HISTORIA, PATRIMONIO, LITERATURA

ANIVERSARIO

100 años de la tragedia del vapor Miramar en el Cabo Ortegal

En La madrugada del 8 al 9 de febrero de 1918 naufragó el vapor mallorquín Miramar en las inmediaciones del Cabo Ortegal (Galicia). Murieron 10 tripulantes, entre ellos el capitán, y el resto fueron recatados con la ayuda de los pescadores de Puerto de Cariño, una pequeña localidad cercana al lugar del suceso que desde entonces está hermanada con la ciudad de Palma.
M.P.

 El accidente causó en su día una gran consternación en el barrio de Santa Catalina, de donde eran la mayoría de las víctimas. Recuperamos la narración publicada al día siguiente por "La Voz de Galicia".



“A las 3 de la madrugada de hoy (día 9 de febrero de 1918), encalló en una ensenada de Aguillones, cerca del cabo Ortegal, un vapor llamado “Miramar”, de la compañía Isleña Marítima y matrícula de Palma de Mallorca.  Desplazaba el buque unas 1.600 toneladas y se dirigía con rumbo a Cádiz, conduciendo un cargamento de carbón tomado en el puerto de Musel, de donde salió ayer a las cinco de la tarde.  A las tres de la madrugada, hora en que ocurrió el siniestro, iba de guardia el oficial primero, quien, al advertir que el buque había tocado en las rocas, ordenó que se echaran los botes al agua; pero el oleaje destrozó algunos, librándose de los embates del mar solamente dos, que fueron ocupados por los marineros.

Una de las citadas embarcaciones, después de correr grandes riesgos y de estar varias veces a punto de naufragar, consiguió llegar a la bahía de Cariño, zozobrando a la entrada, desde donde los individuos que la ocupaban, comenzaron a pedir socorro. A sus gritos, varios marineros acudieron en auxilio de los infelices que luchaban contra el mar y la niebla, que les impedía conocer el sitio en que se encontraban. Trabajo costó a los abnegados marineros de este puerto dar con los que demandaban auxilio, pero al fin, pudieron encontrarlos y recogerlos, trayéndolos a tierra, donde relataron la forma en que ocurrió el accidente y señalaron el lugar en que el “Miramar” se hallaba encallado.

Circulada la noticia, muchos vecinos de este puerto salimos con dirección a Aguillones, bordeando la abrupta costa y venciendo las enormes dificultades que el camino ofrecía. Cuando llegamos, empezaban a desembarcar los náufragos.  Un audaz marinero, atándose a la cintura un nuevo cabo, se arrojó al mar, y a nado lo trajo hasta tierra, quedando de esta suerte establecida la comunicación entre el buque y la playa.  Luego, con la ayuda de los que habíamos acudido al lugar mencionado, comenzaron a pasar, braceando por dicho cabo, hasta 27 tripulantes del vapor “Miramar”.

Venciendo enormes dificultades, logramos traer a los mencionados marineros a Cariño.  Según éstos manifiestan, faltan diez hombres de los que constituían la tripulación del vapor encallado.  Se cree que al ser destrozados por el mar los botes en que habían intentado salvarse, fueron estrellados contra las rocas por el mar, cada vez más embravecido.  Entre los que se supone han perecido, figura el capitán Don Jorge Bennasar y el telegrafista del buque, Don Luis Cuéllar.  El mar arrojó más tarde dos cadáveres. Se cree imposible subirlos a la ribera, dado el estado imponente del mar, que bate furiosamente contra los acantilados de la costa.

Se dedicaba el “Miramar” a conducir pasaje y correo entre Palma de Mallorca y Barcelona y era éste el primer viaje de cabotaje que hacía. Se considera inminente la pérdida total del barco y su cargamento".



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Fallecieron en el naufragio los siguientes tripulantes: Jorge Bennasar Juan (capitán), Luis Cuéllar Cuéllar (radiotelegrafista), Antonio Company (Mayordomo), Jaime Palou Tomás (camarero), Jaime García García (pañolero), Nicolás Vivó Palerm (marinero), Antonio Pujol García y Monserrat March Amengual (fogoneros), Bartolomé Suau (carpintero) y José Alba ReaI (marmitón). Entre los supervivientes estaban los pilotos Jaime Fornaris y Manuel Despujol, así como los maquinistas José PalmerJosé Albertí y Francisco Quevedo.



Los supervivientes llegaron a Palma días después, dirigiéndose desde el puerto a la capilla del Hospital, para ofrendar al Santo Cristo de la Sangre la cuerda que les permitió su salvamento.



Fuentes: La Voz de Galicia y Fotos Antiguas de Mallorca