OPINION

NÁUTICA

El rotundo éxito de la náutica de recreo francesa

Un millón y medio de personas han visitado el puerto de salida. Trescientos colegios han llevado a sus chavales para explicarles la hazaña de quienes participan, e influir en una educación basada en el coraje y la superación de uno mismo como base para su desarrollo en una vida que, con toda seguridad, no será fácil.
PIPE SARMIENTO

Treinta mil universitarios y mil quinientos periodistas de todo el mundo han pedido acreditaciones, incluido un numeroso grupo de japoneses que nos han deleitado con sus amables inclinaciones de cabeza, lanzando al mundo las merecidas grandezas de la náutica para el recreo gala. 



La poderosa multinacional Beneteau ha patrocinado parte del evento, poniendo a su disposición barcos de motor nuevos para ayudar a la organización, pues sus más de 30.000 empleados de Francia forman parte de esa perfecta estructura de éxito social, comercial y mediático en la que se ha convertido la Vendèe Globe, y por ende para la potentísima industria gala de la náutica, que da trabajo de forma directa e indirecta a millones de ciudadanos.



Desde atrás, invisible, triste, ensimismado, apoyado en el pantalán de las estrellas de la mar, en el que dejan las huellas de sus manos en bronce aquellos que ganan la regata,  recordaba a la desfasada, ingrata y maltratadora España que mata a sus héroes, al tiempo que, con el rabillo del ojo, observaba a nuestro bombero, Didac Costa, humilde y discreto, empeñado todavía en juntar el último puñado de euros para poder al menos comunicarse y acceder a la meteorología. 



Sin embargo nada de esto se hubiera podido realizar sin la total implicación de los políticos regionales y estatales de Francia, la mayor parte de ellos navegantes también de fin de semana, que comprenden la dimensión del evento y ponen lo que está de su parte para que culmine con éxito, pues de él se derivan fantásticas consecuencias prácticas de toda índole: empleo, consumo, nuevas tecnologías, investigación y desarrollo, cultura, ventas, y bienestar a fin de cuentas para gran parte de sus administrados.



Ya casi de noche, de nuevo en el pantalán de los héroes de la más dura prueba deportiva de la tierra, me enrabieto, me inunda una pena convertida casi en un lamento, pues me siento responsable de llevar 45 años hablando de náutica para el recreo y no haber logrado nada; ni siquiera algo tan elemental como que las próximas generaciones tengan garantizado el acceso a esta preciosa actividad, que en nuestro país cada día está peor regulada, maltratada y abandonada en manos de “mercachifles” varios.



Por ello, el viaje de regreso en coche hasta Mallorca se me hace largo y tedioso, pues, al llegar a casa, deberé enfrentarme de nuevo al agua contaminada de la mar, a las boyas de fondeo como excusa medioambiental, a los precios disparados, a la rendición al extranjero que paga cualquier cosa, y a la absoluta falta de criterio en todo lo relacionado con nuestra actividad por parte de quienes pagamos para que allanen el camino. Por eso, para los españoles la Vendèe Globe todavía queda muy, muy lejos.