HISTORIA, PATRIMONIO, LITERATURA

ENTREVISTA

“La historia balear se ha edificado con el mar como adversario”

Nos reunimos con Román Piña Homs en su casa de Esporles para celebrar el éxito editorial de Ser de los nuestros (Sloper, 2016), que está ya en su cuarta edición, y donde el catedrático de la UIB y presidente de la Academia Mallorquina de Estudios Históricos ha planteado un profundo y ameno ensayo de psicología colectiva balear.
JOHANNES VON HORRACH

Román Piña Homs, que procede de familia de armadores, es un auténtico sabio, un pozo de conocimientos y experiencias que combina con gran espíritu juguetón, con una abierta sonrisa que aparece como broche en cada una de sus exposiciones. Su último libro, Ser de los nuestros (Sloper, 2016), se ha convertido en un éxito editorial y en una obra imprescindible para comprender cómo se ha forjado a lo largo de la historia el carácter de los mallorquines.



Pregunta.- En Ser de los nuestros habla del ser variable pero a la vez constante de nuestro archipiélago. Existen factores culturales de nuestra identidad que se han ido sumando uno a uno, formando una simbiosis, pero el factor geográfico, ser islas en medio del mar, parece fundamental. En unas islas todo viene de fuera, incluso los primeros pobladores. Además, carecemos de vecinos cercanos contra los que afirmarnos de una manera directa y, si toda identidad se consolida a partir de algún grado de antagonismo, la nuestra tendría una connotación espectral, al carecer de vecinos a cientos de kilómetros. Los catalanes tienen a valencianos, aragoneses y franceses, pero nosotros sólo estamos rodeados de mar. Así, ¿nuestra identidad se ha construido de forma diferente a la habitual?



 Respuesta.- La geografía nos define en un 80% quizás. Como historiador, he intentado entender a los baleares desde unos acontecimientos históricos. Pero lo geográfico evidentemente nos define de una manera sustancial. Mira, en su momento me gustó mucho la expresión del ex alcalde de Petra Joan Font Massot. En un encuentro con extranjeros, con motivo de celebraciones relacionadas con Junípero Serra, éstos se pusieron a bailar boleros. Pero Font aseguró que no sabía. Le dije: “¿Tú has estado en California?”. Me contestó: “Jo mai he sortit de Mallorca. La mar fa forat i tapa”. ¡La mar fa forat i tapa! Es que para muchos isleños el mar ha sido el Averno. Como se decía del Atlántico, era el Mar Tenebroso, océano al que los mallorquines no van a navegar hasta el siglo XIV.



P.- El mar casi como un enemigo…



R.- Veían en el mar todos los males. Fíjate que no había pueblos costeros, sólo puertos pequeños para desembarcar, pero no poblaciones importantes. La costa era el peligro. La historia de Baleares se edifica con el mar como adversario, pero también con el mar como esperanza y liberación. Hay la dicotomía de esconderse del mar, pero también aventurándose en él. En el libro pongo como ejemplo el momento de mayor esplendor de las islas, con el Reino de Mallorca. Jaime II y su hijo Sancho convertirán las Baleares en una gran plataforma de mercado marítimo. Sucede que los mallorquines ya han llegado al Mar del Norte (Pere Saforteza, llamado “el príncipe de los mercaderes”, consigue permisos del rey de Inglaterra), e incluso instalan consulados mercantiles propios en Pisa, Venecia o Génova. Por tanto, el esplendor de las islas se vivió como una expansión marítima, más mercantil que guerrera. Incluso descubres que tenían un gran dominio tecnológico. Por ejemplo, el primer rey hispánico que acuña moneda de oro es justo Jaime II, porque ya controlaban las rutas mercantiles que llegaban hasta Nigeria. El comercio marítimo necesitaba de un metal prestigiado. También estaban los grandes cartógrafos, como los Cresques. El dinamismo de esta Mallorca cosmopolita lo tenemos también con el Consolat de Mar, creado en 1326. En 1345 se escribirá el fundamental Llibre del Consolat, que fue el único código marino europeo hasta 1673. Más adelante, en 1875, aparece el informe Comercio y marina, que señalaba que el puerto de Palma atendía anualmente 1100 navíos comerciales. ¡Esto es tremendo! Transportaban hasta Cuba o Brasil vino, aceite, almendras, zapatos y otros productos isleños.



