OPINION

TINTA DE CALAMAR

 

Un cuento de agosto (I)

Diego Riera
Lo cierto es que este ginet estaría mejor con un poco de hielo, sentenció Bermudo.
Hubieras cogido de la caja, betzol!– respondió entre risas Dominique, el francés.
El día llegaba a su fin, Pedrete jugaba entre las piedras del puerto de Ciutadella, Bermudo y Dominique bebían un trago y el Arcángel descansaba abarloado al Coloma de Cosme Orell con el que habían coincidido en el puerto.

Dos días antes unos señores distinguidos habían llegado al Port de Pollença proponiendo un encargo tan absurdo que Bermudo no supo decir que no: transportar un cargamento de hielo hasta Ciutadella, donde una señora suspiraba por los granizados que tomaba en Aranjuez antes de que destinaran a su familia a Menorca.



El plan era sencillo, traerían el hielo de madrugada desde una casa de neu del Puig Tomir, lo subirían al barco, envolverían las cajas en unas mantas que a su vez las mantendrían empapadas todo el camino y llegarían tan rápido como fuera posible a la isla vecina.



Una cantidad por el viaje y otra por kilo de hielo que llegara. Un plan perfecto, ¡nada podía fallar! Bermudo Bocanegra disponía de un excelente velero, el Arcángel, una goleta franca de pequeño porte, casi un barco de señora, con lo palos ligeramente caídos a popa y un bauprés que le daba al conjunto un aire fino y raso.



La mayor, mesana y los tres foques, además de la escandalosa y la fisherman hacían del velero un gran barloventeador. La goleta era una extraña entre los llaüts y faluchos que se veían por las islas, su origen norteamericano la delataba pero la disposición de las velas la hacía muy eficaz y fácilmente manejable por tres personas.



–Bien, mañana al alba traigan con una pastera el cargamento al barco, nosotros estaremos fondeados, prestos para salir. Lo cargaremos y con el viento saldremos. Esperemos que sople y que no haga calor.



Del puerto hacia la playa de Albercutx el mar se veía calmo, era un estanque, pero justo desde el muelle hacia Llenaire soplaba un terral que marcaba una lengua de viento en la bahía. Izaron la mesana, Bermudo y Dominique cazaron la vela para que la goleta se mantuviera perfectamente aproada y pasaron a izar la mayor.



Halaban a la vez la driza de pico y a de boca, los garruchos circulares subían por el mástil. Hicieron firmes en las cabillas las drizas y pasaron a izar los foques. Soplaba poco y había que aprovechar todo el trapo.



–Pedrete, coge la caña! –dijo Bermudo– Saldremos marcha atrás.



El grumete pensó que eso era imposible. Los fibrosos brazos de Dominique recogieron fácilmente el ancla. Bermudo soltó la escota, empujó la botavara hasta dejar la mesana cruzada al barco. La vela se hinchó y la goleta comenzó a retroceder.



–¡Toda la caña a la banda de babor!



El niño así lo hizo y el barco comenzó una lenta curva. Las demás velas dejaron de flamear, todos los foques pasaron a sotavento. Cazaron la mayor y dejaron pasar suavemente la botavara de la mesana a su lugar natural. Bermudo cogió la caña, tiró de ella hacia barlovento y fueron soltando escotas una a una para el rumbo al largo que llevaban.



Próxima parada: Ciutadella.



 

El tesoro de Al-Quir-Oga

Bermudo todavía no sabía cómo se había embarcado en este viaje, pero lo cierto es que bajaba con un levante bonacible toda la costa mallorquina con los cuatro tigres de Mompracem. Habían invitado a don Luis –un antiguo oficial de la Armada– a una parada naval en Palma y entre éste y Juan, el jefe del puerto, habían pensado que la goleta Arcángel sería el velero perfecto para engalanar con un pavés y saludar a las autoridades pero, ¡ay!, ellos iban por tierra, así que, como era verano, Bermudo formó una tripulación con Pedrete, Xavi, Mateo y Biel.


 

Tras la estela del Adamastor

Alguna vez les he hablado de Jacinto Antón. En sus artículos es capaz de comenzar en el Rift Valey africano y acabar con algún príncipe austrohúngaro. Al estilo de los 6 grados de separación pero incluyendo hechos y cosas en los eslabones intermedios. Prepárense.


LITERATURA

Libros de aventuras para Sant Jordi

¿Qué les voy a contar que no sepan? Me chiflan las novelas de aventuras, pasar una tarde con Sandokán, Yáñez y el resto de Tigres de Mompracem no tiene precio.


RELATO

Bermudo Bocanegra, de Orán a Pollensa

Tras varias entregas sobre sus andanzas por el norte de Mallorca, conocemos por fin el origen del personaje creado por Diego Riera


 

Tigres de Mompracem

16 de julio, Virgen del Carmen, patrona de los marineros y fiesta en casa de los Capllonch. Se reunían unas cuantas familias para comer y Bermudo estaba invitado. La cocina hervía de trabajo y unos cuantos hombres contaban historias y aventuras mientras cortaban las verduras.


 

Libros por Sant Jordi

Abril es un mes magnífico, ha llegado la primavera, han cambiado la hora, se puede navegar hasta tarde y, además, tenemos Sant Jordi, una excusa perfecta para regalar libros. Les voy a recomendar los últimos libros que he leído, una relectura y un libro que no he leído pero he regalado.


 

La montaña y los políticos

La montaña es atractiva, por eso atrapa a tanta gente. Desde los que sólo quieren sentarse en el porche de su casa y ver cómo estallan los colores de la alborada en el Puig Tomir hasta los que hacen trial. Y, en medio, todos los demás, los que les gusta caminar, los que acampan, los que corren, los cazadores y también los espeleólogos.

 

Ciutat de Palma, cuestión de cariño

Una regata así sólo sale si se pone cariño, dedicación y muchos esfuerzo, y porque todo está orientado a que el deportista sólo se preocupe de competir.


 

Un cuento de agosto (II)

Hacía ya una hora que había salido el sol y toda la paleta de azules, añiles, morados y rojos habían dado paso a un medallón dorado colocado cuatro dedos sobre el horizonte. El Arcángel se arrastraba con los últimos coletazos del terral ya en el extremo de la bahía.

 

El "salva"

Algunos artículos se escriben solos. Simplemente hay que relatar lo que ocurre e, incluso, echar de menos a Juan Enseñat y a Jaime Darder durante el happening. Estos son capaces de hacer una chirigota en el momento.

 

Patos de goma, náufragos de plástico

Reseña del libro Moby Duck de D. Hohn