REPORTAJES

ARQUEOLOGÍA

Los secretos de los primeros navegantes mallorquines

El yacimiento del islote de Na Galera, situado a unos pocos metros de la costa frente a Cala Estància, revela datos que cambiarán la percepción sobre los pobladores primitivos de Mallorca, a donde llegaron en embarcaciones muy precarias, viajando “a la vista”
JOHANNES VON HORRACH

Toda la vida lo hemos tenido delante de nuestras narices y apenas le hacíamos caso: el islote de Na Galera, en Can Pastilla, frente al Puro Beach. Podría ser la metáfora de un comportamiento habitual en Mallorca: desatender lo importante, que permanece ante los ojos pero oculto a nuestra distraída mirada, mientras se cortejan minucias extrañamente prestigiadas. Esa parálisis obliga a la intervención de individuos insólitos que vayan contracorriente y, salvando todas las dificultades, consigan ampliar los conocimientos de nuestra sociedad. Es el caso de Ramón Martín, director junto a Jorge Argüello desde 2012 de las excavaciones en este islote en el que han ido aflorando unos hallazgos que cambiarán la percepción de los primeros pobladores de nuestras islas, que llegaron al archipiélago en embarcaciones muy precarias, viajando a la vista.



El yacimiento consta de tres épocas superpuestas: una pretalayótica, otra propiamente talayótica y, finalmente, una púnica, procedente de los cartagineses que fundaron Ebussus (la ciudad de Ibiza, 654 a.C.), primera población de las Baleares. De hecho, la mayor parte de material procede de esta tercera etapa. Si bien con las primeras excavaciones se pensaba que podría tratarse de un almacén o algo parecido, ha quedado ya muy claro que estamos ante un centro religioso, una especie de santuario, pues la mayoría de material que se ha encontrado estaba destinado a ofrendas. En un lugar tan pequeño, la cantidad de descubrimientos que está emergiendo es tremenda.



Llegada por mar



En las islas todo viene de fuera, incluso los primeros pobladores. En este caso, los pretalayóticos, pastores neolíticos que seguramente llegaron hace unos 5000 años “por saltos desde Denia”, el punto más cercano al archipiélago y desde donde, en días de buena visibilidad, se puede atisbar Ibiza. Dado que no contaban en esa época con brújulas ni con ningún tipo de conocimientos marinos, el trayecto tuvo que acerse forzosamente de forma visual, con precarias embarcaciones, “balsas o barquitas muy endebles”. Desde Ibiza, se dio ya el salto a Mallorca y, después, a Menorca.



“Lo más antiguo que se conoce en este sentido son unos barquiformes, que se encontraron en unos hipogeos en Menorca. Ahí se ven barcos con juncos y con vela cuadrada”, apunta Martín. Los talayóticos no se instalaron en Ibiza, sólo usaron la pitiusa mayor como puente hacia las dos islas del norte. Después llegaron los púnicos, de origen fenicio, que dejaron en nuestra idiosincrasia un poso indeleble. Desembarcaron en Mallorca desde Cartago, con parada previa en Ibiza, donde sí se instalaron. Recordemos que se trataba de una potencia naval, tanto comercial como militar, y que llegó a tener contra las cuerdas a la poderosa Roma. Su llegada fue más o menos en el siglo IV a.C., y sus naves eran ya mucho más evolucionadas que las de sus predecesores. Los barcos mercantes de los cartagineses contaban con una eslora de 20 o 30 metros, una manga de unos 7 y un calado de 1’5; tenían un mástil con vela rectangular, y el timón era un remo con amplias y asimétricas palas.



Centro ritual fenicio



Los primeros tanteos en Na Galera fueron obra de Lluís Plantalamor, director del Museu de Menorca muchos años. Encontró allí varios fragmentos de cerámica cuando era estudiante, pero no se le dio demasiada importancia. Más tarde aparece en escena el palmesano Ramón Martín Gordon, un caso poco habitual de reinvención personal pues, tras una vida dedicada al turismo (tiene una agencia de viajes), estudia arqueología en la UNED. Se licencia, y conoce al reputado Víctor Guerrero al tiempo que inicia un master sobre comercio púnico-ebussitano. Martín tuvo una intuición sobre Na Galera, pidió los permisos a la Administración y comenzó a excavar en 2012. A día de hoy dedica su tesis doctoral a los tesoros de este islote ocultos durante siglos.



