GN 2002-2017 15 ANIVERSARIO

OPINIÓN

El futuro de las grandes esloras

Las grandes esloras más que un concepto son una idea abstracta y subjetiva, ya que para unos un barco de 12 metros puede ser una gran eslora y para otros quizás no. Al hablar de grandes esloras estamos hablando de otra cosa, nos referimos a los megayates, que, dicho sea de paso, no existen en nuestro ordenamiento legal.
LEÓN VON ORDANZA

La denominación de megayate es el resultado de la necesidad de dar un nombre a las actuales construcciones fruto del desarrollo de la industria náutica. Ahora bien, si buscamos su encuadre jurídico lo encontramos evidentemente dentro del concepto legal de buque de recreo, cuya definición más amplia es todo aquel, con independencia de su modo de propulsión, cuya eslora de casco sea superior a 24 metros, con un arqueo bruto inferior a 3000 GT y capacidad para transportar hasta 12 pasajeros sin contar la tripulación, destinado para la navegación de recreo, el turismo, el ocio, la práctica del deporte o la pesca no profesional, utilizado por su propietario o por cualesquiera otras personas mediante arrendamiento, contrato de pasaje, cesión u otro título.



Los megayates no tenían una regulación propia y adecuada, sino que se regían por lo establecido en el Real Decreto 1027/1989, para el abanderamiento y matriculación y el Real Decreto 1661/1982 que establecía la aplicación del Convenio SOLAS, cuya reglamentación planteaba una serie de dificultades a nivel práctico y constructivo fruto de la equiparación de los megayates a los buques mercantes de pasaje. La necesidad de una regulación propia era evidente y fruto de la labor conjunta de la Dirección General de la Marina Mercante con la AEGY (Asociación Española de Grandes Yates) se publicó el Real Decreto 804/2014, de 19 de septiembre, por el que se establecen el régimen jurídico y las normas de seguridad y prevención de la contaminación de los buques de recreo que transporten hasta 12 pasajeros, norma de cabecera de los megayates.



Si bien el buque de recreo o megayate es la especie menos habitual en nuestro registro de buques, afortunadamente desde hace unos años ya no lo es en nuestras aguas y eso a pesar del empeño de determinados sectores e instituciones en demonizarlos.



Desde hace unos años estamos viendo como cada vez hay más grandes esloras en aguas españolas. En concreto, si en Baleares en el año 2013 había alrededor de 30 buques de recreo disponibles, el año pasado esta cifra aumentó hasta 125 debidamente autorizados para hacer chárter en nuestras aguas. A nadie se le escapa que este aumento significa un incremento de los gastos en nuestras costas y como consecuencia un aumento de ingresos en la Hacienda española.



Esta evolución es el resultado de los cambios legislativos que se han dado en los últimos años, gracias a los esfuerzos de AEGY y ANEN, cuyo fruto fueron principalmente las modificaciones en el Impuesto Especial sobre determinados Medios de Transporte, más conocido como el impuesto de matriculación, que resumidamente fueron la desaparición del límite de los 15 metros para poder obtener la exención del impuesto para los barcos destinados al chárter, en octubre de 2013; y en marzo de 2014 los dos cambios interpretativos de la Consulta V0860-14 de la Dirección General de Tributos, que son la posibilidad de ceder la embarcación en arrendamiento a personas o entidades vinculadas a la sociedad arrendadora (residente en España o no), siempre que no sean residentes en España o titulares de establecimientos situados en España, y la utilización del barco fuera de España por parte del propietario que haya obtenido la exención no devengará el impuesto.



El efecto inmediato derivado del aumento de los megayates ha sido un incremento de los ingresos en la economía local y nacional;  no puede ser de otra forma, ya que el sector de la náutica de recreo en general y el de los megayates en particular es un gran dinamizador de la economía. 



Ahora bien, estos avances no son suficientes. Para que realmente este sector se consolide es necesario no flexibilizar sino equiparar, es decir, permitir que un barco de alquiler que solicita la exención del impuesto de matriculación pueda ser utilizado por su propietario, que es lo que se hace en todos los países de nuestro entorno, y que en el caso de los megayates cobra mayor relevancia, ya que quien decide invertir y comprar un barco de estas características quiere sacarle un rendimiento pero también disfrutarlo.



Por ello, el impuesto de matriculación sigue siendo un gran obstáculo que provoca que todavía muchos barcos escojan otras costas y, peor aún, que el registro de buques español siga teniendo pocos buques de recreo abanderados. Para evitar esta carestía la solución pasa indudablemente por dos opciones: una provisional que pasa por permitir que el propietario utilice su propio barco arrendándolo en un porcentaje anual, tal y como está previsto para las aeronaves; y, otra definitiva, que es la eliminación del impuesto.



León Von Ondarza es abogado y asesor de la Asociación Española de Grandes Yates.