MEDIO AMBIENTE

ECOLOGÍA

Antártida, el último parque temático del planeta

El navegante mallorquín Javier Sansó denuncia la masificación del continente helado y las presiones recibidas de una empresa asociada a la IAATO para cobrarle 55.000 dólares por un servicio practicaje que no necesitaba. Critica la delegación de la gestión medioambiental que hacen los países firmantes del Tratado Antártico en una “organización privada”
JOSÉ LUIS MIRÓ

“Guía: 600 euros al día. Piloto de hielo: 700 euros al día. Precio especial por el paquete entero: 1.000 euros al día. Total por 18 días: 18.000 euros. Más 4.000 de gastos de viaje. Días de reunión: 2.000 euros. Más otros gastos y equipos. En total, calculo que la contratación de nuestros servicios ascenderá a 55.000 dólares”.



Este es el presupuesto que una de las empresas asociadas a la IAATO (International Association of Antartica Tour Operatorts) presentó hace unos meses al capitán español Javier Sansó ofreciéndole asistencia técnica en su travesía desde Ushuaia hasta la Antártida y que él rechazó al considerar que cuenta con experiencia y conocimientos suficientes para realizar la expedición sin ayuda externa.



Hasta aquí todo normal. Una empresa privada ofrece  unos servicios a un potencial cliente y éste decide no aceptarlos. El problema es que la negativa a “pasar por el aro de la IAATO” le está trayendo no pocos quebraderos de cabeza al experimentado navegante mallorquín, regatista que ha completado dos vueltas al mundo y que en 1996 lideró unas de las primeras expediciones recreativas a la Antártida a bordo de la goleta Rael.



“Les comuniqué que no me interesaban sus servicios y ellos me advirtieron de que darían parte al Comité Polar Español (CPE), lo que me consta que hicieron. Yo navego en un yate con bandera de Malta y cumplo de sobras todos los requisitos medioambientales que exigen el Tratado Antártico y el Protocolo de Madrid, y no creo estar obligado a contratar un servicio de practicaje privado de 55.000 dólares por algo que puedo hacer perfectamente con mi propia tripulación y después de haber obtenido una autorización de las autoridades argentinas”, explica Sansó, incrédulo ante la reacción de la IAATO y del gobierno español, que, en lugar de defender su derecho a navegar libremente por unas aguas que carecen de jurisdicción, acusó recibo del chivatazo e informó de que investigaría el caso. “¿Qué caso? –protesta el capitán español, al mando de un velero de 60 metros que está dando la vuelta al mundo– Es una empresa privada   y no tengo por qué pagarles por algo que no necesito”.



"SE CREEN LOS DUEÑOS"



El incidente abre un debate apenas abordado sobre el papel que la IAATO desempeña en la Antártida. Según Sansó, esta organización de turoperadores “parece arrogarse poco menos que la propiedad de esas aguas”. Un experto en derecho marítimo consultado por Gaceta Náutica es tajante: “No hay ley válida para juzgar actos producidos por barcos en aguas polares; menos aún para obligar a un patrón o capitán de un barco a tomar práctico, pues no hay ningún convenio que regule estos hechos, dado que las aguas no son de nadie, y los convenios internacionales solo dan sugerencias. En todo caso será la justicia de la bandera del barco la que pueda plantear alguna acción, a instancia de las organizaciones polares, pues cuando un capitán toma el mando de un buque se somete exclusivamente a la justicia del país cuya bandera iza en su mástil de popa, no a la de su pasaporte. El que las organizaciones polares deleguen en la IAATO y sus empresas asociadas ciertas competencias nos le otorga poder alguno sobre los barcos que navegan por esas aguas”.



De acuerdo con esta tesis, Javier Sansó no tendría de qué preocuparse, pero lo cierto es que en un correo electrónico del CPE dirigido a la empresa de practicaje que llegó con copia al propio patrón se lee lo siguiente: “Muchas gracias por la advertencia sobre este capitán y el buque; por favor, manténganos informados, es la primera noticia que tenemos al respecto. Estamos estudiando las posibilidades de tomar algunas acciones”.



Gaceta Náutica preguntó al CPE sobre el funcionamiento de las expediciones antárticas y los poderes de la IAATO. La respuesta fue que “cualquier actividad que España o un nacional español desarrolle en la Antártida, ya sea científica, turística, gubernamental o no gubernamental, debe cumplir la normativa derivada de la firma del Tratado Antártico y Protocolo de Madrid”. El CPE, de acuerdo con esta información, es responsable de exigir una serie de normas ambientales “con independencia de las medidas que IAATO puede adoptar en el desarrollo de las expediciones realizadas por operadores asociados a su estructura”.



Sansó afirma que la expedición privada que capitanea cumple con todas la normativa de protección del medio ambiente y seguridad del Tratado Antártico, y que no tiene problema en entregar a las autoridades competentes la documentación que lo acredita, aunque no alcanza a comprender por qué la IAATO funciona, de facto, como una policía de las aguas del océano Antártico: “Yo no me plegué a sus exigencias porque lo consideré injusto, pero habría que preguntarse cuántos barcos prefieren pagar por ahorrarse el lío que me está trayendo este asunto”.



MASIFICACIÓN



El capitán español, que en 2013 consiguió circunnavegar el globo a bordo del único barco 100% ecológico de la historia de la regata Vendée Globe (vuelta al mundo sin escalas ni ayuda exterior), se muestra muy crítico con la gestión del medio ambiente en la Antártida y no duda en afirmar que “hay un exceso de turismo en la zona”.



Desde que estuvo allí en los años 90 ha visto “un incremento desmedido” del número de cruceros que alcanzan las latitudes polares. “Los más grandes están sólo de paso, pero hay 20 barcos para unos 500 pasajeros que realizan 20 viajes por temporada. Salen de Ushuaia, están 15 días en la Antártida y vuelven a subir. ¡Esto es una barbaridad! Resulta que se está reduciendo el CO2 en todo el planeta menos ahí abajo. Por lo que pude saber se están construyendo seis nuevos cruceros. Y no es raro, son un negocio muy rentable, la gentes está pagando entre 10.000 y 25.000 dólares por viaje, dependiendo de la duración. Es una travesía muy corta, con mar plano llegan en un día y medio hasta la isla de Decepción o las Shetland del sur. Me parece flipante que mientras aquí en Mallorca hablamos de limitar los cruceros por lo que contaminan, en el santuario de la Antártida sea un sector en expansión. Algo no cuadra”, denuncia  Sansó.