GN 2002-2017 15 ANIVERSARIO

OPINION

El Salón de Palma 15 años después

De Salón Náutico a Palma Boat Show. Chema Sans repasa la historia de la feria náutica palmesana hablando de su auge, caída y no celebración, y reinvención junto a los superyates.
CHEMA SANS

Me pide mi amiga Elena que analice la evolución que ha tenido el Salón Náutico Internacional de Palma desde el año 2002, cuando comenzó la extraordinaria aventura de la Gaceta Náutica, hasta hoy, en que nuestro Salón, convertido en el Palma Boat Show & Palma Superyacht Show, está a punto de celebrar su 35 aniversario. Un periodo de 15 años en el que, desde el punto de vista de la gestión, han ocurrido muchas, muchísimas cosas.

En 2002, el Salón Náutico Internacional de Palma era un evento ciertamente consolidado, se celebraba su décimo novena edición, lo que, en el aquella época, nos parecía mucho, y la perspectiva de su 20 aniversario a un año vista era una magnifica excusa para mostrarse ciertamente optimistas y con gamas de invertir en recursos. La feria  acogía 195 embarcaciones en el mar y reunía a 158 expositores directos, de los que algo más del 90%  aseguraba su participación en la cita del año siguiente. Para los tiempos que corrían no estaba nada mal. En 2003, coincidiendo con el 20 aniversario, se estrenaron nuevas infraestructuras, la exposición que ocupaba prácticamente todo el muelle viejo del Puerto de Palma ofreció un aspecto más moderno. Las nuevas carpas blancas y azules marcaban personalidad. En total, 185 expositores y, por primera, más de 200 barcos en el mar. Fue, qué duda cabe, una gran feria que navegaba de la mano de un sector muy polivalente y que representaba una plataforma comercial eficaz y muy estable. 



EUFORIA

El Salón Náutico de Palma hasta el año 2007 mantuvo su modelo funcional. Sin apenas renovaciones. Se benefició de unos años de relativa  bonanza económica, reuniendo unos índices de participación muy estables, unos 170/190 expositores directos y unas 210/230 embarcaciones en el mar. El recinto del Muelle Viejo cada año colgaba el cartel de “lleno” y en muchas ocasiones los expositores agotaban totalmente sus existencias y stocks. La Feria, que era prácticamente un gran y atractivo mercado de productos náuticos de todo tipo, duraba 10 diez días, dos fines de semana consecutivos. Una verdadera locura. Los barcos más grandes tenían 23 metros como mucho y eran minoría.  La eslora media de los cascos en la exposición flotante se situaba en los 10/12 metros. En el 2005 se incorporó una zona específicamente diseñada para “grandes esloras”. Por primera vez el Salón Náutico Internacional de Palma apostaba por incorporar esta oferta de una manera organizada, llegando a reunir una flota que para aquellos tiempos estaba bastante bien y de alguna manera auguraba –aún muy tímidamente– la evolución que iban a experimentar estas tipologías a corto plazo.

En aquellos años, visto lo visto, muchos fueron los que apostaron por organizar Salones Náuticos. Era un negocio más. Parecía que el sector podía con todo y el calendario se llenó de nuevos eventos (salones de Madrid, Valencia, Vigo…) a los que las empresas tenían que ir atendiendo con unos costes en promoción y comercialización muy altos y con una rentabilidades que cada vez eran más bajas... Y así llegó el verano de 2008, cuando el Gobierno pronunció por primera vez de la palabra crisis. Luego llegó el plan de choque con aquellas 24 medidas económicas que sirvieron de bien poco. Se cerró el año en clara recesión. Todo cambió sin que se supiera bien lo que estaba ocurriendo.

El Salón Náutico de Palma del 2009 reunió a 150 expositores y 190 embarcaciones. En 2010 solo fueron 134 expositores y 160 embarcaciones en el mar. En 2011 la exposición solo pudo atraer a 95 expositores con 120 barcos en los muelles de la Feria. La crisis estaba haciendo estragos. Los grandes salones internacionales se tambaleaban dejando en evidencia unos modelos que ahora mostraban dolorosamente sus debilidades. La cita de Palma, planteada básicamente como un gran mercado de venta directa destinado a ofrecer una rentabilidad comercial casi inmediata, estaba fuera de combate. Su modelo conceptual no tenía sentido. Ni futuro.  



