LA CARTA NAUTICA

 

Estamos desnortados

Juan Enseñat Coll
¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.

¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.



Los mallorquines tienen, por lo general, desapego e ignorancia de su historia, lengua y cultura, sobre todo marítima. La posibilidad real en estos últimos años de hacer un museo marítimo en Palma de Mallorca ha levantado muy pocas pasiones. Salvo contadas e ilustres excepciones a la gente se la ha soplado totalmente: no ha habido movimientos sociales, ni recogida de firmas, ni manifas, ni políticos implicados, ni cartas al director; nada. Lo único que ha intrigado a la gente y medios de comunicación ha sido su posible ubicación. Pura curiosidad choniesca.



Este desapego y pasotismo hace que me asalte la duda de si los mallorquines nos merecemos tener un museo marítimo o no.



La inmensa mayoría de mallorquines son ajenos a su historia marítima, la ignoran y/o desprecian. Existe multitud de patrimonio histórico marítimo que se venderá o perderá irremediablemente si no se crea un museo para albergarlo y protegerlo. Los mallorquines, como siempre, no se definen porque no se ha hecho una bandera política de ello, y no saben si hacer el museo es de derechas o de izquierdas. Quizá la solución pase por esperar a que se definan los que piensan por ellos, para que se defienda o ataque como si la subsistencia de la especie humana dependiera de ello. Ha pasado, por ejemplo, con el espantoso edificio de GESA o el monolito de Sa Faxina.



Esta falta de criterio, fruto de el conformismo y la incultura, ha hecho que muchos mallorquines renieguen públicamente de su lengua y cultura maternas y den por sentado que hablan catalán, cuando la lengua mallorquina existe con gramática y diccionarios desde 1496 y la catalana sólo desde 1840, es decir, 344 años antes. Por lo que, de ninguna manera podría ser la lengua de la que proviene el mallorquín. Aunque muchos tergiversen la historia e intenten imponernos, por Decreto-Ley, una lengua que no es nuestra, la historia ha sido la que ha sido y no admite interpretaciones. Tengan por seguro que llegará el día en que estos mismos subyugados “mallorquines” bramen por la completa desaparición de nuestra lengua y cultura maternas. Esta traición debería ser incluida en el Estatuto de Roma de 1998 como crimen de lesa dignidad.



Cuando Manolo Gómez y yo abrimos la página de facebook “Patrimonio Marítimo de las Islas Baleares”, hubo un par de exaltados a los que no les pareció bien y abrieron otra de inmediato exactamente igual, en catalán. Como comprenderán ustedes, así no podemos arribar a ningún puerto.



Incluso los que deberían dar ejemplo también adoptan una actitud genuflexa ante los chocheos de algún poderoso domador de voluntades, lo que ha hecho que la única oportunidad en cuarenta años de reabrir el Museo Marítimo de Mallorca se haya ido absurdamente de paseo, a valles lejanos.



La inacción de nuestros gobernantes, tanto de derechas como de izquierdas, está siendo letal para nuestro legado marítimo, incluso conociendo la precaria situación en que se encuentra, ignoran la realidad y no hacen nada para protegerlo.



Los mallorquines hemos perdido el norte y ya no sabemos ni quiénes somos. Rechazamos el legado tanto material como inmaterial que nos han dejado nuestros ancestros y nos sometemos a voluntades ajenas de una manera sumisa y cobarde. Quizá por todo ello no nos merezcamos tener un museo marítimo.



Dijo el Almirante Blas de Lezo que una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden.



 

Plata o gloria

Hay cargos públicos que molan, son simpáticos. Incluso imprimen carácter, de tal manera que te pueden elevar a los altares o hacerte parecer ridículo. Como el de ministro de Defensa: acuérdense de Federico Trillo o José Bono, o de los vehementes «viva España» de la socialista Carme Chacón. Una gozada.


 

Navegación sostenible

Para no parecer menos ilustrado que mi querido amigo Diego Riera, empezaré esta carta náutica con una cita de Jean Baptiste Colbert, ministro de Finanzas en la época de Luis XIV de Francia: «El arte de los impuestos consiste en desplumar al ganso de forma tal que se obtenga la mayor cantidad de plumas con el menor ruido».

 

Furor ecologista

La ignorancia es el principal caldo de cultivo para el éxito de la ecología distópica: la que nos vende el fin del mundo por causas antropogénicas evitables. Miles de informes, conferencias, congresos y subvenciones públicas y privadas hacen de sus miembros destacados personas económicamente privilegiadas. Su representante internacional más conocido sea quizá Al Gore, defensor a ultranza de la teoría del calentamiento global, dueño de una mina de cinc y frecuente viajante en jet privado. Un ecologista ejemplar de medio millón de dólares por conferencia.

 

El informe de los seiscientos mil pavos

Cuatro «privilegiados» biólogos marinos se van a gastar seiscientos mil euros de las arcas públicas en hacer un censo de los peces en las reservas marinas de las Islas Baleares.

 

Sal de Mallorca

"Como parece inviable devolver las islas al medievo, los políticos nos presentan un futuro distópico en el que Mallorca aparece arrasada por los turistas y sus despiadados púberes".


 

El Atlas mallorquín

Corría el año 2014 cuando Cataluña adquirió, por sesenta mil euros, un mapa hecho por un tal Guillem Soler. La noticia no redundó, porque era de poco interés. Tampoco redundaron las manifestaciones públicas del adquirente, concejal de Cultura de Barcelona, diciendo que la ciudad había comprado una carta náutica catalana del siglo XIV.


 

Simposio de clubs

Aprovechando la celebración del II Simposio Nacional de Clubs Náuticos, que tendrá lugar en el RCN de Palma a finales de este mes, comentaré un par de temas que creo se han dejado de lado o no están reflejados en su programa y, en mi opinión, deberían tratarse.

 

Un mar de ignorancia

Hay gente cuya ignorancia lucha encarnizadamente con su desconocimiento para hacerse sitio en el hueco de su cabeza, y créanme que lo consiguen. Es el caso de una consellera de mucho peso en el Govern Balear llamada Esperanza Camps, que ha espetado, en referencia a la programación actual de IB3, la siguiente gilipollez: «quiero menos campo, menos mar y más cultura».