REPORTAJES

DONES DEL VENT

La mirada oceánica de María Muiña

Ha cubierto las principales regatas de vela del mundo. Sus imágenes transmiten un relato instantáneo, vigoroso y pulcro. «Las mujeres tenemos un ojo distinto, otra sensibilidad, ni mejor ni peor».
EMPAR ISABEL BOSCH

María López Muiña, nacida en Lugo (1978) y residente en Vigo, es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid. Comenzó en Diario 16 pero fue en La Voz de Galicia donde se estrenó como fotógrafa del mar. Explica que en la redacción nadie quería cubrir las competiciones de vela “porque sabes cuándo empiezas y no cuando acabas, porque hace viento y porque te mojas”. Fue cuando, con apenas 20 años, encaró el que iba a ser su futuro profesional y su pasión: la fotografía náutica.



Conocida como María Muiña, trabajó para la Volvo Ocean Race en su salida desde Vigo y, desde entonces, ha sido la fotógrafa oficial del equipo español en las últimas cuatro ediciones y también en la actual. Inmortalizó al equipo Movistar en la vuelta al mundo a vela 2005-2006, al de Teléfónica en la 2008-2009, al de Telefónica Azul en 2011-2012 y al MAPFRE en la pasada edición 2014-2015 y también en la actual, en que coincide que el equipo español encara la recta final en segunda posición.

Cubre los entrenamientos previos del equipo y, de puerto en puerto, de parada en parada, su objetivo recorre todos los destinos de la vuelta al mundo a vela. Dice de sí misma que es muy curiosa y, posiblemente, esa curiosidad es la que sus imágenes transmiten a la retina de quien observa su trabajo, un relato instantáneo, vigoroso y pulcro de todo cuanto sus ojos abarcan.

Ha retratado, entre otros, la legendaria Rolex Sidney-Hobart, la Barcelona World Race (como fotógrafa oficial del equipo Mutua Madrileña), el Circuito Audi MedCup, varios mundiales de TP52, ORC y vela ligera, y regatas como la Copa del Rey MAPFRE o la Sail Racing PalmaVela.

Con la misma naturalidad con que su sonrisa desborda su mirada cuenta que su trabajo le parece fácil: «No me cuesta expresar lo que veo en imágenes», dice y asegura que lo que más le gusta fotografiar es el mar. 

«Cuando vivía en Madrid -explica- echaba tanto de menos el mar que, cada fin de semana, tenía que volver a casa para navegar». Ha participado en varias exposiciones de fotografía náutica y el año pasado fue la autora invitada a la «Sail in Festival» de Bilbao, un evento anual que celebra la cultura de la vela con encuentros, mesas redondas, películas, documentales y las mejores fotografías. 

En la fotografía náutica, lo confirma Muiña, las mujeres son una minoría para cuyo recuento a la mano le sobran dedos. Cuenta que se conocen entre sí y que se llevan bien y que valoran encontrarse en los puertos donde la vela las reúne. Explica que «tenemos un ojo distinto, otra sensibilidad, ni mejor ni peor» pero que, por otro lado, «siempre tenemos que demostrar nuestra capacidad».

Siempre se ha sentido valorada y respetada en su trabajo, considera que ha sido afortunada y cree también  que el reto que afrontan las fotógrafas náuticas es el de la resistencia física que requiere el seguimiento de las regatas oceánicas, el ritmo, el esfuerzo y la falta de sueño pasan una costosa factura.

En la práctica de la fotografía náutica conoció a su marido, el cántabro Antonio Cuervas-Mons, actualmente a la proa del MAPFRE, con quien va coincidiendo en las sucesivas paradas de la vuelta al mundo, «y eso que dije que jamás me casaría con un regatista», dice entre risas.

Su relación con el mar se inició en la infancia con la práctica de la vela en el Liceo Marítimo de Bouzas, el club vicedecano de la náutica gallega cuyo origen se remonta a 1902. Reconoce Muiña que «era mala, nunca hubiera podido dedicarme a este deporte por mucho que me gustara».

El currículo profesional de Muiña incluye publicaciones en medios internacionales, nacionales y regionales; intervenciones en películas y cortometrajes; catálogos publicitarios y exposiciones. La curiosidad y la inquietud profesional y personal han impulsado su carrera y también han enriquecido su mirada con experiencias y anécdotas con las que salpimentar sus fotografías. Una de las más divertidas que cuenta es la que tiene a un babuino como protagonista, uno que atrajo su objetivo,  que se introdujo en su coche y robó el bolso de la colega periodista con la que compartía viaje a Ciudad del Cabo.

En su mapa de viajes por el mundo hay chinchetas de colores con imágenes inéditas que cuentan del asombro y ternura con que todo lo mira. Y es, precisamente, ese entusiasmo el que la sensibilidad de su cámara capta cuando nos transmite en imágenes cuánto pesa el viento  en la falda de las velas y cómo es el tacto del frío en el agua.