LA CARTA NAUTICA

 

Un mar de ignorancia

Juan Enseñat
Hay gente cuya ignorancia lucha encarnizadamente con su desconocimiento para hacerse sitio en el hueco de su cabeza, y créanme que lo consiguen. Es el caso de una consellera de mucho peso en el Govern Balear llamada Esperanza Camps, que ha espetado, en referencia a la programación actual de IB3, la siguiente gilipollez: «quiero menos campo, menos mar y más cultura».

Manolo Barahona, presenta el programa de Gent de la mar de la televisión autonómica. / Foto: IB3



Quiero menos mar y más cultura, ha dicho la señora, con el arrojo y desparpajo que le echa «la Guapi» cuando departe con los medios. Les aseguro que si hubiera dicho semejante majadería en cualquier colegio de antes de la LOGSE le habrían atizado con la regla en la punta de los dedos. Varias veces.



No habiendo sido así, hemos tenido que oír, sobrecogidos, este descomunal derroche de incultura, impropio de una licenciada en ciencias de la información que, como cruel castigo a nuestros excesos, ha devenido en consellera de Cultura. Esa Consellería que se da, normalmente, a gente con una incompetencia cultural perfecta.



No voy a entrar en definiciones semánticas ni hacer una tesis sobre historia, patrimonio, artes, pintores, escritores y todo lo que engloba la cultura del mar, porque perdería el hilo de la misiva que pretendo llegue a sus manos.



La nueva consellera de Cultura pretende eliminar los programas de IB3 «Gent de la Mar», «Passió per la Mar», «Uep! com anam?» entre otros; tampoco se salva de la Santa Hoguera nuestro querido Agustín «El Casta», ¿será por lo de «casta»?



Esperanza Camps ha estado viviendo fuera de las Islas Baleares los últimos treinta años y ahora tiene la desfachatez de venir a nuestra tierra, guadaña en ristre, a decirnos qué nos conviene ver y qué no, y a quitarnos los pocos programas que se emiten sobre el mar y su cultura en nuestra televisión autonómica. La que pagamos todos.



Me cuesta creer que una señora con carrera sea tan ignorante, más bien pienso que esta decisión obedece a razones políticas. Los personajes y presentadores de estos programas: Manolo Barahona, Pedro Carbonell, Toni Ballador, Felip Munar, Oscar Martínez, Tomeu Caldentey, “el Casta” y todos sus colaboradores hablan en mallorquín y eso es una indigna costumbre propia de aldeanos paletos a los que se la trae floja los «Países Catalanes». La consellera de Cultura, siguiendo al pie de la letra el guión marcado por el Consejo de Adoctrinadores Talibanes (CAT), dice que quiere «devolver la dignidad a la lengua catalana» y «establecer puentes entre Valencia, Cataluña y las Islas Baleares», para ello debe eliminar de IB3 cualquier programa en el que se hable mallorquín, menorquín o ibicenco, –que, según ellos, son formas de hablar mal el catalán-, y muestre la cultura que hemos heredado de nuestros padres y antepasados.



Ignoro si esta señora conoce a sus padres, pero sí les puedo asegurar que demuestra una deshonrosa falta de respeto hacia ellos, y hacia todos los «indignos» que amamos la lengua y cultura que nos han legado nuestros antepasados. La de cada una de las Islas Baleares.



Vistas las primeras decisiones del renovado y variopinto «Clan de la Paca» nos iremos olvidando de nuestro museo marítimo, de la protección de su patrimonio, del cambio de la semana blanca por la semana azul, de bajada de tasas, de ayudas al sector; podemos esperar que, siguiendo la estela del anterior gobierno de José Ramón Bauzá, hagan cualquier patochada en contra del sector náutico y de los navegantes: regulaciones improvisadas, prohibiciones, boyas ecológicas de plástico y vete a saber qué. La única esperanza que nos queda es que no hagan nada. Que nos dejen en paz.



 

Navegación sostenible

Para no parecer menos ilustrado que mi querido amigo Diego Riera, empezaré esta carta náutica con una cita de Jean Baptiste Colbert, ministro de Finanzas en la época de Luis XIV de Francia: «El arte de los impuestos consiste en desplumar al ganso de forma tal que se obtenga la mayor cantidad de plumas con el menor ruido».

 

Furor ecologista

La ignorancia es el principal caldo de cultivo para el éxito de la ecología distópica: la que nos vende el fin del mundo por causas antropogénicas evitables. Miles de informes, conferencias, congresos y subvenciones públicas y privadas hacen de sus miembros destacados personas económicamente privilegiadas. Su representante internacional más conocido sea quizá Al Gore, defensor a ultranza de la teoría del calentamiento global, dueño de una mina de cinc y frecuente viajante en jet privado. Un ecologista ejemplar de medio millón de dólares por conferencia.

 

El informe de los seiscientos mil pavos

Cuatro «privilegiados» biólogos marinos se van a gastar seiscientos mil euros de las arcas públicas en hacer un censo de los peces en las reservas marinas de las Islas Baleares.

 

Sal de Mallorca

"Como parece inviable devolver las islas al medievo, los políticos nos presentan un futuro distópico en el que Mallorca aparece arrasada por los turistas y sus despiadados púberes".


 

El Atlas mallorquín

Corría el año 2014 cuando Cataluña adquirió, por sesenta mil euros, un mapa hecho por un tal Guillem Soler. La noticia no redundó, porque era de poco interés. Tampoco redundaron las manifestaciones públicas del adquirente, concejal de Cultura de Barcelona, diciendo que la ciudad había comprado una carta náutica catalana del siglo XIV.


 

Estamos desnortados

¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.

 

Simposio de clubs

Aprovechando la celebración del II Simposio Nacional de Clubs Náuticos, que tendrá lugar en el RCN de Palma a finales de este mes, comentaré un par de temas que creo se han dejado de lado o no están reflejados en su programa y, en mi opinión, deberían tratarse.