REPORTAJES

DONES DEL VENT

«Navegar es una terapia que debería practicar todo el mundo»

Helena Alegre Arán es patrona de embarcación en el Servicio de Recursos Marinos de la Conselleria de Agricultura y Pesca y una de las regatistas más solventes de crucero de Baleares. Navega desde que tiene ocho años.
EMPAR ISABEL BOSCH

Helena Alegre Arán (Barcelona, 1971) estudió Magisterio en la Universitat de les Illes Balears y obtuvo la titulación de patrón de cabotaje en la Escuela de Formación Profesional Náutico Pesquera de Palma. Es patrona de embarcación en el Servicio de Recursos Marinos de la conselleria de Agricultura y Pesca del Govern de les Illes Balears. Dice que de la colaboración con los biólogos e investigadores,  en el transcurso de su jornada laboral, valora los conocimientos adquiridos sobre control y evolución de las reservas marinas de nuestra costa.

De sus primeras incursiones en el mar, a los ocho años, recuerda los cantos rodados de la playa donde practicaban la vela antes de que se constituyera el club náutico de Hospitalet-Vandellós, en Tarragona, del que su padre es uno de los fundadores.

Cuenta Helena que navegaba en invierno y en verano en el delta donde el Ebro desemboca y el mistral azota con fuerza: «Cuando había mala mar, varios padres se metían en el agua para ayudarnos a subir al Optimist».

Seguramente la navegación a temprana edad la ayudó a combatir el miedo que sentía cuando oía aullar al viento por la noche. Fue una navegante precoz y con 18 años se trasladó a Palma donde vivió con su pareja, quien había sido su entrenador,  a bordo de un Sirocco amarrado junto a la piscina del Real Club Náutico de Palma. Spanker era el nombre del barco, recuerda, un punto de encuentro de amistades y proyectos.



LARGAS TRAVESÍAS



Navegó en clase Europa, en 420 y en crucero. Su primera travesía atlántica fue una odisea. Un amigo había adquirido un barco cerca de Miami y no tenía suficientes conocimientos de vela como para trasladarlo a España, así que reclutó  a varias amistades para que lo ayudaran.  Dice Alegre que aquel era un queche de ferrocemento con el que se demoraron 30 días en avistar las Azores y luego transcurrieron 10 días más hasta alcanzar la costa de Portugal: «Fue una experiencia extremadamente lenta y compleja. Al primer chubasco se rompió el canal del génova y luego ya se sucedieron todo tipo de problemas».

Su segunda travesía atlántica discurrió en un velero particular de 24 metros de eslora en el que fue parte de la tripulación. Describe su impresión cuando descubrió que el velero contaba con lavadora como un lujo que le sobrevino extraordinario y que se sumaba a la potabilizadora y generadores y recursos suficientes como para navegar un mes sin tocar puerto. Dice que este fue un tránsito amable con el que olvidó cómo tuvieron que racionar el agua en su primera travesía atlántica.

Hace tres años que repitió la experiencia atlántica en un catamarán de 23 metros con el que viajó desde Palma hasta San Martin. 

Opina que todas las personas debieran experimentar la navegación: «Es una terapia que debiera practicar todo el mundo, sea navegante o no. Cuando estás en medio del mar puedes distinguir qué es lo realmente importante. El tiempo y los ritmos vitales se perciben de otra manera lejos de la costa. En cuanto dejo atrás el faro es cuando me siento mejor, como ligera».

Compite habitualmente en regatas locales y su clase favorita es la J-80. Es consciente de ser minoría y resalta que en los campeonatos de España de vela las niñas solamente constituyen un 10 por ciento. 

Cuenta que, en una ocasión, oyó al cliente de un charter de un día llamar por teléfono y quejarse a la empresa: «Oye que me has mandado a una chica». Luego supo de la respuesta del empresario: «No te he enviado a una chica. Te he enviado a una patrona».  Explica que los clientes están acostumbrados a que la tripulación esté formada por un patrón y una cocinera.

Helena Alegre fue la única mujer que aspiró a la plaza de patrón del Servicio de Recursos Marinos de la conselleria de Agricultura y Pesca y obtuvo la mayor calificación. «Todos los examinadores eran también hombres», explica. Pero también advierte que no se siente extraña en ese mundo que todavía sigue siendo  mayoritariamente masculino.