P.- El carácter algo indefinido, cauto, de los baleares, podría venir expresado en ese verbo maravilloso, daixonar, que vale para todo pero que no significa nada.



 R.- Cierto. Mi suegro solía utilizar una expresión similar a daixonar: “sols que m’entenguis”. ¿Para qué decía eso? Pues para no definirse. Así obligas al otro a que piense de ti lo que quiera.



P.- Parece como si el mar hubiera sido la prueba a superar para decidir el carácter de los mallorquines. Porque a la vez que muchos han vivido de espaldas al mar, otros lo han afrontado con valentía, consiguiendo especial relevancia, tanto empresarial como artística, ¿no es así?



R.- Desde luego. Piensa que había muchos mallorquines en América gracias a la salida marítima tras perderle el miedo al mar. Mis abuelos se trasladaron a Santa Fe (Argentina), donde había una importante colonia mallorquina (también en Rosario), cuyo obispo fundador de esta diócesis a finales del siglo XVIII, Juan Agustín Boneo, resulta que era mallorquín de origen. Luego también había mallorquines en Cuba, y la familia de Alejandro Jaume estuvo en Uruguay, donde tenían un imperio empresarial. En conversación con el ex-presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, me dijo que el pintor oficial de allí era mallorquín, Pedro Blanes Viale, procedente de Artá. También hay una impronta mallorquina importantísima en Puerto Rico, donde se hacen grandes fortunas, y en Chile. El mallorquín Esteve Nicolau fue con Colón en su segundo viaje a América. Muchos mallorquines se implicaron en el descubrimiento de América, pero después hubo un retroceso. ¿Por qué? Porque ir a Sevilla, única salida hacia América en aquel momento, era un peligro tremendo: el Mediterráneo estaba bajo el control absoluto de otomanos y berberiscos. Así, los seguros marítimos, que eran muy importantes, tenían un coste enorme. Y eso fue así en los siglos XVI y XVII, cuando Mallorca se vio privada de América. Pero no es porque no quisieran a mallorquines o catalanes en el nuevo continente, nada de eso.



P.- Esta ambivalencia del mar, lo salvador y lo amenazador, la veo en esa historia de aquellos judíos que huían de la Inquisición tras alquilar un barco que los esperaba en el puerto, pero a los que una súbita y tremenda tempestad obligó a quedarse en tierra, con lo que supuso para sus pertenencias y también para sus vidas.



R.- Esto es tremendo. Sucede a finales del siglo XVII, época de los famosos autos de fe, por la presencia en Mallorca de un inquisidor corrupto, que luego fue expulsado. Según Henry Kamen, la expropiación de bienes a judíos en 1691 fue la mayor cantidad incautada por la Inquisición a nivel nacional. Piensa que la Inquisición fue el aparato de poder que mejor ha funcionado en España. Tanto que cada español lleva dentro un inquisidor. Este lamentable episodio fue recreado por Carme Riera en Dins el darrer blau. Más que religiosos, había intereses políticos y económicos. En este caso que citas, en 1688, tenían un bajel inglés en Porto Pi unas decenas de chuetas que pensaban que ya no podían vivir en esta sociedad y decidieron irse a Amsterdam. Pero en ese momento el mar los frustró. Y ahí tenemos el caso de la aportación hebrea en Mallorca. Unos ya estaban aquí desde el siglo IV, pero luego también han venido de muchos lugares diversos. Movían las riendas del comercio y, aunque no son navegantes, sí determinan la navegación con su apoyo económico y técnico, a la vez que mantienen buenas relaciones con núcleos mercaderes importantes del Mediterráneo.



