SECTOR NÁUTICO

 

La solidaridad de la náutica de recreo

Cuando llegamos a este mundo de la náutica, en 2002, los puertos de interés general eran un coto cerrado donde los operadores comerciales actuaban como dueños absolutos del cotarro.
ELENA PIPÓ

Durante muchísimo tiempo fue imposible acceder a las cifras sobre el volumen de negocio que generaba la náutica de recreo. Fue en la legislatura pasada, bajo la presidencia de Alberto Pons, cuando por primera vez la Autoridad Portuaria de Baleares admitió que el sector náutico generaba prácticamente la mitad de sus ingresos.



Gracias a la Ley de Transparencia, que obliga a las administraciones a compartir su información pública más relevante, ya no es posible hurtar la realidad a la opinión pública, pero lo cierto es que pocos ciudadanos se tomarán la molestia de entrar en la web de Ports de Balears, así que para empezar este año hemos querido dejar claro qué es y que representa el sector al que nos dirigimos para el conjunto de la ciudadanía.



Los datos, que la APB publica pero no publicita, están en la memoria anual de actividad de este organismo, y no ofrecen lugar a dudas. La náutica de recreo ha sufragado las inversiones realizadas en los últimos años para atraer cruceros turísticos, de unos 40 millones. Los puertos de interés general (Palma, Mahón, Ibiza, Alcúdia y Formentera) ingresaron en 2016 (los últimos datos) más de 33 millones de euros procedentes cánones de instalaciones portuarias, tasas y otros servicios.



Una vez computados los gastos, el sector de la navegación de ocio ofreció un resultado neto de más de 20 millones, mientras que las grandes navieras de los cruceros, a las que se atrae a Mallorca a través de ofertas y unas infraestructuras modernas, pagaron a la APB menos de lo que ésta se gastó en darles cobertura.



No voy a entrar en si los cruceros son buenos o malos para las ciudades. Por no salir del ámbito de las cifras objetivas, basta remitirse al informe que atribuye a este sector un volumen de negocio de 256 millones en el conjunto de Baleares y 5.733 puestos de trabajo directos e indirectos. Visto así, no cabe duda de que es un deber de nuestros gestores públicos seguir apostando por los cruceros, aunque personalmente podamos albergar dudas. 



Pero lo que se puede ocultar a la ciudadanía, y para eso estamos nosotros, es que si los cruceros llegan en gran número a nuestras islas es gracias a que hay navegantes y concesionarios de puertos que están pagando esa apuesta con unos cánones que no paran de subir y unas tasas que en algunos casos rozan el abuso. La solidaridad de la náutica de recreo con el conjunto de los ciudadanos debe ser divulgada. 



Esto es así y así de claro hay que decirlo. Porque el negocio no lo hacen sólo los comercios, sino también los consignatarios que tienen la posibilidad de influir en las inversiones que realiza la Autoridad Portuaria de Baleares desde posiciones privilegiadas en su consejo de administración, algo que no ocurre, por ejemplo, con los clubes náuticos o las marinas. Deberían estos empresarios del puerto dar las gracias a quienes hacen que su negocio prospere.