MEDIO AMBIENTE

FAUNA MARINA

Nuestros vecinos los tiburones

No es ningún secreto: el gran tiburón blanco, considerado el mayor depredador de los océanos, también vive en el Mediterráneo. Existen descripciones desde la antigua Grecia. Algunas fotografías de ejemplares muertos prueban que uno de los seres vivos más misteriosos del planeta -apenas nada se sabe sobre sus hábitos- nunca ha dejado de estar ahí.
JUAN POYATOS

En el Mar Balear vive el gran blanco desde siempre, aunque no se sabe si entra y sale del Mediterráneo o vive aquí todo su ciclo vital. Se desconoce cuál es su talla máxima (se calculan unos 7 metros) o dónde se aparea y pare. También se desconoce si habita en pequeños grupos o en solitario, si recorre zonas determinadas o si es totalmente nómada. No se ha visto nunca su nacimiento y no se sabe si viaja de Australia a California, de Sudáfrica al Mediterráneo, o si cada una de estas poblaciones es local y en nada emparentada con las otras de otros lugares del mundo. Todo un cúmulo de misterios y desorden, acrecentado por su escasez y gran movilidad global.

De lo que no cabe duda es que siempre han estado en el Mediterráneo. Los griegos ya lo describen en las batallas navales como una “pesadilla peor que el propio enemigo”. En la edad media se capturaban entre Marsella y Menorca (dicen que apareció uno muerto en la costa con una armadura completa en su interior). En la edad moderna se sabe que devoraban los cadáveres arrojados al mar por los marineros sicilianos. A finales del siglo XIX se capturaban en la misma Bahía de Palma, normalmente cerca de Cabo Blanco. En el inicio del siglo XX el capitán Garau, de la guarnición de Cabrera, fue el único humano muerto oficialmente en Baleares por el ataque de un tiburón en estas aguas, como así consta en su parte de defunción.



Tiburón capturado en la Bahía de Palma y trasladado al Club Marítimo Molinar de Levante en los años 70.



Existen decenas de fotografías y algunas imágenes en súper 8 de los años 70 de grandes tiburones blancos pescados en aguas de estas islas. No hay duda de que en Baleares, y desde hace siglos, tal vez milenios, los grandes blancos han sido visitantes o residentes. De hecho, en la época de los dinosaurios, cuando Mallorrca estaba sumergida o sólo emergían algunos picos de las montañas, patrullaban estas aguas los gigantescos Megalodones. Se han encontrado sus dientes en diversos lugares de Mallorca y pueden verse en diferentes museos de las islas.

No hace muchos años se creía que los tiburones blancos y las tintoreras entraban y salía del Mediterráneo por el Estrecho de Gibraltar o por el Canal de Suez. Esta visión no es propia de un buen marino, que sabe de la enormidad de nuestro mar, su biodiversidad y ferocidad. Pensar en el Mediterráneo como una enorme “piscina” es un error. Aquí hay de todo: ballenas, focas (sobre todo, hoy, en el norte de África y Grecia), delfines, calderones y, como no, enormes tiburones de diversas especies.

Hoy sabemos, o creemos saber, que los grandes blancos viven y se reproducen aquí describiendo su ciclo vital completo en el Mediterráneo. Tampoco es cierta la idea de que puede haber más en el Adriático, en Túnez o en el estrecho de Sicilia. Allí se rellenan en rojo los mapas de población del gran blanco y aquí se dejen en rosa o en interrogación, simplemente porque aquí no se ha hecho nunca un estudio oficial. En Italia, por ejemplo, hay departamentos universitarios específicos para el estudio de los tiburones blancos. Aquí los ignoramos.



Ejemplar capturado en Pollensa.



Escasos, esquivos y solitarios, el blanco realiza migraciones en función de la temperatura del agua (es una animal muy termosensible), vive en invierno más cerca de las costas, descendiendo a mayores profundidades a medida que el agua de la superficie se calienta con la llegada de la primavera. Siempre se mueve en agua a menos de 13 grados de temperatura, lo que provoca que realice migraciones verticales y que la altísima temperatura de nuestras aguas costeras suponga para esta especie una “barrera térmica” natural que hace que no se produzcan encuentros entre bañistas veraniegos y los tiburones blancos del Mar Balear. Otra cosa es en la costa Oeste de Estados Unidos, Australia o Sudáfrica, donde el agua está siempre fría y los tiburones están allí casi todo el tiempo. Aquí, para nuestra fortuna, se acercan a las costas en invierno y durante la noche, y se alejan a otras profundidades en verano.

