OPINION

OPINIÓN

Claro que los clubs tienen clientes

La actividad comercial es la que, en diferente proporción dependiendo del club, contribuye a hacer sostenible un modelo de éxito que permite promover el deporte al máximo nivel
JOSÉ LUIS MIRÓ

La naturaleza de los clubs náuticos viene perfectamente explicada en sus estatutos. No es necesario, por tanto, que nadie nos diga a los que ya llevamos unos cuantos años pateando sus pantalanes qué son y a qué han de dedicarse. Y de menor recibo resulta, salvo que uno decida tomárselo como un chiste, que esas explicaciones procedan precisamente de personas cuyo confesado objetivo es cargarse los clubs, tal es el caso del histórico líder del lobby cruceril de Mallorca, empeñado en que las concesiones de las entidades sin ánimo de lucro que inventaron lo que hoy conocemos como náutica de recreo salgan a concurso para que su lugar sea ocupado por empresas cuya primera acción sería –no les quepa la menor duda– clausurar las escuelas de vela y mandar a los chavales de los equipos de regatas a sus casas. 



A la tradicional estrategia de acoso y derribo de los clubs se ha sumado ahora una cantinela según la cual éstos no pueden tener «actividad comercial». El club de Es Portitxol ha tenido que echar de sus pantalanes a unos cuantos barcos de charter tras ser advertido por la Autoridad Portuaria de Baleares. El argumento –repetido hasta la saciedad– es que los clubs «tienen socios y, por tanto, no pueden tener clientes». Un eslogan que puede colar en una asamblea de Podemos y en los ambientes de secano típicos de las instituciones públicas, donde el mar cae siempre muy lejos, pero que no nos tragamos en la ribera. Tanto es así que la mayoría de títulos concesionales de puertos deportivos de Baleares (clubs incluidos) contemplan la obligatoriedad de destinar un porcentaje no menor del 20% a amarres de tránsito (o sea, a «clientes»). Esto tiene una explicación muy simple: si no existieran estas plazas, no sería posible la navegación entre puertos porque todos los amarres serían de base y estarían ocupados.



Pero dejemos a Perogruyo y vayamos a lo importante. No sólo no es que los clubs no deban tener «clientes», sino que éstos son necesarios para su supervivencia como entidades sociales populares y, fundamentalmente, para que deportes como la vela y el piragüismo sigan existiendo. 



La actividad comercial es la que, en diferente proporción dependiendo del club, contribuye a hacer sostenible un modelo de éxito que permite promover el deporte al máximo nivel (dejen que me ahorre citar los espectaculares logros de la vela y el piragüismo balear de los últimos años) sin subvenciones públicas directas. Por no hablar de las cuotas populares que se pagan en la mayoría de los clubs gracias a que hay «clientes». ¿Estarían dispuestos los socios a asumir la diferencia si desaparecieran estos clientes, como parece que pretende ahora la APB? ¿Significa eso que los clubs no pueden tener varaderos para sus socios, bares, restaurantes e incluso comercios náuticos? ¿A qué se refiere exactamente el organismo portuario cuando habla de «actividad comercial»? Y lo más importante: ¿A qué viene este repentino celo con (o contra) los clubs? En cuanto tenga la respuesta, la publico, porque de momento no consigo entenderlo.