OPINION

BOTÓN DE ANCLA

TRIBUNA

"Quien domina el mar, domina todas las cosas"

ANTONIO DEUDERO
El autor, abogado y ex director general de Puertos de Baleares, estrena su blog en Gaceta Náutica con una llamada a recuperar el interés por las cuestiones marítimas tomando como referencia la famosa frase de Temístocles.

España es una nación eminentemente marítima, pero la mayor parte de la sociedad parece que es ajena a esta realidad.



Ha sido cuando nuestros dirigentes han hecho prevalecer la proyección naval y marítima de España que hemos conseguido tener un puesto de preferencia en la política y en la economía internacionales.



No fue casual que España llegara a ser la primera potencia mundial en el pasado tras la mayor aventura de la historia de la humanidad: la empresa del descubrimiento. Fue la decisión de Isabel la Católica de apoyar una operación naval -desconocida hasta entonces y donde a priori había mucho que perder y muy poco que ganar- lo que nos llevó a esa posición de preeminencia en el mundo. Como bien decía Temístocles (político de la antigua Grecia) "quien domina el mar, domina todas las cosas".



En España, salvo en contadas excepciones, estas cuestiones no forman parte de las inquietudes de la gente, ni de la administración, ni de nuestros políticos. Pero si miramos a nuestro alrededor vemos que en otros países sí que lo son. Por ejemplo en el Reino Unido, con quienes suelo ser muy crítico, en esto nos llevan la delantera desde el siglo XVIII. Son 300 años ya en los que son muchas las lecciones de las que hemos de tomar buena nota.



Esto es así porque el inglés es más pragmático. Hay temas que para ellos son cuestión de Estado: la política con una perspectiva marítima y naval, la diplomacia, el uso de la Inteligencia (espionaje) en la consecución de sus intereses -principalmente empresariales-, el sistema educativo, etc, todo esto lo tienen fijado en su "libro de estilo", que no varía a pesar de los cambios políticos que se producen con los procesos electorales. A esto hay que añadirle un toque de egocentrismo, en cierta medida envidiable. Recuerdo la anécdota de aquella película de la Segunda Guerra Mundial en la que un oficial le llevaba al almirante el parte meteorológico, previo al desembarco: "mala mar en el Canal de la Mancha" ponía, lo que impedía desarrollar las operaciones. El almirante, sin despeinarse, afirmó en voz alta: "vaya, el continente se ha vuelto a quedar aislado". Pues eso.



Algunos pensarán que estas cuestiones son cosas del pasado, pero lo cierto es que llegan hasta nuestros días. Sirve de ejemplo de ello nuestra posición como Nación ante la ignominia de la colonia de Gibraltar. Es como si se tratara de una rémora del pasado, de "españolistas" (¡qué palabra! como si fuera un insulto) que solo quieren guerra y enfrentamiento. Pues nada, ha tenido que venir el Brexit para recordarnos el tema y darnos un tortazo de realidad en todo el careto. ¡Zasca! 



El inglés lo tiene siempre claro. Por eso están dispuestos a salir de la Unión Europea, eso sí, con la doble pirueta de hacerlo dejando una colonia dentro de territorio comunitario. Sí, en España, claro. Imaginen que fuera al revés, que España tuviera una colonia en territorio de Inglaterra y... ¡bah! es igual, no sigo, es imposible.



Pero no nos engañemos, que todo esto es culpa nuestra: al no tener visión marítima de las cosas no nos damos cuenta de que Gibraltar es la puerta del Mediterráneo y que, por eso, es de un interés estratégico vital. Por esa falta de perspectiva naval no nos damos cuenta de que Gibraltar, como colonia, no puede tener aguas territoriales; por eso no nos damos cuenta de que nuestros pescadores siempre han faenado en esas aguas españolas y que ahora les hostigan por hacer algo que están en su derecho de hacer. Por eso no caemos en la cuenta de que nos usurpan los tesoros de nuestros galeones hundidos y que, para escaparse con el botín, se refugian en la colonia de Gibraltar. Por eso no nos damos cuenta de que nos toman el pelo cuando tiran bloques de hormigón en nuestras aguas y, cuando hemos de reaccionar, en lugar de hacerlo con una sola voz, nos ponemos a discutir entre los del PP, los socialistas, los podemitas, etc., mientras el inglés nos vuelve de nuevo a “robar” la cartera. Y así nos van las cosas.



