LA CARTA NAUTICA

 

Furor ecologista

La ignorancia es el principal caldo de cultivo para el éxito de la ecología distópica: la que nos vende el fin del mundo por causas antropogénicas evitables. Miles de informes, conferencias, congresos y subvenciones públicas y privadas hacen de sus miembros destacados personas económicamente privilegiadas. Su representante internacional más conocido sea quizá Al Gore, defensor a ultranza de la teoría del calentamiento global, dueño de una mina de cinc y frecuente viajante en jet privado. Un ecologista ejemplar de medio millón de dólares por conferencia.

La ignorancia es el principal caldo de cultivo para el éxito de la ecología distópica: la que nos vende el fin del mundo por causas antropogénicas evitables. Miles de informes, conferencias, congresos y subvenciones públicas y privadas hacen de sus miembros destacados personas económicamente privilegiadas. Su representante internacional más conocido sea quizá Al Gore, defensor a ultranza de la teoría del calentamiento global, dueño de una mina de cinc y frecuente viajante en jet privado. Un ecologista ejemplar de medio millón de dólares por conferencia.



En nuestro pequeño mundo local tenemos también un omnipresente representante, Manu San Félix: un mediático biólogo marino y exitoso empresario, con supuestos intereses económicos en la mamandurria ecológica de la posidonia.



Este verano sus exabruptos posidónicos nos han atragantado el desayuno día sí, día también. Nuevas amenazas distópicas de plazo corto, como que se han perdido 300 millones de plantas de posidonia en cuatro años en Illetas de Formentera, por culpa de los fondeos de embarcaciones de gran eslora; o que en menos de diez años desaparecerá la posidonia, las playas y miles de especies del Mediterráneo occidental si seguimos fondeando tan a lo loco. El remate es cuando se pone en plan Zapatero a oler las nubes: «A la posidonia se lo debemos todo, hasta el aire que respiramos». Da la impresión de que la cosa mediática le ha hecho perder un poquito el norte, o que sus dispersos pensamientos han pasado a una fase superior de difícil comprensión a los mortales.



La exageración es una costumbre propia de los baleares pero no la culpabilización falaz. Pienso que la argumentación de culpar únicamente a los fondeos de embarcaciones no es fruto de la supina ignorancia que se vislumbra, sino que podría ser fruto de intenciones más vulgares y terrenales: las económicas.



Las empresas vinculadas a San Félix han facturado sólo en el año 2015 cerca de medio millón de euros (fuente: Registro Mercantil). También colabora «altruistamente» con la empresa que ha ayudado a cerca de 3.500 incautos y acojonados capitanes de grandes yates a fondear sobre arena.



Sinceramente, sólo puedo darle la enhorabuena por este perfecto tinglado eco-empresarial que ha montado, y por sus resultados.

La realidad que no interesa a Manu San Félix y que sí han denunciado ecologistas y biólogos marinos menos mediáticos y con más sentido común, como Salud Deudero o Carlos Duarte, es que la verdadera amenaza de esta planta marina no sólo son los fondeos incontrolados sino el progresivo calentamiento o tropicalización del mar Mediterráneo; la proliferación de especies invasoras; la pesca de arrastre; los vertidos de aguas mal depuradas y el empleo de fertilizantes en el campo, que llegan al mar por torrentes y filtraciones de acuíferos. Causas mucho más verosímiles y objetivas.

Lo normal es que la gente no disponga de datos para contrastar estas teorías y las admita como válidas. Cuanto más agresivo y repetitivo es el ponente, más verdaderas parecen. Los medios dan eco a informes tergiversados llenos de medias verdades o a grandilocuentes frases del erigido por El País Semanal como el «salvador de la posidonia» Manu San Félix, porque les hace vender periódicos. El miedo es tan rentable como la ignorancia.



Este furor ecologista sólo es comparable con el furor uterino de nuestra querida Bernarda, que también se supone obedecía a causas económicas. Aunque para nuestro San Félix sea más deseable un final de cordura que un castigo divino.



 

Plata o gloria

Hay cargos públicos que molan, son simpáticos. Incluso imprimen carácter, de tal manera que te pueden elevar a los altares o hacerte parecer ridículo. Como el de ministro de Defensa: acuérdense de Federico Trillo o José Bono, o de los vehementes «viva España» de la socialista Carme Chacón. Una gozada.


 

Navegación sostenible

Para no parecer menos ilustrado que mi querido amigo Diego Riera, empezaré esta carta náutica con una cita de Jean Baptiste Colbert, ministro de Finanzas en la época de Luis XIV de Francia: «El arte de los impuestos consiste en desplumar al ganso de forma tal que se obtenga la mayor cantidad de plumas con el menor ruido».

 

El informe de los seiscientos mil pavos

Cuatro «privilegiados» biólogos marinos se van a gastar seiscientos mil euros de las arcas públicas en hacer un censo de los peces en las reservas marinas de las Islas Baleares.

 

Sal de Mallorca

"Como parece inviable devolver las islas al medievo, los políticos nos presentan un futuro distópico en el que Mallorca aparece arrasada por los turistas y sus despiadados púberes".


 

El Atlas mallorquín

Corría el año 2014 cuando Cataluña adquirió, por sesenta mil euros, un mapa hecho por un tal Guillem Soler. La noticia no redundó, porque era de poco interés. Tampoco redundaron las manifestaciones públicas del adquirente, concejal de Cultura de Barcelona, diciendo que la ciudad había comprado una carta náutica catalana del siglo XIV.


 

Estamos desnortados

¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.

 

Simposio de clubs

Aprovechando la celebración del II Simposio Nacional de Clubs Náuticos, que tendrá lugar en el RCN de Palma a finales de este mes, comentaré un par de temas que creo se han dejado de lado o no están reflejados en su programa y, en mi opinión, deberían tratarse.

 

Un mar de ignorancia

Hay gente cuya ignorancia lucha encarnizadamente con su desconocimiento para hacerse sitio en el hueco de su cabeza, y créanme que lo consiguen. Es el caso de una consellera de mucho peso en el Govern Balear llamada Esperanza Camps, que ha espetado, en referencia a la programación actual de IB3, la siguiente gilipollez: «quiero menos campo, menos mar y más cultura».