REPORTAJES

ESTUDIO

El informe encargado por el sector náutico que revela la verdad incómoda de los vertidos

Los emisarios submarinos y las plantas desaladoras son con diferencia la principal amenaza humana para la posidonia oceánica

JOSÉ LUIS MIRÓ

El informe encargado por el sector náutico sobre el impacto de la acción humana en la posidonia oceánica confirma el efecto devastador de la mala depuración de las aguas de Baleares, la cual no cumple con los estándares europeos. Uno de los datos más llamativos de este estudio ya fue adelantado por Gaceta Náutica en la columna de Jaime Darder del mes pasado: los vertidos de aguas residuales en la Bahía de Palma podrían haber afectado a una superficie de entre 500 y 600 hectáreas de posidonia en la Bahía de Palma en las últimas tres décadas.



Joan Ramon Vidal, autor del trabajo, reveló el pasado 20 de marzo, durante su presentación en la Cámara de Comercio, que los núcleos habitados de Baleares arrojan al mar hasta 200 millones de litros diarios de aguas grises, volumen que «sobrepasa la capacidad de depuración» y da idea del gigantesco impacto que el incremento poblacional está teniendo en los ecosistemas marinos. Este pico se produce en los meses de verano, coincidiendo con la temporada alta turística. Las Islas, cuya población residente se estima en 1,2 millones de habitantes, recibieron 13,7 millones de turistas en 2017 (un 6,1% más que el año anterior), según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística.



Según explicó José Luis Roses, presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Mallorca, el principal valor de este estudio –que ha sido solicitado por la Asociación de Grandes Yates (AEGY), la Asociación de Instalaciones Náuticas Deportivas (ANADE), la Asociación de Empresas de Actividades Marítimas (APEAM), la Asociación de Navegantes Mediterráneo (ADN) y la Asociación de Clubes Náuticos de Baleares (ACNB)– es «ser el único» que hasta la fecha ha tratado de establecer un ranking científico de las amenazas que se ciernen sobre la posidonia y ha puesto sobre la mesa el grave problema que tiene Baleares con el tratamiento de sus aguas fecales, el cual apenas ha ocupado espacio en la agenda política de la autonomía.



Los vertidos, señala el informe de Tecnoambiente, constituyen el «impacto más importante» que soporta la posidonia.  En este apartado se incluyen no sólo las aguas mal depuradas que se bombean a través de los emisarios submarinos, sino que cabe tener en cuenta también los vertidos de salmuera procedentes de las plantas desalinizadoras y las operaciones de dragado en zonas sensibles. Los fondeos indiscriminados, siempre según el citado estudio, tendrían una importancia bastante menor, tal y como vienen sosteniendo los navegantes, colectivo que asegura sentirse criminalizado por las administraciones públicas y algunas entidades ecologistas.



En las Islas Baleares existen entre 104 y 124 conducciones submarinas  que afectan «de modo general y local» a los ecosistemas litorales más sensibles. Joan Ramon Vidal sostiene que «solamente los tres emisarios situados sobre la pradera de posidonia de la Bahía de Palma pueden haber afectado a un total de 6 millones de metros cuadrados de fanerógramas marinas, lo que representa un 0,64% del conjunto de esta planta en todo el archipiélago».



Este dato corrobora con cifras muy superiores a las imaginadas el trabajo de investigación periodística realizado los últimos años por Gaceta Náutica sobre los emisarios submarinos. Como se recordará, este periódico advirtió de la presencia de estas tuberías, la mayoría de fibrocemento, en zonas de posidonia, así como de las deficiencias en el saneamiento del agua por la escasa inversión en las plantas depuradoras. En un segundo reportaje puso de manifiesto la situación de algunos de los emisarios, como el de Ciudad Jardín, que presentaba fugas a escasa distancia de la playa abierta al público. Por último, con la ayuda de los departamentos de Microbiología y Robótica de la UIB, descubrió que los vertidos de la depuradora de Palma eran la causa de la aparición de cianobacterias que impedían la función clorofílica de la posidonia en la bahía de la capital balear. 



En su resumen ejecutivo, el estudio de Tecnoambiente dedica una mención destacada a las seis plantas desalinizadoras de Baleares, que vierten al mar más de 15 millones de metros cúbicos de agua hipersalina. Los técnicos de la consultora contratada por el sector náutico admiten que la superficie de posidonia afectada por el funcionamiento de estas instalaciones (especialmente en los meses de verano, bajo condiciones anticiclónicas que impiden la difusión de la salmuera) «es difícil de calcular», aunque se atreven a estimar que en la zona del Torrent Gros podrían haber desaparecido 1,5 millones de metros cuadrados de fanerógramas por esta causa.



El informe se hace eco de diversos estudios científicos que demuestran el «impacto significativo» del fondeo, si bien sitúa el uso del ancla como la última de las amenazas en relación a todas las demás agresiones comentadas. Esta es la parte más controvertida del trabajo encargado por el sector náutico; no sólo por el sesgo que se le presupone y al que se han referido ya las asociaciones ecologistas más combativas contra el fondeo, sino por la metodología utilizada, la cual fue puesta en duda por una científica del IMEDEA en el transcurso de la presentación en la Cámara de Comercio



Joan Ramon Vidal reconoce que sus conclusiones se basan en «aproximaciones y escenarios hipotéticos en base a datos procedentes de diversas fuentes». Con todo, considera que, en el peor de los casos, los fondeos provocan la pérdida de unos 27.500 metros cuadrados anuales, lo que equivaldría a un 0,003% de la superficie total de esta planta en el litoral balear. «Para un escenario más realista, a partir de datos aportados por diversos medios de información, podríamos estimar unos 26.712 fondeos anuales sobre posidonia. Si este impacto lo duplicamos, en base a la afección del garreo y borneo, tendríamos un impacto anual que representaría un 0,00056% del total de la posidonia existente», afirma Tecnoambiente. Muy lejos de la enorme huella que el deficiente saneamiento del agua, responsabilidad directa de la administración autonómica, ha dejado en el mar balear y del que numerosos colectivos prefieren no hablar por tratarse de una verdad incómoda.