SECTOR NÁUTICO

CÓDIGO AZUL

La verdad sobre los cruceros

La APB ha recaudado más dinero que nunca de la náutica de recreo para pagar las inversiones de los cruceros. Dicen que la ciudad sale beneficiada, pero quienes de verdad tienen motivos para estar felices son los consignatarios
JOSÉ LUIS MIRÓ

A la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) siguen sin cuadrarle las cuentas de los cruceros. Cada temporada pierde dinero con este sector (1.598.660 euros el año pasado, que se suman a los 2.175.876 euros de 2016), pero mantiene su apuesta con grandes inversiones: 10 millones de euros en 2017 para que el Muelle de Poniente pueda albergar  hasta seis buques y arrojar a más de 7.000 pasajeros a la ciudad en un solo día. 

Hay quien pone en entredicho el beneficio de tanto turista (se dice del crucerista que gasta poco y colapsa el centro), pero de lo que no se puede dudar es de quienes se están beneficiando de esta política. Los consignatarios, cuyo líder empresarial ocupa el cargo de vicepresidente de la APB desde que empezó la legislatura del III Pacte de Progrés, tienen hoy más clientes que nunca: 845 cruceros en 12 meses, una cifra nunca vista en Baleares.

Los servicios que ofrecen estos empresarios van desde gestionar el traslado de las maletas de los pasajeros hasta recoger los residuos oleosos de los buques, una partida que no para de crecer y que ha llevado a una de las mayores operadoras de Baleares, Servmar, S.L., a expandirse al puerto de Alicante. El negocio parece redondo y seguro: cada dos años se le renueva automáticamente el contrato de prestación de servicio, un mero trámite que nunca aparece reflejado en la prensa pero sí queda debidamente registrado en el Boletín Oficial del Estado.

Para que los cruceros puedan disponer de las infraestructuras que tienen en el puerto de Palma hay alguien que paga la factura. Y ese alguien es el navegante de recreo. Las cifras oficiales del Resumen Ejecutivo de la APB no ofrecen lugar a dudas: las embarcaciones de recreo, es decir, los concesionarios de los puertos deportivos (ya sean marinas, clubes náuticos o varaderos), ingresaron 36.225.850 euros en las arcas públicas el año pasado. Puertos se pulió 11.664.618 euros en gastos y otro millón  en amortizaciones. El resultado es que el sector náutico generó un beneficio de 23.532.857 euros para la APB, tres millones y medio más que en 2016. Una auténtica barbaridad que, por sí sola, justificaría que el Govern balear se planteara en serio, no como puro argumento retórico, negociar el traspaso de la competencia de las dársenas deportivas. El sector estratégico para Baleares, según se desprende de los datos económicos de la APB, no es el de los cruceros (por mucho que nos vendan la moto), sino la náutica recreativa, que va como un tiro a pesar del sangrado fiscal al que está sometida. 

La autonomía podría perfectamente hacerse cargo de la náutica de recreo y dejar que Fomento se ocupara de los buques de mercancías y los cruceros, de lo que se llama «interés general». Una posible fórmula de sostenibilidad sería que las compañías navieras (al menos las que se dedican al ocio) pagaran las obras de sus puertos igual que hacen las marinas. Para que algo semejante ocurriera haría falta, primero, que el lobby de los consignatarios, tan bien posicionado, dejara de cortar el bacalao en la APB y, por otra parte, que los cargos político de su consejo de administración (colocados a dedo por sus partidos) trataran de entender lo que allí se cuece en lugar de limitarse a calentar la silla para cobrar la dieta.