SECTOR NÁUTICO

TRANSPORTE

La temporada alta trae el caos al puerto de La Savina

La masificación de embarcaciones y el exceso de velocidad de los ferrys suponen un peligro para la navegación en uno de los destinos idílicos del Mediterráneo.
Julio González

Subir a una pequeña barca auxiliar con la intención de alcanzar el puerto o la playa colindante, o intentar dar unas paladas con la piragua se ha convertido en un deporte de riesgo debido a la gran cantidad de embarcaciones que surcan las aguas del puerto de La Savina en Formentera a una velocidad excesiva. El modesto navegante corre el riesgo de terminar volcado contra las rocas a causa de las enormes estelas de olas que dejan las grandes esloras, tal y como se aprecia en la secuencia de imágenes que ilustran la parte central de estas páginas.



Esta situación se repite cada verano desde hace cuatro años en unas aguas que, no hay que olvidarlo, forman parte de un espacio reconocido como parque natural. Formentera está de moda, mucho, y eso ha generado un exceso de tráfico de embarcaciones de alta velocidad destinadas al transporte de pasajeros entre Ibiza y la pitiusa menor, a donde cada día llegan por mar miles de turistas y trabajadores.



A día de hoy cuatro empresas de transporte operan la travesía entre Ibiza y Formentera: Balearia, Trasmapi, Formentera Cargo y Aquabus. Según los horarios oficiales de las compañías, se ofrecen un total de 67 salidas de ferrys diarios de Formentera con dirección a Ibiza y otras tantas de vuelta. Los trayectos comienzan a las seis de la mañana y concluyen pasada la medianoche, y en las horas punta se juntan dos y tres embarcaciones maniobrando a la vez dentro del puerto.



Los capitanes de los ferrys se ven forzados a entrar y salir a velocidades inadecuadas –cabe recordar que la máxima en el puerto de Formentera es de tres nudos– para poder cumplir con los apretados horarios que se ofrecen, pues en algunos casos solo disponen de media hora para cubrir el trayecto y embarcar y desembarcar al pasaje. A menudo esta última operación se realiza sin parar los motores. 



Lo curioso de la situación es que esta vorágine de entradas y salidas se debe más a la intensa competencia entre las empresas de transporte que a la demanda real de tráfico. Sin ir más lejos, Trasmapi ofrece 28 salidas a diferentes horarios desde Formentera y no resulta extraño que algunos trayectos realicen la travesía con una ocupación de pasajeros inferior al 50 por ciento. 



Al tráfico de los denominados ferrys rápidos hay que sumarle el de buques de transporte con carga rodada y coches, tanto procedentes de la península como de la propia Ibiza y también el de las excursiones que llegan desde San Antonio de Portmany, Santa Eulailia, y de otras playas de Ibiza.



El canal marítimo que une Ibiza y Formentera forma parte del parque natural de Ses Salines, un espacio que engloba un conjunto de hábitats marinos con valores ecológicos, paisajísticos, históricos y culturales de primer orden, que se ve afectado por el continuo trasiego de embarcaciones.



Una vez dentro de las aguas interiores del puerto de La Savina, las embarcaciones que generan más problemas por sus características y desplazamiento son los dos buques mixtos de carga rodada, coches y pasaje. «La resaca, oleaje y desplazamiento de agua que provocan ambos barcos, que reducen máquinas muy cerca de la bocana, pone en riesgo las maniobras de izada y botadura en el foso del travel-lift, el repostaje de embarcaciones en la estación de combustible y genera fuertes tirones de las amarras de las embarcaciones de recreo en las dársenas deportivas del puerto y la zona pesquera», según explica Fernando Gayá, director de la marina Formentera Mar. 



Esta peligrosa situación ha sido puesta de manifiesto en los últimos consejos de navegación y puerto de La Sabina tanto por parte de esta marina como de la Cofradía de Pescadores, que han formulado reiteradas quejas en este sentido, advirtiendo «de las averías en cornamusas, golpes en espejos de popa y fuerte peligro de accidentes en usuarios de dársena pesquera y deportiva. Las navieras, por su parte, argumentan que cada embarcación tiene una velocidad mínima de maniobra y no pueden adaptarse a un mínimo general», señala Gayá.



Pero las embarcaciones de transporte regular no son las únicas responsables del caos que se produce a diario en La Savina. Entre los meses de junio y septiembre, coincidiendo con la temporada alta, se le añade también el tráfico continuo de barcos de recreo que acceden al puerto también a velocidades inadecuadas y el gran número de zodiacs de las cientos de embarcaciones de recreo fondeadas en el antepuerto y frente a las playas de Illetas que se acercan a la costa para para descargar personas, basura o aprovisionarse. En el caso de estas pequeñas embarcaciones, el peligro está en que algunas de ellas se acercan a los muelles con sobreocupación de personas y, la mayoría, sin luces por la noche.



La Autoridad Portuaria de Baleares (APB) reconoce que este problema se repite cada año por estas fechas debido al aumento de tráfico en la Savina y afirma que ha recordado a las navieras que deben controlar la velocidad y ha instado a sus agentes portuarios para que procedan a sancionar aquellas situaciones irregulares aunque, de momento, con escasa efectividad. Asimismo señala que ha informado de la situación a la Capitanía Marítima de Ibiza y Formentera.



Para controlar el tráfico portuario, la APB cuenta con una embarcación para el práctico y con varios empleados en tierra que se comunican a través de un walkie-talkie con los buques de pasaje y carga para advertirles la salida o entrada de cada barco. 



Diferencia respecto a Ibiza



Esta situación de desorden que se vive en Formentera era también habitual en el puerto de Ibiza en temporadas anteriores. Pero desde hace unos meses, tanto la APB y como la Capitanía Marítima están aplicando con mayor rigor la limitación de velocidad. Cabe recordar que a principios de este año, el Consejo de Administración de la APB aprobó  una nueva ordenanza portuaria que regula las velocidades de navegación en estas aguas, estableciendo  un máximo de ocho nudos en la zona de la Dársena del Botafoc para cualquier tipo de buque o embarcación y de seis en la Dársena Interior.



Por lo que respecta a Formentera, la solución podría llegar de la mano del Servicio Marítimo de la Guardia Civil (Semar). A principios de julio amarró en La Savina una embarcación del instituto Armado que ha fijado su base en Formentera. Sus oficiales ya se han percatado del problema del oleaje por exceso de velocidad y han tenido que doblar el número de defensas en su embarcación para evitar destrozar su costado contra el cantil. La mera presencia de una embarcación de la Guardia Civil es una medida disuasoria que hace que los patrones se vuelvan de forma automática prudentes con la velocidad pero se debe tener en cuenta que los agentes pasan la mayor parte del día en fuera del puerto realizando sus labores habituales de vigilancia.