Solo ciertas individualidades nos reconcilian con nuestra querida Patria. Es el caso de aquel Juez de un Juzgado de Instrucción de la Línea de la Concepción que, él solo (recuerden el lema de Gálvez en la independencia norteamericana: "Yo solo") lanzó el proceso penal por el buque pirata Odissey, consiguiendo gracias a ese gesto, que al final España recuperara el tesoro. O la actitud honrosa y valerosa del capitán del buque oceanográfico 'Ángeles Alvariño', hostigado incluso con lanzamiento de bengalas desde una fragata de la Royal Navy cuando estaba haciendo sus tareas oceanográficas en la zona, que hizo caso omiso del buque de guerra que les estaba acometiendo y siguió con sus trabajos. No olvidemos su condición de buque de Estado -bajo bandera española- y lo delicado de la situación. Muchos se habrían doblegado. Y este capitán, conjugando la tradición más pura del marino mercante español, decidió seguir adelante. Las encomiables actuaciones del Servicio Maritimo de la Guardia Civil y de Vigilancia Aduanera dan para un texto aparte. Quede aquí nuestro reconocimiento.



Para percatarse de que hay esperanza pues también mantenemos el buen humor, vienen al caso y como contrapunto anécdotas como la que nos recordaba en un artículo el capitán de Navío Ángel Liberal, del "Smokie Joe".



Con ese nombre se referían en la colonia al dragaminas Tambre de nuestra Armada, que ante las fragatas de la marina británica que le conminaban a que se marchase de aquellas aguas, el dragaminas español acababa por moverse, sí, pero lo hacía siempre a barlovento del inglés. Y cuando su comandante consideraba que ya estaba en el punto adecuado, daba la orden de soplar las calderas. En pocos minutos, la fragata británica quedaba con su dotación cubierta de hollín y el buque tiznado de negro, no teniendo más remedio que marcharse y dejar al dragaminas español sólo en las aguas en disputa. Ahí queda eso.



Durante años los buques de la Armada en tránsito en la zona venían en fondear en la rada andaluza de Algeciras a fin de hacer valer la soberanía española en aquellas aguas, tan vital e importante como sabemos los que tenemos conciencia marítima de las cosas, provocando las visitas e intercambio de notas de rigor entre autoridades en estos casos.



También son dignos de mención los comentarios de las conversaciones por radio y por medio de los señaleros que se desarrollaban entre la dependencia británica del peñón y los buques de nuestra Armada que por allí transitaban, recogidos por el Capitán de Navío Luis Delgado en su libro "Gibraltar, 300 años de desidia, humillación y vergüenza". A las preguntas de que el buque español de turno se identificara se contestaban frases del estilo “Go to carajo”, o “Shit” y al pedir que repitiera el mensaje, contestaran “Shit-Stop-Mierda-Stop”. O aquel que contestó diciendo que era “Drake el pirata castrado” o “don Alfonso Sebastián Núñez de Fuenlabrada y Peralta del Pene Enhiesto”.



Y es que siempre nos quedará el desparpajo, lo que nos salva de la más cutre mediocridad, sobre todo viniendo ese humor de la zona de Cádiz y el estrecho.



Son ejemplos históricos de la talla marítima de España, además del propio descubrimiento de América (que nunca nos perdonará el ingles que lo descubriéramos nosotros y no ellos), el haber conseguido la navegación regular del Pacífico con la ruta del Galeón de Manila, el haber liderado las campañas sanitarias de vacunación con nuestros territorios de ultramar, la expedición de Magallanes con la primera vuelta a mundo de culminó Elcano, la expedición científica Malaspina, repetida hace unos pocos años y cuyos resultados se expusieron en una interesante exposición aquí en Palma en el Centro de Historia Cultural y Militar del Ejército de la calle San Miguel. El invento del submarino, el primer aterrizaje de aeronave de ala giratoria a bordo de un buque, y un largo etcétera del que buena conciencia se toma al visitar el Museo Naval de Madrid. Las efemérides se cuentan por cientos.



Y es que España es una nación eminentemente marítima, de clara proyección naval. A ver si recuperamos esa conciencia. 



 

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