SUSPENSIÓN

El 8 de marzo de 2012, el Comité Organizador del Salón Náutico Internacional de Palma decidió suspender la edición de aquel año. Era preceptivo tomarse un tiempo para diseñar un nuevo modelo de Salón con el que afrontar los próximos retos. Asumimos que había terminado una era y comenzaba otra, en la que el Salón Náutico de Palma tendría que apostar por ofrecer un evento muy renovado, capaz de poner en valor atractivos que lo convirtiesen en una herramienta eficaz de trabajo para el sector profesional de la náutica y los aficionados. 

Durante el año 2012, aunque no se celebró físicamente el Salón, su Comité Organizador trabajó como nunca. Muchos más que cuando se celebraba el evento. Todos los que vivimos aquellos tiempos asumimos que aquel vigésimo noveno Salón Náutico Internacional de Palma en realidad se había celebrado, pero de otra manera. Trabajando para construir una propuesta de futuro. Se invirtieron muchas horas y esfuerzos. Se apostó por diseñar un Salón de promoción de destino. Queríamos vender las Baleares como base para consumo de la náutica en cualquiera de sus posibles disciplinas. Queríamos poner en valor los tejidos comerciales e industriales de las Islas. Aquellos aspectos en los que ya éramos y somos líderes indiscutibles. Un Salón muy orientado a los profesionales, pero sin olvidar al usuario final. Se logró implicar en la organización, con un carácter absolutamente ejecutivo, a las principales instituciones locales. El Govern Balear, la Autoridad Portuaria de las Baleares y el Ayuntamiento de Palma unieron esfuerzos para crear un certamen de referencia capaz de dinamizar la actividad social, cultural y económica de Mallorca. 

Posiblemente, el gran logro de aquel nuevo proyecto fue llegar a un modelo de gestión mixta, prácticamente consorciada, en el que la iniciativa privada y el sector publico trabajan mano a mano con el objetivo de que esta cita sea un evento internacional de referencia capaz de dinamizar comercialmente a la náutica de recreo en las Baleares. Se cerró un acuerdo absolutamente histórico con Balearic Yacht Brokers Association, del que surgió, dentro del marco de Salón Náutico, el “Palma Superyacht Show”, una potente exposición de superyates que aportó al proyecto ese valor diferencial que necesitaba. También lo catapultó hacia las tendencias más competitivas dentro de sector. El Salón de Palma pasaba a jugar en la primera división.



CINCO DÍAS

El resto de la historia es ya demasiado reciente, y por lo tanto conocida. No merece la pena profundizar. En el 2013 se celebró el primer Salón Náutico Internacional de Palma y Palma Superyacth Show de acuerdo con su nuevo formato. Todo era distinto. El evento, de solo 5 días, aportó muchas novedades funcionales y organizativas que marcaron un arranque que en general fue mucho más efectivo y profesional en todos los aspectos. Fue un éxito. Basta revisar las hemerotecas. Desde entonces, este modelo consorciado de Salón, que ha levantado pasiones y algunas envidias,  ha sido reconocido internacionalmente como una de las citas de calendario con más potencial de futuro. Tenemos un Salón distinto, con una fuerte personalidad propia al que le quedan muchas millas por recorrer. Queda mucha historia por escribir. Pero sobre todo tenemos un Salón que contribuye a poner en valor las bondades y virtudes de la náutica de recreo en las Baleares, que, en definitiva, era lo que todos queríamos cuando unimos fuerzas para abordar este reto.

Sin duda, Elena, amiga mía, el Salón ha cambiado mucho. Tanto que podría parecer que hablamos de dos acontecimientos totalmente diferentes.



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Chema Sans es director del Salón Náutico Internacional de Palma.