LA CARTA NAUTICA

 

El informe de los seiscientos mil pavos

Juan Enseñat
Cuatro «privilegiados» biólogos marinos se van a gastar seiscientos mil euros de las arcas públicas en hacer un censo de los peces en las reservas marinas de las Islas Baleares.

Estarán contando peces durante cuatro interminables años. A priori, la partida presupuestaria se antoja desmesurada aunque, dado lo absurdo de la faena y la complejidad de su ejecución, lo más probable es que gran parte de la guita se dedique a tratamientos mentales post-traumáticos.



Además de marcar con un triángulo azul a los peces que no tengan nivel C de catalán y mandarlos a Auschwitz, habrá que contar todos los demás, si puede ser, una sola vez. Una árdua e inútil tarea que va a costar un pastón al contribuyente de las Islas Baleares.



Sería más sencillo hacer un censo de idiotas. Sólo habría que crear el «día del idiota» poniendo todo al doble de precio. Habría avalanchas de políticos. Ya saben, estamos en legislatura del derroche y el «reparto».



No hace muchos años, para ahorrar dinero al erario público, era el mismísimo conseller de Agricultura y Pesca quien se desplazaba cada año a Cabrera para hacer su propio censo de langostas mallorquinas. Qué buenos tiempos aquellos, don Gabriel.



Pero ahora vamos a lo serio: en las reservas marinas de las Islas Baleares, sin incluir el Parque Natural de Cabrera, sólo está prohibido pescar en unas 4.000 de las 61.000 hectáreas protegidas. En el resto existe algún tipo de restricción para que algunos pescadores profesionales y buceadores privilegiados sean los únicos que las disfruten.



Este concepto de protección parte de una base equivocada, si existen restricciones como las vedas temporales, tamaños mínimos y capturas máximas, ¿no sería más lógico prohibir la pesca por días o temporadas y no por zonas? de esta manera se protegería todo el territorio marino de las Islas Baleares. No sólo una parte.



Los principales demandantes y beneficiarios de la ampliación de reservas marinas son los pescadores profesionales. La creación de estos cotos privados de pesca evita la injerencia de sus grandes enemigos, los pescadores recreativos. Aunque parezca absurdo, algunos pescadores profesionales siguen utilizando impunemente la pesca de arrastre en estas reservas, devastando lo que encuentran a su paso (posidonia, coral y especies en peligro de extinción). La pesca de arrastre está prohibida a menos de cincuenta metros de profundidad y una milla de la costa y se lo pasan por el forro. Esto ocurre así por la influencia que ejerce este lobby en los políticos locales de turno. Estos pescadores forman parte de la comisión de seguimiento de alguna de estas reservas marinas.



Sin ser especialmente ducho en el tema podría adelantarles las conclusiones del informe de los seiscientos mil pavos sin equivocarme: las únicas especies que serán más numerosas y grandes serán las que no se desplazan a otras zonas y no se mueven de su agujero o roca (mero, morena, dentón). Las demás especies (dorada, lubina, emperador, etc.) serán menos numerosas, a causa de la sobreexplotación de las zonas perimetrales de estas reservas. No hay que ser biólogo marino ni gastarse una fortuna para llegar a esta conclusión.



Aunque a Sus Excremencias se la traiga floja el mar –visto la de mierda que echan en él- tomen nota de la misiva. Los pescadores recreativos, submarinos y buceadores son mucho más numerosos que los pescadores profesionales y mueven mucho más dinero que ellos. Háganles un poco de caso, aunque sea sólo por sus votos.



 

Plata o gloria

Hay cargos públicos que molan, son simpáticos. Incluso imprimen carácter, de tal manera que te pueden elevar a los altares o hacerte parecer ridículo. Como el de ministro de Defensa: acuérdense de Federico Trillo o José Bono, o de los vehementes «viva España» de la socialista Carme Chacón. Una gozada.


 

Navegación sostenible

Para no parecer menos ilustrado que mi querido amigo Diego Riera, empezaré esta carta náutica con una cita de Jean Baptiste Colbert, ministro de Finanzas en la época de Luis XIV de Francia: «El arte de los impuestos consiste en desplumar al ganso de forma tal que se obtenga la mayor cantidad de plumas con el menor ruido».

 

Furor ecologista

La ignorancia es el principal caldo de cultivo para el éxito de la ecología distópica: la que nos vende el fin del mundo por causas antropogénicas evitables. Miles de informes, conferencias, congresos y subvenciones públicas y privadas hacen de sus miembros destacados personas económicamente privilegiadas. Su representante internacional más conocido sea quizá Al Gore, defensor a ultranza de la teoría del calentamiento global, dueño de una mina de cinc y frecuente viajante en jet privado. Un ecologista ejemplar de medio millón de dólares por conferencia.

 

Sal de Mallorca

"Como parece inviable devolver las islas al medievo, los políticos nos presentan un futuro distópico en el que Mallorca aparece arrasada por los turistas y sus despiadados púberes".


 

El Atlas mallorquín

Corría el año 2014 cuando Cataluña adquirió, por sesenta mil euros, un mapa hecho por un tal Guillem Soler. La noticia no redundó, porque era de poco interés. Tampoco redundaron las manifestaciones públicas del adquirente, concejal de Cultura de Barcelona, diciendo que la ciudad había comprado una carta náutica catalana del siglo XIV.


 

Estamos desnortados

¿Se merece Mallorca un museo marítimo? mi carta náutica de este mes es una crítica –autocrítica- a los mallorquines, que están tan desnortados como la veleta del Hostal Cuba, que apunta adonde le sale de la higa.

 

Simposio de clubs

Aprovechando la celebración del II Simposio Nacional de Clubs Náuticos, que tendrá lugar en el RCN de Palma a finales de este mes, comentaré un par de temas que creo se han dejado de lado o no están reflejados en su programa y, en mi opinión, deberían tratarse.

 

Un mar de ignorancia

Hay gente cuya ignorancia lucha encarnizadamente con su desconocimiento para hacerse sitio en el hueco de su cabeza, y créanme que lo consiguen. Es el caso de una consellera de mucho peso en el Govern Balear llamada Esperanza Camps, que ha espetado, en referencia a la programación actual de IB3, la siguiente gilipollez: «quiero menos campo, menos mar y más cultura».