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Una científica entre el Mediterráneo y el Ártico

Marina Sanz-Martín (Albacete, 1988) es doctora en Ciencias del Mar por la Universidad de Barcelona y máster en Cambio Global por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Su tesis doctoral, que acaba de defender, versa sobre los efectos del CO2 en el Ártico y su influencia en el cambio climático.
EMPAR ISABEL BOSCH

Investigadora del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), con sede en Mallorca, y becada por la Fundación la Caixa, ha sido seleccionada como semifinalista del FameLab España 2018, un concurso internacional de monólogos científicos que, considerado como las olimpiadas de la divulgación científica, convoca a participantes de más de 30 países de Europa, Estados Unidos, Asia y África. La fase final nacional del certamen se disputará en Madrid el próximo mes de mayo y la final internacional será en el mes de junio en el Festival Cheltenham de Ciencia.



«Me di cuenta de que a la gente le gustaba que le explicase en qué consiste mi trabajo pero hay un millón de detalles por los que cuesta no perderse cuando lo cuentas. Así que para exponer mejor a qué me dedico tuve que rehacer mi versión y hacerla asequible a quienes me preguntaban», comenta Sanz-Martín y señala que fue por este motivo por el que empezó a participar en las jornadas y talleres de docencia y divulgación científica  que organiza la Asociación de Jóvenes Investigadores de la UIB, de la que es miembro. 



Ha participado en varias campañas oceanográficas en el Ártico a dónde se ha desplazado en cada ocasión con su propio material de investigación, almacenado y trasportado en cuatro palés, tal era su envergadura. A bordo de un barco pesquero noruego reconstruido para la investigación ha instalado y amarrado su laboratorio particular desde el que fundamentar los contenidos de su tesis



Cuenta que la primera experiencia fue muy dura porque viajó en enero, cuando las 24 horas del día son una noche cerrada sin fin y las temperaturas oscilan entre los –15º C y los –20º C. Dice que tuvo suerte porque, a veces, las temperaturas descienden hasta los –40º C. 



A bordo del buque Helmer Hanssen, Sanz-Martín participó en el proyecto noruego Carbon Bridge de la Universidad de Tromso, en aguas de las Islas Svalbard, una región a la que los relatos tradicionales escandinavos llaman, literalmente, «Tierra Fría» y que fue base ballenera de holandeses, españoles e ingleses en los siglos XVII y XVIII. En estas islas también está emplazado el Banco Internacional de Semillas, más conocido como el Arca de Noé vegetal del Juicio Final, una bóveda para preservar millones de semillas, en cuya construcción han participado más de cien países con la financiación del Banco Rockefeller y Microsoft.



Para financiar sus estudios trabajó de buzo en el Palma Aquarium, donde su ocupación era preparar el alimento y dar de comer a las especies marinas. El horario laboral y la investigación académica resultaron incompatibles porque, observa, «en España no hay tradición de adaptar los contratos a las necesidades de quienes quieren estudiar y trabajar», y decidió sustituir su jornada laboral a tiempo completo por otros empleos a tiempo parcial que le permitieran continuar con su investigación, así que optó por impartir clases de inglés en una academia y también se empleó en comedores escolares infantiles.



Buceadora experimentada, su afición a las inmersiones en la costa de Alicante, Valencia y Tarragona determinó su elección de los estudios y el curso de su investigación biogeoquímica «en la columna de agua donde se relacionan atmósfera, océano y tierra», explica.



Sobre su experiencia en el IMEDEA aclara que ha observado «los flujos de carbono en las cadenas tróficas, es decir, qué pasa con el CO2». Compara el ciclo del carbono en los océanos y en tierra: «Las algas y plantas marinas consumen CO2 al igual que las plantas en la tierra y, cuando esto ocurre, en el mar se crea un vacío, una necesidad del CO2 de la atmósfera dentro del mar. Las alteraciones que se derivan son el objeto de las investigaciones en las que participo. El mar puede ser un sumidero y una fuente de carbono. De ahí la importancia de las praderas de posidonia en el Mediterráneo. «La posidonia es una planta, no es un alga, y cuando muere crea rizomas que son almacenes de carbono. Las anclas de las embarcaciones remueven los rizomas e impiden que el carbono se sedimente y almacene, contribuyendo al cambio climático». A raíz de sus investigaciones opina que «uno de los mayores problemas ecosístemicos de la costa de Mallorca es el arrase de las praderas de posidonia con ancla y, por muchas figuras de protección que se hayan implantado, es evidente para la ciencia que no son suficientes».

Concluida su tesis doctoral, Sanz-Martín se plantea dónde cursar su próximo posdoctorado pero, por ahora, cree que se merece unos meses de descanso antes de embarcarse en proyectos nuevos.