Los estudios más avanzados determinan que posiblemente en el Mediterráneo Occidental existen pequeños grupos medios aislados entre el Adriático, Túnez y el Golfo de León, realizando recorridos anuales por estas aguas en función de la temperatura y de las migraciones de los grandes túnidos, los mamíferos marinos, tortugas y delfines. Eso dicen los estudios, pero están mucho menos adelantados que los que se hacen hoy en Estados Unidos, donde se han marcado unos 300 ejemplares con emisores GPS que dan su posición cada vez que salen a la superficie.

Algunos expertos se aventuran a afirmar que en el Mediterráneo Occidental viven todo el año algunas decenas de parejas que forman pequeños grupos independientes. Posiblemente se desplazan y cazan en parejas y dentro de pequeños grupos perfectamente jerarquizados por tamaño. Seguramente un grupo de cinco parejas tiene zonas de caza de cientos de miles de kilómetros cuadrados que patrullan constantemente. Todas estas conclusiones son las que hoy son válidas para algunos de los expertos. Sin embargo, no están basadas en estudios concretos, por la escasez y dificultad de seguimiento de estos animales. Posiblemente en el futuro la localización vía satélite y la tecnología genética nos permitirán averiguar si los dientes y restos de los tiburones capturados en Mallorca en los setenta y ochenta son de ADN igual a los del hemisferio Sur. Por su parte, la tecnología GPS, ya efectiva en EEUU, permitirá en breve seguir en el Mediterráneo durante parte de su vida a los animales marcados. Por el momento todo son hipótesis y extrapolaciones a lo verificado en California.

1960-1972: el "boom" de las capturas 

La treintena de tiburones blancos de los que se tiene registro en Baleares fueron capturados y fotografiados entre 1960 y 1972 en Mallorca. De los largos relatos aportados por los pescadores profesionales de las islas que participaron en las capturas de estos escualos se pueden extraer las siguientes conclusiones:

-Todos fueron capturados usando almadraba.

-Antes de 1960 también se pescaron, aunque al parecer en menor cantidad, ya que el arte estaba elaborado con tejidos naturales más débiles.

-Siempre se capturaron blancos en invierno, normalmente con mal tiempo, lo que impediría al animal detectar o ver la red entre el oleaje y el agua turbia.

-Algunos de estos pescadores capturaron hasta tres blancos en una sola semana (Pep Domingo) y hasta diez en pocos años (Pep Borrás).

-Únicamente entre 1960 y 1972 se utilizó en Mallorca la almadraba de nylon moderna, por lo que podemos deducir que la captura de entre 20 y 30 tiburones blancos en ese periodo se debe a que éste es el único arte de pesca capaz de atrapar y retener a un gran blanco.

Desde los años 80, con la proliferación de la motorización de las embarcaciones, no se calan en las islas almadrabas, tan solo las llamadas “morunas”, similares pero de mucho menor porte y sólo en verano.

Las especies de Baleares

Los tiburones bentónicos, los que pasan en el Mar Balear todo su ciclo vital ligados al fondo, son por lo general más pequeños (excepto el cañabota o durmiente, que puede medir hasta 5,5 metros) y de gran profundidad. Son tiburones que nacen, se reproducen y mueren en el Mar Balear, sin alejarse normalmente de las costas. Son, por poner algunos ejemplos, la pintarroja, la musola, el bocadulce, la cañabota, el tiburón clavo, el negrito, el alitán, el olayo, la musola pinta, el tiburón cerdo, la mielga, el galludo, el quelvacho, la pailona, el pez ángel, etc. Todos ellos constatados, catalogados y datados en esta zona del Mar Balear. Estos tiburones están perfectamente definidos en las guías y publicaciones científicas. Son animales generalmente de fondo, nadadores menos potentes que los de mar abierto, suelen encontrarse en zonas profundas de la costa Balear, donde hay fosas de casi 3000 metros de profundidad, prácticamente sin explorar y a sólo unas millas de Cabrera.

Entre los tiburones pelágicos, los que tienen al Mar Balear en sus rutas habituales, encontramos a los nadadores incansables que migran por el Mare Nostrum o bien entran y salen por el Estrecho para dirigirse al Atlántico. Son tiburones generalmente más grandes y potentes que los residentes todo el año y suelen pescarse o avistarse en épocas determinadas, en función de sus ciclos migratorios. Entre los pelágicos podemos citar a la tintorera, el marrajo, el tiburón cobre, la cornuda o martillo, el peregrino, el zorro, el gran tiburón blanco, el cailón o el cazón.