P.- Pocos casos como el de los judíos conversos de Mallorca para definir no sólo el ser de los mallorquines en los últimos siglos, sino también como el proceso definidor de identidades se establece a partir de la demonización de un colectivo determinado. ¿Como chueta, considera que el problema se ha dejado atrás pero más por olvido que por superación? ¿No cree que los forasters acabaron sustituyendo a los chuetas como enemigo primordial de la sociedad?



R.- No estoy de acuerdo con que la persecución de los judíos fuera instigada por la clase privilegiada. Nuestra aristocracia mercantil (primero se hacen ricos, después se hacen nobles), que era pragmática, necesitaba a los judíos y chuetas y sus redes mercantiles. Sí tiene que ver con una fenomenología propia de la teocracia, confundiendo poder religioso y político. A la Iglesia católica, poco cristiana en determinadas épocas, al clero mallorquín le interesaba conservar su statu quo amedrentando a un conglomerado social muy diverso que venía de Italia, África, etcétera. Para tener controlada esta mescolanza racial de orígenes culturales diversos había que provocar que el que se mueve no es que no salga en la foto, ¡es que es llevado a la hoguera! Así, se escenifica el peligro de ser un heterodoxo, como en La fe triunfante del padre Garau, y se muestra que hay unos mallorquines malos y otros buenos. Sí estoy de acuerdo con lo que dices de los forasters. En su momento, se creó una inquina popular hacia ‘el murciano’. Es un reflejo del espíritu balear que está a la defensiva, y que con la creación de un chivo expiatorio mantiene lo que son ‘els bons mallorquins’. Mira, he estudiado la condición natural del Reino de Mallorca. ¡Lo que costaba jurídicamente para un inmigrante del siglo XV conseguir que de acuerdo a las leyes mallorquinas fuese considerado nacional de la isla! Las leyes reguladoras de la condición de mallorquín eran tremendas, exigían determinados estadios: casarse con mallorquina, los años que vivías en la isla, la actividad que desarrollabas, etcétera. Una serie de cortapisas que lo complicaban mucho. Hoy día, yo llevo 40 años en Esporles y me moriré siendo un ‘extern’.



P.- Román, ha comentado que tiene usted antepasados muy relacionados con el mar. ¿Cuál ha sido el vínculo concreto y la historia de esa relación con lo marino?



R.- Esa relación se produce por la parte de los Piña, que fundaron (Luis Piña) la Empresa Mallorquina de Vapores. Y también por la otra parte, con Gabriel Fausto Fuster, fallecido a los 44 años, que tuvo tiempo de participar en el gobierno regional provisional de 1868. Al morir, fue su mujer, Buenaventura Forteza-Maura Cortés, la que cogió el mando de la empresa en América, cuya ruta comercial comprendía Antillas, México, Puerto Rico, Cuba y sur de los EEUU. La madre de María Ventura pertenecía a la saga de los Cortés, grandes empresarios que fueron corsarios y prácticamente tenían el monopolio de la exportación del aceite. El último barco de la familia fue el María Esperanza, al que tengo aquí retratado en un lienzo.  Mi tío abuelo Antonio Fuster Forteza es el mejor pintor de temas marineros que tiene Mallorca. Claro, su padre era naviero. Dedicó gran parte de su obra al mundo marino, pintando el mar, calas, los puertos de Palma y Barcelona. Yo me siento muy ligado al mar, ¡aunque me mareo en un barco! Y mi padre, fíjate, que era médico, y cuando estaba en la Guerra Civil decidió alistarse en la Marina como teniente. Hay gente que me decía que hay mucha diferencia entre los Piña que van a América y el resto. Los primeros han vivido entre dos continentes, con la aventura del mar y soltar amarras, que marca a este sector de la familia.