El tesoro de Al-Quir-Oga

Bermudo todavía no sabía cómo se había embarcado en este viaje, pero lo cierto es que bajaba con un levante bonacible toda la costa mallorquina con los cuatro tigres de Mompracem. Habían invitado a don Luis –un antiguo oficial de la Armada– a una parada naval en Palma y entre éste y Juan, el jefe del puerto, habían pensado que la goleta Arcángel sería el velero perfecto para engalanar con un pavés y saludar a las autoridades pero, ¡ay!, ellos iban por tierra, así que, como era verano, Bermudo formó una tripulación con Pedrete, Xavi, Mateo y Biel.

Y ahí estaban: 16 millas de Cap Pinar al Cap de Freu y 2 más hasta Cap de Pera, 4 hasta Cap Vermell y 5 hasta Punta Amer. El velero iba por la aleta con mayor, trinquete, trinquetilla y foque haciendo una buena media con una tripulación incansable, especialmente para Bermudo, que no se explicaba cuánta energía desarrollaban esos chicos. Tenía un plan para ellos a mitad de travesía pero no se veía llegando a la Colònia de Sant Jordi.



–¡A ver, chicos, sois peor que la chusma de una galera! Pedrete, a la mesa del navegante; Biel y Mateo coged el compás y tomad una marcación del Morro de sa Carabassa, Xavi apunta los datos.

12 millas hasta Porto Colom y 14 hasta Punta Salinas. Trasluchada controlando las escotas y las cabezas.

–Haremos noche en la Colònia y aprovecharemos para visitar a una conocida, María José, que hace tiempo que no veo.

–¡Uuuuh!, dijeron a coro los niños.

–Os voy a poner a limpiar la cubierta con un cepillo de dientes!



Fondearon cerca del muelle, destrincaron el chinchorro y lo botaron. En un momento estaban amarrados en la escalera y los chicos ya corrían por el puerto. María José se alegró de ver a Bermudo y les contó a los chicos que tuvieran cuidado pues se había visto el jabeque del temible pirata bereber Al-Quir-Oga cerca de Cabrera. Cenaron todos juntos y los chicos y se fueron quedando dormidos mientras Bermudo y María José charlaban. Traslado hasta el chinchorro y complicada maniobra para llegar a oscuras al Arcángel, amarrar y subir a los cuatro lirones hasta sus literas.



Al día siguiente y tras desayunar, Bermudo decidió hacer aguada. Para estar más tranquilo envió a los chicos a que inspeccionaran los tres islotes que cierran la playa de Es Carbó: Na Guardis, Na Moltona y Na Pelada.



–Montad las velas e id hasta la isla más grande, pero cuidado con los jabeques desconocidos, ¡sólo me faltaría que os secuestrara un pirata!



Mayor guaira y foque, uno a la caña, dos a las escotas y un serviola para vigilar el fondo y los barcos enemigos, que nunca se sabe. Na Guardis por babor, pasar cerca de la isla y seguir hasta Na Pelada, primer bordo, enfilar hasta el islote pequeño, repasar el calco que se ha hecho de la carta, un bordo más hacia la playa y directos a la pequeña playa de Na Moltona, levantar la orza, virada para emproarse y dos de los tigres saltan al agua para hacer firme el bote, levantar la pala del timón y varar la embarcación. Xavi, el más ligero, se encargó de arriar las velas. 



Los chicos bordearon la isla por la faja de vegetación baja hasta que descubrieron un caminito que circundaba los matorrales.



–¡Cuidado! dos velas latinas enormes doblan Salinas, ¡escondámonos!– gritó Pedrete.

Los niños se metieron en un pequeño claro, agazapados para no ser vistos por una pareja de barcas de bou nada amenazadoras.

–¿Nos habrán visto? Seguro que es Al-Quir-Oga, nos capturarán y tendremos que cargar con cadenas o nos atarán a los remos de por vida. 



El nerviosismo de los chavales se convierte en locura cuando Mateo señala una cruz hecha con piedras en el suelo. La tierra parecía removida bajo la señal. Desentierran una pequeña caja de madera, como para 6 botellas de vino. La abren y en su interior encuentran unas joyas y una hoja en francés firmada por un tal Louis de Miró.



No quitan el ojo al paso de las barcas de bou.  Cuando orzan y  comienzan a alejarse, los chicos corren entre las matas hasta la pequeña playa. Xavi sube al Chato y comienza a izar las velas, primero foque, luego mayor. Los demás empujan el barco, Pedrete se queda en la amura de estribor mientras Biel y Mateo suben, cazan las velas y calan la orza. Pedrete sube y salen como alma que lleva el diablo directos al muelle. No les da tiempo a bajar la pala del timón aunque da igual, todos sentados en la borda y a todo lo que da el bote.



Llegan hasta el Arcángel. Arribar, arribar, arribar; trasluchada, salto al través de babor y no cazar las velas para perder velocidad. Con el cabo de remolque en la mano Mateo sube a la goleta, hace firme el chinchorro y una avalancha de palabras dichas a la vez por los cuatro chicos dejan parado a Bermudo que ya llevaba media hora observándolos. Le enseñan las joyas y la hoja, señalan las barcas de bou, Na Moltona, la caja y Cabrera al mismo tiempo.



Bermudo, que no sabe francés, les traduce la carta:

«Fecha ilegible. Como resultado del ataque de un jabeque argelino mandado por Al-Quir-Oga, el comandante Villeneuve me ordena arriar la lancha y salir con dos marineros para salvar el tesoro de la condesa (ilegible). Entierro parte de las joyas en este islote y sigo la marcha hasta dar con la flota francesa del Mediterráneo. Louis de Miró, guardiamarina del escampavía Bucéfalo».



–¡Rápido, Bermudo, debemos salir en busca del guardiamarina!– dijo Pedrete.

La broma se estaba yendo de las manos. Bermudo tenía una tripulación presta a amotinarse para rastrear esa misma mañana todo el Mediterráneo occidental.

–A ver, chicos, no sabemos de cuando es la nota. Al-Quir-Oga lleva años actuando entre Argelia y Francia. Debemos partir hacia Palma y entregar este documento a las autoridades navales. Se lo daremos a don Luis que sabrá qué hacer y a quién llevárselo.

Izaron el chinchorro, lo desarmaron y trincaron sobre la lumbrera.



Ya en mar abierto Bermudo liberó de las guardias a los chicos que se pasaron el resto del día vigilando e identificando todos los barcos que vieron. Unas 8 millas de Colònia a Capocorb, de ahí a Cabo Blanco –apenas 2 millas– y entrada en la bahía de Palma. Ajustar las velas, llega el embat y directos al puerto de Palma, 12 millas más.