SECTOR NÁUTICO

 

No hacer nada sin que se note

De entre todas las medallas ajenas que el nuevo gobierno balear se está intentando colgar, recogidas aquí al lado por el periodista Pepe Quiroga, hay dos particularmente desfachatadas: una es la venta de la «moto» de que el parque nacional de Cabrera alcanzará esta legislatura la autosuficiencia energética, cuando es notorio que la consiguió hace dos años; la otra es el repentino descubrimiento de la barca de bou La Balear, a la que el Pacte «dará un uso público» que ya tiene desde 2004.
José Luis Miró

Espero con ansía el día en que la nueva y aletargada Autoridad Portuaria de Baleares (APB) empiece a divulgar como de su propia cosecha los proyectos que puso en marcha su anterior presidente, el hiperactivo Alberto Pons, entre ellos la recuperación de los paseos del Dique del Oeste, cerrado al público por razones de seguridad desde los atentados de las Torres Gemelas, y La Riba. Cuando eso pase, que pasará, intenten recordar dónde lo leyeron.



Lo grave, sin embargo, no es que unos inauguren las cosas de los otros, pues es algo común en política. Al final y al cabo «se pilla antes a un mentiroso que a un cojo», sobre todo hoy, con lo fácil que es acceder a las hemerótecas on line. Lo grave, decía, es cuando la maniobra de marketing se torna torticera. Y eso es exactamente lo que está pasando con el decreto sobre la posidonia que Quiroga incluye con gran acierto en su listado.



El borrador de dicho decreto, como saben bien quienes han seguido el tema, estaba terminado y era, además, bastante restrictivo con el libre fondeo. Tanto que el PP, que ya bastantes problemas tenía, prefirió guardarlo en un cajón. El Pacte sólo tenía que cogerlo y ponerlo en marcha, pero eso no era suficiente para contentar a la rama ecoiluminada de su electorado. Tenía que parecer más duro que el anterior, y así llegamos al punto surrealista en el que los mismos técnicos de la Conselleria de Medio Ambiente que redactaron el primer decreto son instados a hacer uno nuevo que constriña aún más los derechos de los navegantes.



No se extrañen de que, después de hacer como que negocian con los usuarios, vuelvan al texto inicial (con alguna modificación insustancial) e intenten colocarlo en la estantería como si fuera un producto recién salido de fábrica. Marear la perdiz es la manera de que no se note que uno no hace nada. O eso es lo que cree esta gente.