HISTORIA, PATRIMONIO, LITERATURA

ENTREVISTA

“Los mallorquines navegaban hasta Canarias desde finales del siglo XIII”

El historiador Antonio Ortega Villoslada ha publicado una biografía del rey Jaime III que descubre aspectos hasta hoy desconocidos de la historia marítima de Mallorca
JOHANNES VON HORRACH

Resulta asombroso que todavía hoy existan tantos huecos en nuestro conocimiento de la historia balear, sobre todo cuando es algo muy presente en nuestra actualidad. Por lo visto, prima la selección de capítulos concretos, seguramente fruto de intereses políticos no del todo confesables. Así, del interior de Mallorca sabemos bastante, pero poco del monasterio bizantino de Cabrera o de las peripecias mallorquinas allende los mares, como la fascinante expedición a Canarias de 1342, al final del reinado de Jaime III, soberano sobre el cual nuestro entrevistado, el historiador palmesano Antonio Ortega Villoslada, acaba de publicar una biografía. Un cúmulo de inercias de trabajo e intereses ideológicos son los responsables de que en este 2018 todavía deban señalarse aspectos escasamente propagados de la historia de las Baleares. Investigadores independientes como Ortega son indispensables para que este saber de nuestro pasado se generalice.



Hablábamos en un anterior número de A bordo con Román Piña Homs, y nos centramos en la condición intrínsecamente foránea de los habitantes de una isla. Nadie es realmente autóctono, pues de inicio (y también después, en el curso de la historia) todo viene de fuera, sorteando la frontera marina.



Sin duda, en Mallorca no hay ni uno que no sea foraster. Aquí en la época medieval se conocía como Es Cap de Creus, es decir, el cruce de caminos de todo el Mediterráneo occidental. Un ejemplo: en el mismo momento de la conquista de Jaime I, en el reparto de las islas se le dan tierras a un señor que venía de Flandes.



Nuestra idiosincrasia es dual, un ser escindido: los temerosos del mar pero también los más arrojados.



El hombre del mar se arriesga, pero mantiene la calma. El carácter mallorquín ve en el peligro del mar una exigencia de calma y de estar a verlas venir. No había radares en aquel momento, así que hasta que no veías la vela en el horizonte... De ahí el tan mallorquín ja ho veurem. No tiene que ver con la historiografía de aquí que ha considerado siempre al mallorquín como el típico que s’anava davall sa figuera amb sa canyeta a ver pasar los barcos. Cuando empecé la tesis tenía a dos autores de referencia: Sevillano Colom y Álvaro Santamaría. Entre los dos habían hecho sólo 5 folios dedicados al mar Atlántico. Y descubrí, en unas fuentes que nadie había mirado, que no sólo los genoveses o pisanos que venían por aquí estaban implicados en el comercio sino que también lo estaban los mallorquines. Esto es Mallorca. ¿Dónde está el museo naval? ¿Dónde están las administraciones que tanto se preocupan por la cultura?



¿Cómo es posible que se sigan descubriendo novedades importantes tan antiguas?



En el archivo de la Seu fui a buscar un volumen de notarios, y en el primer folio del más antiguo me encontré un viaje a Flandes que nadie había comentado nunca. Fui sacando ingente cantidad de información. En una época los archivos de la iglesia eran de acceso limitado, pero ahora están abiertos todos los días. Sobre el comercio marítimo en Mallorca hay dos grandes trabajos: el primero, del pied noir Charles-Emmanuel Dufourcq (1914-1982), sobre el comercio de Mallorca en el siglo XIII hasta principios del XIV, con todos y cada uno de los reinos del norte de África. El segundo es de María Dolores López Pérez, profesora en Barcelona. De mallorquines, nadie. En lugar de ir hacia oriente, que es de lo que más se ha estudiado, resulta que el norte africano, incluido el Atlántico, era el mercado real de Mallorca. En historia todo va por temporadas y por modas, y éstas tienen que ver con lo que invierten las administraciones, que hacen congresos y dan subvenciones. El mundo marítimo, cuando lo cogí, estaba desechado desde los años 80, había otros intereses, por ejemplo la historia rural. Pero, dentro de lo que fue la Corona de Aragón, el primer reino que creó moneda de oro fue Mallorca. Y también algo fundamental fue la capacidad técnica de Mallorca para construir embarcaciones.



Su papel como historiador ha consistido en valorar el papel relevante del reino de Mallorca en el mundo marino.



