OPINION

TINTA DE CALAMAR

 

La montaña y los políticos

Diego Riera
La montaña es atractiva, por eso atrapa a tanta gente. Desde los que sólo quieren sentarse en el porche de su casa y ver cómo estallan los colores de la alborada en el Puig Tomir hasta los que hacen trial. Y, en medio, todos los demás, los que les gusta caminar, los que acampan, los que corren, los cazadores y también los espeleólogos.

El mar –permítanme que lo diga– es todavía más atractivo y reúne en torno a él otro grupo de fanáticos que somos nosotros. Todos compartimos la locura de estar en un medio inestable, separados por centímetros de madera o milímetros de fibra de un profundo mar con todas sus posibilidades de aventuras aún intactas. Y ya es complicado: por aquí han pasado gente como los fenicios, Antoni Barceló o Alain Bombard.



Pero en tierra, ¡ay!, los terráqueos nos ven como los que usan barcos o, en algún momento, un puerto. Ese es el máximo común divisor para todos ellos y especialmente para la mayoría de los políticos.



Aquí doy con el excelente artículo del señor Dols que la Gaceta Náutica publicó el mes pasado y con el que estoy completamente de acuerdo en que la vela es un deporte que no exige instalaciones municipales pagadas por todos, que no es más caro/raro que los que se gastan su dinero en una finquita o en una bicicleta de montaña y que falta inversión institucional en la náutica. Sin embargo no estoy de acuerdo en que los políticos de uno u otro color hayan de tener cierta sensibilidad por nosotros.



En la náutica hay dos problemas principales, dependemos de una legislación de marina mercante y somos un grupo muy amplio. Recuerden que también se mete a espeleólogos y cazadores en el mismo saco. Hay, también, un cuello de botella, los políticos.



Estos llegan a un despacho y un día reciben a alguien que les habla de vela infantil, al día siguiente están en la presentación del Princesa Sofía y el tercer día se entrevistan con las empresas de charter. Ellos, que son terráqueos, sólo ven embarcaciones y creen que una regata de cruceros es una carrera entre un Costa y un MSC. Por último hay una pescadilla que se muerde la cola: para cambiar la legislación nos hacen falta los políticos.



Se supone que en este párrafo debería dar una solución pero lo cierto es que no se me ocurre cómo hacer ver la diversidad de personas e intereses que hay en el mar a un señor que está en un despacho.



No sé si debemos enviar a un cónsul plenipotenciario o un representante de cada sector, si hay que secuestrar a un político y subirlo a un velerito para que vea que no todo son yates, helicópteros y blinis de caviar o… ¿Qué harían ustedes?



¿Cómo podemos explicar que los mismos que salen a pescar luego quieren fondear un rato?, ¿o que una instalación portuaria también alberga un club deportivo? Yo quiero una unidad –y además la veo– pero tal vez debamos presentarnos frente a los políticos cada sector por su cuenta, como los que aman la montaña. El ejemplo más claro es que no existe una Gaceta Montañesa.



 

El tesoro de Al-Quir-Oga

Bermudo todavía no sabía cómo se había embarcado en este viaje, pero lo cierto es que bajaba con un levante bonacible toda la costa mallorquina con los cuatro tigres de Mompracem. Habían invitado a don Luis –un antiguo oficial de la Armada– a una parada naval en Palma y entre éste y Juan, el jefe del puerto, habían pensado que la goleta Arcángel sería el velero perfecto para engalanar con un pavés y saludar a las autoridades pero, ¡ay!, ellos iban por tierra, así que, como era verano, Bermudo formó una tripulación con Pedrete, Xavi, Mateo y Biel.


 

Tras la estela del Adamastor

Alguna vez les he hablado de Jacinto Antón. En sus artículos es capaz de comenzar en el Rift Valey africano y acabar con algún príncipe austrohúngaro. Al estilo de los 6 grados de separación pero incluyendo hechos y cosas en los eslabones intermedios. Prepárense.


LITERATURA

Libros de aventuras para Sant Jordi

¿Qué les voy a contar que no sepan? Me chiflan las novelas de aventuras, pasar una tarde con Sandokán, Yáñez y el resto de Tigres de Mompracem no tiene precio.


RELATO

Bermudo Bocanegra, de Orán a Pollensa

Tras varias entregas sobre sus andanzas por el norte de Mallorca, conocemos por fin el origen del personaje creado por Diego Riera


 

Tigres de Mompracem

16 de julio, Virgen del Carmen, patrona de los marineros y fiesta en casa de los Capllonch. Se reunían unas cuantas familias para comer y Bermudo estaba invitado. La cocina hervía de trabajo y unos cuantos hombres contaban historias y aventuras mientras cortaban las verduras.


 

Libros por Sant Jordi

Abril es un mes magnífico, ha llegado la primavera, han cambiado la hora, se puede navegar hasta tarde y, además, tenemos Sant Jordi, una excusa perfecta para regalar libros. Les voy a recomendar los últimos libros que he leído, una relectura y un libro que no he leído pero he regalado.


 

Ciutat de Palma, cuestión de cariño

Una regata así sólo sale si se pone cariño, dedicación y muchos esfuerzo, y porque todo está orientado a que el deportista sólo se preocupe de competir.


 

Un cuento de agosto (I)

Lo cierto es que este ginet estaría mejor con un poco de hielo, sentenció Bermudo. Hubieras cogido de la caja, betzol!– respondió entre risas Dominique, el francés. El día llegaba a su fin, Pedrete jugaba entre las piedras del puerto de Ciutadella, Bermudo y Dominique bebían un trago y el Arcángel descansaba abarloado al Coloma de Cosme Orell con el que habían coincidido en el puerto.

 

Un cuento de agosto (II)

Hacía ya una hora que había salido el sol y toda la paleta de azules, añiles, morados y rojos habían dado paso a un medallón dorado colocado cuatro dedos sobre el horizonte. El Arcángel se arrastraba con los últimos coletazos del terral ya en el extremo de la bahía.

 

El "salva"

Algunos artículos se escriben solos. Simplemente hay que relatar lo que ocurre e, incluso, echar de menos a Juan Enseñat y a Jaime Darder durante el happening. Estos son capaces de hacer una chirigota en el momento.

 

Patos de goma, náufragos de plástico

Reseña del libro Moby Duck de D. Hohn