OPINION

TINTA DE CALAMAR

 

El "salva"

Diego Riera
Algunos artículos se escriben solos. Simplemente hay que relatar lo que ocurre e, incluso, echar de menos a Juan Enseñat y a Jaime Darder durante el happening. Estos son capaces de hacer una chirigota en el momento.
Domingo, saco la piragua y me entretengo con los niños montando una batanga a ver qué tal va (ya les contaré cuando le monte una vela cuadrilonga de pallete). En nuestro lado de la playa hay otra pareja –más o menos del a misma edad que nosotros- con dos niños y dos tablas de surf que usan para hacer paddle. Un vecino de 10 años juega con un tablón Ten Cate o Windsurfer por la orilla entre su casa y la siguiente.



De repente, el drama. Un socorrista persigue al vecino, silbato en ristre, y le amonesta. El chico intenta irse pero el socorrista se pone flamenco, habla de una amonestación y de la policía local. Me acerco y le digo al niño que escuche, cuando el socorrista acaba el chico se va a casa.

El otro matrimonio y yo flipamos por la actitud del salvavidas. Nos faltó tiempo al otro chico y a mi para subirnos a nuestros artefactos flotantes y salir a remar. ¡Sí, a provocar, a lo loco!

Efectivamente, golpe de silbato e intento de bronca. Para que todo sea más fluido sale de casa el tío Tito y demuestra una vez más por qué no hizo carrera diplomática. El socorrista se defiende muy bien tratando de hablar con tres personas a la vez pero en el absurdo de la discusión él dice ser el responsable de la playa pero sólo hasta el siguiente muelle, más allá podemos remar, son aguas no vigiladas (y, suponemos, que salvajes).



Todo esto se lo cuento por dos motivos. La costa, que es del Estado, está transferida a la Comunidad Autónoma y por algún motivo la playa le corresponde al Ayuntamiento que cede la gestión a la asociación de vecinos, que son los que ponen al socorrista. Un socorrista que se cree imbuido de una potestad especial. Un absurdo. El otro motivo es igualmente preocupante. Cuando acabó el sainete unos vecinos ingleses me comentaron que pensaban comprarse un paddle surf pero ahora no sabían si hacerlo porque no podrán remar delante de casa. ¡Ostras! todo el rollo sobre la inseguridad jurídica es cierta. Es posible que se venda una tabla menos por la interpretación estricta de unas normas por parte de un socorrista.



¡Luis García Berlanga que estás en los cielos, asístenos!


 

El tesoro de Al-Quir-Oga

Bermudo todavía no sabía cómo se había embarcado en este viaje, pero lo cierto es que bajaba con un levante bonacible toda la costa mallorquina con los cuatro tigres de Mompracem. Habían invitado a don Luis –un antiguo oficial de la Armada– a una parada naval en Palma y entre éste y Juan, el jefe del puerto, habían pensado que la goleta Arcángel sería el velero perfecto para engalanar con un pavés y saludar a las autoridades pero, ¡ay!, ellos iban por tierra, así que, como era verano, Bermudo formó una tripulación con Pedrete, Xavi, Mateo y Biel.


 

Tras la estela del Adamastor

Alguna vez les he hablado de Jacinto Antón. En sus artículos es capaz de comenzar en el Rift Valey africano y acabar con algún príncipe austrohúngaro. Al estilo de los 6 grados de separación pero incluyendo hechos y cosas en los eslabones intermedios. Prepárense.


LITERATURA

Libros de aventuras para Sant Jordi

¿Qué les voy a contar que no sepan? Me chiflan las novelas de aventuras, pasar una tarde con Sandokán, Yáñez y el resto de Tigres de Mompracem no tiene precio.


RELATO

Bermudo Bocanegra, de Orán a Pollensa

Tras varias entregas sobre sus andanzas por el norte de Mallorca, conocemos por fin el origen del personaje creado por Diego Riera


 

Tigres de Mompracem

16 de julio, Virgen del Carmen, patrona de los marineros y fiesta en casa de los Capllonch. Se reunían unas cuantas familias para comer y Bermudo estaba invitado. La cocina hervía de trabajo y unos cuantos hombres contaban historias y aventuras mientras cortaban las verduras.


 

Libros por Sant Jordi

Abril es un mes magnífico, ha llegado la primavera, han cambiado la hora, se puede navegar hasta tarde y, además, tenemos Sant Jordi, una excusa perfecta para regalar libros. Les voy a recomendar los últimos libros que he leído, una relectura y un libro que no he leído pero he regalado.


 

La montaña y los políticos

La montaña es atractiva, por eso atrapa a tanta gente. Desde los que sólo quieren sentarse en el porche de su casa y ver cómo estallan los colores de la alborada en el Puig Tomir hasta los que hacen trial. Y, en medio, todos los demás, los que les gusta caminar, los que acampan, los que corren, los cazadores y también los espeleólogos.

 

Ciutat de Palma, cuestión de cariño

Una regata así sólo sale si se pone cariño, dedicación y muchos esfuerzo, y porque todo está orientado a que el deportista sólo se preocupe de competir.


 

Un cuento de agosto (I)

Lo cierto es que este ginet estaría mejor con un poco de hielo, sentenció Bermudo. Hubieras cogido de la caja, betzol!– respondió entre risas Dominique, el francés. El día llegaba a su fin, Pedrete jugaba entre las piedras del puerto de Ciutadella, Bermudo y Dominique bebían un trago y el Arcángel descansaba abarloado al Coloma de Cosme Orell con el que habían coincidido en el puerto.

 

Un cuento de agosto (II)

Hacía ya una hora que había salido el sol y toda la paleta de azules, añiles, morados y rojos habían dado paso a un medallón dorado colocado cuatro dedos sobre el horizonte. El Arcángel se arrastraba con los últimos coletazos del terral ya en el extremo de la bahía.

 

Patos de goma, náufragos de plástico

Reseña del libro Moby Duck de D. Hohn