OPINION

 

Camino a Tokio con Barcelona como referente

Desde Moscú 80, España ha conseguido medalla de oro en vela en ocho Juegos Olímpicos
Luis Pomar

El veinticinco aniversario de Barcelona 92 ha traído muy buenos recuerdos al mundo de la vela. Fueron los juegos de las cinco medallas: cuatro oros (Finn, Flying Dutchman, 470 M y 470 F) y una plata (Europa F). Pero nuestro idilio con los metales olímpicos empezó mucho antes. Santiago Amat fue el primer español en subirse al podio en la modalidad de vela. Lo hizo en Los Ángeles 1932 con el bronce en la clase Snowbird. En Montreal 1976, Antonio Gorosotegui y Pedro Millet se colgaron la plata en 470. Y el ansiado oro llegó justo después. Jan Abascal y Miguel Noguel, a bordo de un Flying Dutchman, alcanzaron la gloria olímpica en Moscú 1980. Este hito marcó un punto de inflexión en nuestro deporte. El oro se convirtió en una realidad. Y España se aseguró un lugar en la historia junto al metal amarillo en Los Ángeles 84, Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96, Atenas 2004, Pekín 2008 y Londres 2012. Fallamos en Sídney 2000 y Río 2016.



Barcelona 92 fue una fiesta para el deporte español. Nuestros representantes se crecieron ante el público local y consiguieron registros que hasta la fecha parecían imposibles. José María Van der Ploeg nos hizo vibrar en la clase Finn logrando el oro. Luis Doreste demostró seguir en forma y consiguió su segunda medalla dorada. En Los Ángeles 84 ganó los Juegos junto a Roberto Molina en 470 y en Barcelona 92 lo hizo en la clase Flying Dutchman con Domingo Manrique de tripulante. Es más, en 470 fuimos los reyes de Barcelona con los oros de Francisco Sánchez Luna y Jordi Calafat, y Theresa Zabell  y Patricia Guerra. Zabell repitió gesta en el 96 con Begoña Via-Dufresne, cuya hermana se alzó con la plata de la clase Europa en Barcelona.



Jugar en casa es un aliciente. Así ha quedado demostrado a lo largo de la historia. Los países organizadores de unos Juegos Olímpicos se vuelcan en la preparación de sus deportistas con ayudas de toda índole. Y eso se nota. Pero, al fin y al cabo, la vela es un deporte en el que juegan un sinfín de factores. La preparación es clave, pero ella no depende solo de ayudas o empujones.



Este año hemos iniciado un nuevo camino, el que nos llevará a Tokio. La temporada post-olímpica está dando sus últimos coletazos y las sensaciones, en líneas generales, son más que positivas. Repetir las cinco medallas de Barcelona no será fácil. Ni en Tokio ni en Juegos venideros, pero es el objetivo a batir.