GN 2002-2017 15 ANIVERSARIO

OPINIÓN

SOS patrimonio marítimo de Mallorca

Los seres humanos no somos conscientes de la importancia de la mar. Ello se debe a que somos animales terrestres y a que nuestra relación con el agua es de amor y de odio. Nos olvidamos  de lo que la mar representa para la humanidad, no nos damos cuenta, salvo contadas excepciones, de que en realidad es el último espacio de libertad que nos queda.  
MANUEL GÓMEZ

En el libro Tierra y mar, una reflexión sobre la historia universal, de Carl Schmitt, he encontrado un párrafo muy elocuente: «Si tenemos en cuenta que la  superficie del astro que habitamos es de casi tres cuartas partes de agua y tan solo una de suelo firme, y de que las grandes masas continentales son como islas que emergen de ella, en lugar de hablar de globo terráqueo y de la esfera terrestre, tal vez deberíamos hacerlo de un globo oceánico o una esfera marítima».



En sus 15 años de vida y evolución, Gaceta Náutica, nuestra Gaceta, se ha convertido en un medio de referencia a base de insistir en la importancia de la mar. Es todo un mérito que lo haya hecho por un largo periodo de tiempo (tres lustros, nada menos) y sin desfallecer. Ojalá siga así por muchos años. Enhorabuena, amigos.



Han sido 15 años, sin embargo, en los que nuestro patrimonio marítimo, a pesar de las denuncias al respecto que nunca han faltado en la Gaceta, ha seguido sufriendo la indiferencia de las administraciones e incluso de los organismos competentes en la materia. Las pérdidas en este tiempo han sido, en muchos casos, irreparables. La decepción que dicho proceso me ha provocado –no sólo como presidente de la Asociación de Amigos del Museo Marítimo, sino como mallorquín hijo de pescador– ha sido enorme. Ha sido como asistir impotente a un gran desastre.



Desde 2002 hasta hoy se ha echado a perder el 70%  de embarcaciones tradicionales de Mallorca en todas sus tipologías, principalmente en el sector pesquero. Este atentado al patrimonio fue curiosamente promovido y estimulado por las administraciones europeas, con la excusa de reconvertir la flota pesquera mediante subvenciones para el desguace de barcos de madera por baja actividad. La mayoría de ejemplares de nuestras antiguas barcas del bou y llaüts, obra de artesanos, todas ellas piezas únicas, han ardido o han sido triturados. Qué barbaridad, ¿no?



A consecuencia de una petición a la UE para que cambiara las normas a fin de que el armador pudiese recibir la subvención sin la necesidad de desguazar su viejo barco de madera, se consiguieron salvar algunas embarcaciones de valor patrimonial importantísimo. Algunas de ellas se encuentran hoy varadas en el depósito municipal de las  cuevas de Bellver, a la espera de que el recién creado consorcio para el Museo Marítimo de Mallorca se haga cargo de su custodia y rehabilitación.



Este ha sido nuestro mayor –casi único– logro como amantes de la historia y el patrimonio marítimo, pero no debemos olvidar que otras tipologías de barcos no han tenido la misma suerte.  La práctica totalidad de los pailebotes de transporte fueron pasto de las llamas (como lo demuestran los viejos archivos del NO-DO) o terminaron sirviendo de relleno para los  muelles. 



De las barcas del bou únicamente nos quedan cuatro ejemplares: La Balear, de 1924, propiedad del Consell de Mallorca; el Rafael, de 1915, que se encuentra en Cataluña haciendo chárter; el Bartolomé, de 1915, pareja del anterior y que se halla en la cantera de Robadones de Menorca, y el Nuevo Tomás, de 1940, que está siendo restaurado en el taller de mestres d’aixa del Consell de Mallorca.



En cuanto a la flota de embarcaciones menores,  la situación empeora cada día que pasa: llaüts, bots, pasteres y gussis son «especies» en  peligro de extinción. Nuestros puertos se están quedando huérfanos de estas embarcaciones por las elevadas tarifas de amarres, que se suman  a los  gastos de mantenimiento extra que asumen los armadores –casi siempre románticos– de barcos clásicos o tradicionales.



Mucho más preocupante es la situación del patrimonio documental, que simplemente desaparece sin que nada pueda hacerse al respecto. Con cada artesano que fallece sin que su legado sea documentado se pierde una parte de nuestra historia. La marina deportiva, los aparejos y pertrechos de los pescadores, las señales marítimas, las obras de arte que han sido vendidas y se encuentran desperdigadas por todo el orbe, la importante cartografía mallorquina, la arqueología subacuática eternamente expoliada, la total y absoluta ignorancia sobre los marinos tanto de guerra como mercantes que han estado en los puentes de todo tipo de barcos, las tripulaciones, los pescadores, los estibadores, los mestres d’aixa o los  rederos son sólo una rápida recopilación de las temáticas marítimas que han sido ninguneadas por estos hombres que creen vivir en la tierra, aunque en realidad, como dice Carl Schmitt, lo hacen en un globo oceánico.



En fin. Esperemos que los próximos 15 años en compañía de nuestra querida Gaceta Náutica sirvan para dar un mejor rumbo a nuestro patrimonio y que los vientos nos vengan de popa. Los hombres de mar nunca perdemos la esperanza.



Manuel Gómez es presidente de la Asociación de Amigos del Museo Marítimo.