semana», dice.
MIGUEL MANSO

Si seguimos con la metáfora de las artes escénicas, Caldentey (Sant Llorenç des Cardassar, 1972) encarna el papel de director. A este cocinero se le conoce por su doble vertiente. En los fogones se convirtió en el primer mallorquín en alzarse con una estrella Michelín, el Oscar de las cazuelas. Ante las cámaras de IB3 ha alcanzado una notable popularidad gracias a su programa ‘Això es mel’.

Hoy vamos al cine. Sesión de mediodía en Taronja Negre, el restaurante del Club de Mar. Invita la casa. A diferencia de otros críticos del yantar, en Gastromanso explicamos el contexto. El precio del menú ‘Degusta’ es de 25 euros, IVA y bebidas aparte. No esperen encontrar todos los días a Tomeu Caldentey en Taronja Negre. Su impronta sí, pero quien lleva habitualmente las riendas de la cocina es un hombre de su confianza, Andrés Benítez. Caldentey y su equipo insisten en remarcar esta circunstancia, ahora que los cocineros se han convertido en las nuevas estrellas del ‘rock’ y hay foodies que les persiguen como groupies.

La película arranca con fuerza gracias a su fotografía. Cuando la trama se desarrolla en un lugar como la terraza del Club de Mar, tienes al público en el bolsillo. Mar, catedral, luz, brisa… Ya saben, los ingredientes del mejor cine costero. Fidel, el maître, un tipo agradable y muy profesional se convierte, sin estridencias, en la voz en off. Al principio desconcierta el pequeño cuenco de patatillas con una pizca de pimentón picante que da la bienvenida al comensal. Vamos al cine pero no queremos un telefilme dominguero, pienso. El caso es que las patatillas con pimentón tienen su aquel, y me guardo la idea para cuando vengan los amigos a casa.

La desorientación provocada por las patatillas dura muy poco. Una camarera empuja un carro de bebidas y me da a elegir entre varios vinos. Elijo una copa de albariño Granbazán. Quizá esta sea una de las señas de identidad de Caldentey, el aspecto lúdico de sus restaurantes. Además del sabor, intenta que la estancia sea entretenida. Al carro de las bebidas le sigue otro con quesos y embutidos artesanos. Me sorprende el de cabra curado en vino elaborado en Menorca y uno suave de búfala. No doy tregua a la mahonesa liviana de naranja y puré de aceituna negra. Unto y unto el pan de aceite hasta que me tienen que reponer los chuscos por dos veces.

A continuación empieza el nudo de la película distribuido en cinco actos. Por la pantalla transitan langostinos marinados en ají amarillo, un mejillón con curry verde y momentos de humor muy bien resueltos con la Pizzaïmada. Este híbrido de ensaimada y componentes de la pizza nació en ‘Això es mel’ y, la verdad, quién diría que el pesto casa tan bien con el dulce. Una mención aparte se merecen los buñuelos de bacalao de cuyo interior brota una salsa de algas. Y la lechona con zanahoria escabechada. La lechona, cocinada a baja temperatura, se sirve sin huesos en una porción rectangular. Nos quedamos con este remake mucho más jugoso que la versión mallorquina tradicional.

La película ha mantenido el ritmo durante hora y media. Y me hubiera quedado un rato más de no ser por Tomeu Caldentey, que esperaba en el Lounge del Club de Mar, frente a la piscina. Allí hablamos del making-of de la película. «No esperes un lugar supergastronómico. Lo que sí mantenemos es nuestro concepto de calidad a un precio más asequible», explica Caldentey sobre Taronja Negre Mar. Cierto. Calidad y precio se corresponden. Un taquillazo para el gran público.