El comercio con el norte de África era un comercio puramente mallorquín, y lo hacen con los judíos. Mientras, el negocio marítimo por el norte es mediante los genoveses. Aunque sea políticamente incorrecto, los mallorquines preferían negociar con los genoveses antes que con los catalanes, porque con los primeros eran compañeros de negocio pero con los segundos quedaban subordinados a los intereses de la metrópoli, como sucedió cuando Pedro IV conquista la isla. ¡La cantidad de patrones genoveses que había en Mallorca! Este negocio de Génova era el de la ruta del norte, el negocio hacia Londres y ‘el Manhattan de la época’, que era el puerto de Brujas, nexo de unión con el mercado mediterráneo. Incluso había aquí familias como los Zaforteza que en el siglo XIV tenían naves y unen el final de la Ruta de la Seda, en el Mar Negro, cargando las naves para atravesar el Estrecho camino de Londres. ¿Por qué lo sabemos? Gracias a un pleito motivado por el ataque a una de sus naves cerca de Sicilia. Los pleitos fueron muy importantes para la historia, porque, cuando un negocio acababa bien, liquidaban: rompían los papeles y a otra cosa. Había toda una serie de libros sobre los ataques, Liber depredationis, que iban año por año, pero se perdieron”.



Llama la atención esa dicotomía marina entre lo militar y lo comercial. La impresión es que cuando se imponía la prioridad militar, Mallorca salía perdiendo, mientras que ganaba cuando primaba lo comercial.



Es que militarmente el reino de Mallorca no tuvo poder, frente a una Corona de Aragón en plena expansión y reinos fuertes como Francia, Castilla o Inglaterra, ¿qué haces? Mallorca buscaba el negocio en lugares no ocupados por los demás. De ahí las buenas relaciones con los genoveses, que molestaba mucho a Barcelona. Génova venía de derrotar en la batalla de Meloria, que es donde captura el veneciano Marco Polo, a unos pisanos que habían dominado el Mediterráneo occidental durante el siglo XII. De ahí la famosa expedición pisana para la conquista de Mallorca que se equivoca... ¡y desembarca en Tarragona! A Mallorca le interesan más los genoveses porque estos comercian con Brujas. Pero ocurre que Mallorca estaba enfeudada por culpa de Pedro de Aragón”.



 Finalmente, la expedición a Canarias en 1342, tan llamativa pero poco conocida por los baleares.



La primera noticia que tenemos de Canarias, de la isla de Lanzarote, es de un genovés, Lancelotto Marocello, que durante 15 años intentó construir un asentamiento desde el que comerciar. Hablamos de la década de 1330. El de 1342 no fue realmente el primer viaje mallorquín a las Canarias. Desde finales del siglo XIII los mallorquines están en los puertos del norte de África, incluso también en Casablanca, así que es normal que al menos conocieran el archipiélago. Hay una crónica de Boccaccio que transcribe una primera expedición que parte de Lisboa en 1341 y donde seguramente había mallorquines, lo estoy investigando. Los dos patrones que cita están también en los archivos de Mallorca. Jaime III no tuvo un solo año de paz. Primero, la guerra de Génova, que acaba en 1336, año en que el rey de Marruecos le declara la guerra, que dura hasta 1339, cuando se firma un tratado de paz que es muy perjudicial, porque perdemos todo el comercio de trigo y las pieles. Luego, a los pocos meses Pedro IV y Alfonso XI inician la guerra contra los benimerines. Entonces los comerciantes mallorquines abandonan el Atlántico y se dirigen a Portugal, en plena ruta hacia Londres. En 1342 se produce la expedición de Jaime III. Pedro IV trata de arrebatarle el reino de Mallorca, y él busca un éxito político que le dé fuerza. Manda cinco ‘cocas’, y entre ellas hay una de la que no se dice nada sobre sus ocupantes, mercaderes, pero que era la que conocía exactamente adonde iban. Sabemos que llegaron a Canarias porque trajeron esclavos guanches: el testamento de uno de estos mercaderes, el pollencí Antonio March, deja dicho que sus esclavos de Canarias, de los que aporta todos sus nombres, queden libres. También sabemos que fue una expedición exitosa porque poco después se fundó en la isla de Gran Canaria el obispado del Telde, de franciscanos mallorquines, que funcionó hasta que llega una Castilla que ambicionaba conquistar las Canarias porque estaban en plena ruta portuguesa hacia el golfo de Guinea y el sur de África.



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Esta entrevista ha sido originalmente publicada en la revista "A bordo" del Real Club Náutico de Palma.