MEDIO AMBIENTE

 

El alcalde de Sóller y la barcofobia

Vamos a ver si aclaramos de una vez por todas a la izquierda y a los nacionalistas balearicos unas cuantas cosas. Primera, que nuestros Ayuntamientos no tienen competencia legal alguna en la ordenación marítima del mar balear. Ni en su superficie ni bajo su superficie. Y sin que importe en absoluto que tengan o no calas, playas, varaderos, astilleros y puertos en su territorio municipal costero. 

Segunda, que los Ayuntamientos tampoco tienen ninguna competencia sobre la navegación, naval o recreativa, en sus aguas marinas costeras o de alta mar. 



Y tercera, que cualquier actuación municipal en cualquiera de estos dos ámbitos antedichos es nula de pleno derecho a excepción que previamente haya sido autorizada por los organismos competentes directamente dependientes de los ministerios de Fomento, Medio Ambiente y Defensa del Gobierno de España o, en su defecto, de la comunidad autónoma. ¿Está suficientemente claro?



Así que las recientes declaraciones del alcalde de Sóller, Jaume Servera, y de su regidor de Medio Ambiente, Pep Lluís Puig, ambos del grupo político Més (el primero, por cierto, imputado por supuestos delitos de prevaricación y tráfico de influencias) advirtiendo de que pronto prohibirán el acceso y el libre fondeo en la ensenada de Sóller «porque hay demasiado  barcos» no pasa de ser una sonada alcaldada. Una arbitraria y abusiva manifestación pública. 



Ya es hora de que desde el mundo náutico recreativo todos, repito todos, nos sumemos a ese puñado de voces que han sido hasta el momento quienes se han enfrentado a la chulería, el maltrato y difamación política. Me refiero a los siempre valientes Gabriel Morell, José María Jiménez, Biel Dolç, Margarita Dahlberg, Luis Barca, José Ignacio Seguí, Antonio Hernández, Ricardo Ferrer, Juan Poyatos y Manolo Gómez, entre otros, y por supuesto, la combativa Asociación de Clubes Náuticos de Baleares. Porque muchos otros, la gran mayoría, miles de navegantes han estado ausentes y faltaron cuando se les necesitaba. Y así nos ha ido. 



No es efectivo por tanto enfadarse de que los políticos desprecien la construcción de un Museo Marítimo y por el contrario dediquen cuatro millones de euros a la construcción de un Museo Ferroviario. Como si el ferrocarril fuera más tradicional y «més nostre» que la náutica. Los políticos dicen lo que dicen y hacen lo que hacen porque saben que el mundo náutico no está unido.



No nos ha de extrañar por consiguiente que nos tomen el pelo y que las autoridades no nos reciban en sus despachos. Si no protestamos siquiera cuando no nos dan ni un euro en subvenciones deportivas, si permitimos que alcaldes de  de poca o ninguna importancia, quieran prohibirnos acceder y fondear en nuestro mar, que no es suyo. Ya está bien. 



Ya mismo yo me opongo con mis palabras al alcalde barcófobo Jaume Servera, que además es de Més, el partido político que siempre ha predicado que los imputados han de dimitir y todavía él, imputado  por el Juzgado de Instrucción Penal nº5, sigue fondeado en su silla edilicia y en su cargo. Yo me opongo a un alcalde que pontifica sobre un exceso de barcos que nunca se ha dado en Sóller y que evidencia su ignorancia náutica desconociendo que el de Sóller es el más calificado puerto refugio de todas las Baleares.



Yo me opongo a un alcalde que pretende regular el fondeo en la ensenada de Sóller para que el Ayuntamiento regule un fondeo de pago para hacer «caja». Ignorando que si pretende dicha concesión marítima su Ayuntamiento ha de participar en igualdad de condiciones a un concurso público con el resto de licitadores que también la pretendan. 



Y me opongo a que intente darnos una conferencia sobre la posidonia oceánica quien siendo alcalde permite que su depuradora pública de aguas residuales inunde cada dos por tres de restos fecales las aguas de toda la ensenada, contaminándola entera. ¿Cómo tiene tal atrevimiento? No cavilen mucho, yo les doy la respuesta: porque los amantes del mar, simplemente se lo permitimos. ¿O no?