LA CARTA NAUTICA

 

Simposio de clubs

Juan Enseñat
Aprovechando la celebración del II Simposio Nacional de Clubs Náuticos, que tendrá lugar en el RCN de Palma a finales de este mes, comentaré un par de temas que creo se han dejado de lado o no están reflejados en su programa y, en mi opinión, deberían tratarse.

Dada la importancia de este evento, tendré el placer de asistir representando a la empresa de asesoría náutica y derecho marítimo NAUTISERVICE, que comparto con mi ausente socio Jaime Darder, que, en una «absurda» decisión que apruebo totalmente, ha preferido volver a cruzar el Atlántico. Buen viento, Jaime.



Lo primero que hay que tener claro, y se confunde muchas veces, es lo que diferencia un club náutico de un puerto deportivo o marina: un club náutico es una asociación sin ánimo de lucro específicamente dedicada a la práctica de actividades recreativas náuticas y deportivas, y está formado por un numeroso grupo de personas asociadas o socios, que son sus propietarios. Un puerto deportivo o marina es un lugar especialmente construido para el amarre de embarcaciones deportivas y de recreo, o sea, un aparcamiento de yates, normalmente propiedad de un reducido grupo de accionistas cuyo único objetivo es el lucro. Algunos de estos, en un acto de dudoso altruismo, promocionarán, al final de sus concesiones, la vela y los deportes náuticos para maquillar su objetivo único y conseguir algún año más de prórroga.



Los clubs náuticos son un elemento social a proteger y los puertos deportivos no. Tenemos un ejemplo actual en el Club Náutico de Ibiza que, al ver el final de la concesión cerca, hace ya años dejó de invertir en sus instalaciones con las consecuencias estéticas que todos conocemos. La indecisión de la Autoridad Portuaria de las Baleares en su renovación (para la que han hecho méritos deportivos sobradamente) tiene mucho que ver. En los últimos lustros, la APB se ha sentido más «cómoda» dando concesiones a inversionistas especuladores que protegiendo a los clubs náuticos (véanse los numerosos casos de corrupción que están, todavía, pendientes de sentencia firme) de tal manera, que la silla que concedió José Ramón Bauzá a la Asociación de Clubs Náuticos de Baleares en el Consejo de Administración de la APB se la ha quitado, sin dar más explicaciones que ninguna, Francina Armengol un año después.



Hay que decir a su favor –sin que sirva de precedente– que los clubs náuticos no forman parte del consejo de administración de ninguna autoridad portuaria de España –el sector empresarial náutico en todas. Única y efímeramente han tenido representación en las Islas Baleares. Estoy totalmente convencido y son muchos los motivos para que los clubs náuticos estén representados en estos consejos de administración y es ésta una oportunidad para reclamarlo al unísono, no sólo en las Islas Baleares, sino en toda España. La mayoría de los miembros de estos consejos no aportan nada, son políticos ufanos a la náutica que son premiados con una lucrativa silla en la que se sientan a escuchar el «rollo» y a cobrar dietas. Se podría prescindir perfectamente de alguno de ellos sin hacer temblar los cimientos portuarios, y sustituirlo por un representante de la náutica deportiva y recreativa, que defienda a los muchos miles de usuarios que no tienen voz en esa «santa» casa.



Otra asignatura pendiente de la mayoría de los clubs náuticos es su cardioprotección. El Club Náutico del Arenal ha sido el primer club de España en cardioproteger sus campos de regatas y alumnos de la escuela de vela cuando están en el mar, adquiriendo un desfibrilador náutico DOC con maletín estanco y protegido contra el agua y los golpes, que ojalá no tengan que utilizar nunca. Hay clubs náuticos que no tienen desfibriladores en sus instalaciones ni personal formado capaz de hacer una reanimación cardiopulmonar a un niño ahogado o un adulto. Esto es, por el ínfimo coste de su solución, un riesgo inadmisible.



El simposio es una oportunidad excepcional para unificar criterios e intentar obtener la excelencia que tanto ansiamos. Nos vemos pronto.



 

Navegación sostenible

Para no parecer menos ilustrado que mi querido amigo Diego Riera, empezaré esta carta náutica con una cita de Jean Baptiste Colbert, ministro de Finanzas en la época de Luis XIV de Francia: «El arte de los impuestos consiste en desplumar al ganso de forma tal que se obtenga la mayor cantidad de plumas con el menor ruido».

 

Furor ecologista

La ignorancia es el principal caldo de cultivo para el éxito de la ecología distópica: la que nos vende el fin del mundo por causas antropogénicas evitables. Miles de informes, conferencias, congresos y subvenciones públicas y privadas hacen de sus miembros destacados personas económicamente privilegiadas. Su representante internacional más conocido sea quizá Al Gore, defensor a ultranza de la teoría del calentamiento global, dueño de una mina de cinc y frecuente viajante en jet privado. Un ecologista ejemplar de medio millón de dólares por conferencia.

 

El informe de los seiscientos mil pavos

Cuatro «privilegiados» biólogos marinos se van a gastar seiscientos mil euros de las arcas públicas en hacer un censo de los peces en las reservas marinas de las Islas Baleares.

 

Sal de Mallorca

"Como parece inviable devolver las islas al medievo, los políticos nos presentan un futuro distópico en el que Mallorca aparece arrasada por los turistas y sus despiadados púberes".


 

El Atlas mallorquín

Corría el año 2014 cuando Cataluña adquirió, por sesenta mil euros, un mapa hecho por un tal Guillem Soler. La noticia no redundó, porque era de poco interés. Tampoco redundaron las manifestaciones públicas del adquirente, concejal de Cultura de Barcelona, diciendo que la ciudad había comprado una carta náutica catalana del siglo XIV.


 

Estamos desnortados

¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.

 

Un mar de ignorancia

Hay gente cuya ignorancia lucha encarnizadamente con su desconocimiento para hacerse sitio en el hueco de su cabeza, y créanme que lo consiguen. Es el caso de una consellera de mucho peso en el Govern Balear llamada Esperanza Camps, que ha espetado, en referencia a la programación actual de IB3, la siguiente gilipollez: «quiero menos campo, menos mar y más cultura».