Primero se rescataron fragmentos de escorias de hierro y, a los pocos días, ya comenzó a aflorar la riqueza de esta roca de la bahía de Palma: fragmentos de un muro, trozos de cerámica y los primeros restos humanos. La primera hipótesis apuntaba a que estábamos ante un recinto comercial, pero es a finales de 2012 cuando la idea de que se trata de un santuario, sobre todo púnico, cobra absoluta relevancia. Apoyan este cambio de parecer descubrimientos como un guttus (una cara), pavimentos de muros, una cueva destinada a enterramientos y restos de cerámica incisa relacionada con lugares funerarios. Lo que hace pensar que, incluso antes de los púnicos, ya en la época talayótica este islote, que en su separación de tierra firme recalcaría la dualidad entre lo sagrado y lo profano, pudo tener una funcionalidad religiosa.



Aparecen entonces los restos talayóticos de un edificio cuadrado (5x5 metros), que ya contaba con un pozo funerario, y cuyo perímetro ceremonial fue ampliado entre la Iª y la 2ª Guerra Púnica (241-218 a.C.) cuando se hace el muro oblongo que lo rodea todo (10x10 metros). Era una especie de baluarte pequeño, hecho con argamasa (una técnica púnica), cuyo fin, señala Martín, podría consistir en defenderse de los ataques romanos de la época: “Hemos encontrado casos de cerámica incisa, que no es realizada aquí, de muy buena calidad, y que sólo se había descubierto en la Serra o cerca de Inca y Alcudia”. Uno de los hallazgos más antiguos es la cueva ritual, talayótica del siglo XII a.C., y que tiene cierta relación con las cuevas de Son Sunyer.



Cuenta Na Galera como elemento religioso, además de tres cisternas, con el pozo funerario que ya es plenamente púnico (240 o 250 a.C). Con 2 metros de profundidad, en su fondo reposaron durante siglos elementos tales como una urna para las ofrendas, una jarra con restos humanos cremados (que no quemados), diversos cuencos, siete monedas púnicas, platos de pescado, tres anzuelos, media docena de clavos, la punta de un arma (que se está restaurando, “aún no sabemos al 100 % lo que es”) o el fragmento de un tonel (siglo XII a.C.).



También comenzaron a aparecer cuerpos humanos, una docena en total, y curiosamente ninguno de ellos en la cueva funeraria. Uno estaba en la urna, una mujer en la cisterna n º 1 y en la nº 2 los restos de cuatro personas, entre ellas una chica joven arrojada con los restos de un feto de unas 42 semanas. No parece que fueran sacrificados. Tal vez haya más, pero Martín avisa: “Es carísimo, a cada uno le tienes que hacer sus análisis de carbono 14 (700 euros), el levantamiento por la antropóloga (300), luego otro informe (500), etc”.



Aunque las operaciones habituales del islote se suspendieron al parecer “a partir del siglo I a.C., cuando prácticamente se abandona todo, después de la conquista romana” (lo último, temporalmente hablando, es una olla africana del I d.C. y una ánfora ebussitana), también se ha encontrado algo de cerámica (algunas jarritas) árabe y catalano-levantina (siglo XIV-XVII). Pero no olvidemos, en el citado pozo funerario púnico, el misterio de los cormoranes: ahí dormían nada menos que ¡entre 1500 y 2000 esqueletos de esta ave! “Debe ser que algún pescador los mató para que no le dejaran sin pesca, pues todos los cormoranes son adultos y están enteros. Estamos pendientes de los análisis del carbono 14 para saber de qué época son, aunque sí sabemos que será después de Cristo”, asegura Martín.



Labores pendientes



De Na Galera sólo quedaba por explorar el 5 %, una franja de metro y medio o dos metros, y se hizoeste verano, con Martín y Argüello al mando, llegando en barca desde Cala Estancia. Siguió la misma dinámica que hasta entonces: un trabajo vocacional que debe sortear las barreras burocráticas (autorizaciones de Costas y Patrimonio para el permiso de excavación) y que sólo cuenta con escasas ayudas institucionales. Dada la relevancia que ha adquirido este islote como patrimonio, alguna subvención se ha arañado, pero caen con cuentagotas. Tampoco hay ayudas de los hoteleros de la zona, sólo de la Cadena RIU. No le queda más remedio a Martín que poner dinero de su bolsillo, aceptar donaciones y trabajar con voluntarios.



Si alguien interesado quiere apuntarse, debe escribir a esta dirección de correo electrónico: ramonmartin@islavision.com. Más información en https://nagalerapunica.wordpress.com